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La experiencia íntima de la enfermedad y del sufrimiento del Papa Francisco

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Cyprien Viet - publicado el 26/02/25
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La historia personal del Pontífice ha marcado su vida y su visión de la enfermedad, de la profesión médica y de los enfermos y los que sufren

La debilidad pulmonar del Papa es pública desde el inicio de su pontificado e incluso desde el cónclave de 2005. Desde entonces ha provocado repetidos brotes de enfermedad. Sin embargo, la información de que el Pontífice argentino tiene "un solo pulmón" es inexacta: en realidad tiene dos pulmones, pero se sometió a una operación importante a los 20 años para que le extirparan quistes del lóbulo del pulmón derecho.

En su reciente autobiografía Esperanza, el Papa evoca este doloroso recuerdo de agosto de 1957, en el contexto ya casi olvidado de la epidemia de gripe asiática "que causaría millones de muertos ese año en todo el mundo", recuerda. Enfermo como todos sus compañeros de seminario, Jorge Mario Bergoglio vio cómo su estado se deterioraba más que el de los demás. El médico del instituto, al que los seminaristas apodaban cruelmente "el Animal", no se tomó en serio su situación.

Salvado por una monja

Gracias a una decisión tardía del prefecto de estudios del seminario, el futuro Papa fue finalmente trasladado al Hospital Sirio Libanés de Buenos Aires.

"Pero mi supervivencia fue principalmente gracias a una monja", dice el Papa Francisco en este relato, rindiendo un vibrante homenaje a la monja dominica Cornelia Caraglio. Fue ella quien ordenó duplicar su dosis de antibióticos.

El especialista, convocado por la monja, "drenó un litro y medio de líquido de mis pulmones", cuenta el Papa en su autobiografía. Este procedimiento "inició una lenta e insegura remontada desde el borde entre la vida y la muerte. Para realizar la endoscopia a mis pulmones sin afectar a mi corazón, me llenaron de morfina: El mundo parecía distorsionado, la gente se convertía en miniatura; eso también fue una experiencia terrible, un aspecto de la pesadilla en la que había caído", cuenta Francisco.

"Mis compañeros venían del seminario a visitarme; algunos también me daban su sangre para transfusiones", prosigue el Papa, agradecido por esta solidaridad comunitaria. "Poco a poco las fiebres decidieron abandonarme, y la luz comenzó a volver".

Este incidente de salud supuso un importante punto de inflexión en la vida del futuro Papa. "Disfruté en el seminario, aunque lo abandoné. O mejor dicho, me sacaron del seminario: en camilla, a punto de morir", recuerda.

Tras su recuperación, Jorge Mario Bergoglio ingresó en la Compañía de Jesús al año siguiente, para un larguísimo período de formación que le llevaría a la ordenación sacerdotal en 1969 y a los votos perpetuos en 1973.

"Jesús compartió nuestro sufrimiento"

Esta experiencia juvenil modeló la reflexión del Papa Francisco sobre el sufrimiento. En su reciente mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero de 2025, el Papa Francisco destacó cómo "experimentamos la cercanía y la compasión de Dios, que en Jesús compartió nuestro sufrimiento humano. Dios no nos abandona y a menudo nos sorprende concediéndonos una fuerza que nunca habríamos esperado, y que nunca habríamos encontrado por nosotros mismos".

"La enfermedad, entonces, se convierte en ocasión de un encuentro transformador, el descubrimiento de una roca sólida a la que podemos aferrarnos en medio de las tempestades de la vida", dice el Papa.

Todo su mensaje está lleno de una visión positiva de la hospitalización como lugar de solidaridad y fraternidad.

"Con frecuencia, los lugares de sufrimiento son también lugares para compartir y enriquecerse mutuamente", añade. A través de todos los que participan en el cuidado, "descubrimos el amor", explica.

"Nos damos cuenta de que somos 'ángeles' de esperanza y mensajeros de Dios los unos para los otros, todos juntos: ya sean pacientes, médicos, enfermeras, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas, no importa dónde estemos, ya sea en la familia o en clínicas, residencias de ancianos, hospitales o centros médicos", añade Francisco.

Mensajes desde el hospital

Hace ahora algunos años, el Papa Francisco pronunció el Ángelus del 11 de julio de 2021, desde el hospital Gemelli, donde acababa de ser sometido a una importante operación de colon e intestino. El Papa exhortó a sus oyentes a "rezar por todos los enfermos, especialmente por los que se encuentran en las condiciones más difíciles: que nadie se quede solo, que todos reciban la unción de la escucha, de la cercanía, de la ternura y del cuidado".

Expresó su agradecimiento a los médicos, pero también su compasión por los niños enfermos que había conocido durante su hospitalización.

Esta experiencia del hospital como comunidad de vida se reflejó también, en cierta medida, en el comunicado del domingo sobre su estado de salud. Se afirmaba que, durante la mañana de ese domingo, en el apartamento de la 10ª planta del Gemelli, el Papa Francisco había "participado en la Santa Misa, con quienes le están cuidando durante estos días de hospitalización". Fue un modo, incluso en su sufrimiento y vulnerabilidad, de asumir su función pontificia en una dinámica de fe y gratitud hacia la profesión médica.

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