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¿Ya no es como antes? Cómo aceptar tu vida tras la pandemia

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Shutterstock | Marcos Mesa Sam Wordley
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¿Cómo afrontar los cambios vitales provocados por la crisis del covid-19?

Nuestras vidas se han visto alteradas por el covid-19, que nos impone todo tipo de cambios, a menudo muy preocupantes. ¿Cómo adaptarse a esta nueva realidad?

El cambio forma parte de la vida diaria: está en los niños que crecen y los padres que envejecen, en las obligaciones profesionales que implican transformaciones y mudanzas, en el acceso a un colegio desconocido, en el descubrimiento de una nueva profesión, en los problemas de salud que frenan súbitamente toda actividad, en el desempleo que impone una reducción del nivel de vida… El cambio está también, en un sentido más amplio, en la evolución del mundo que nos rodea, la transformación de las mentalidades, el progreso técnico, la modificación de los equilibrios mundiales, etc. En 2020, el mundo entero debe hacer frente al coronavirus y a las grandes perturbaciones y daños físicos, psíquicos y socioeconómicos que entraña: pérdida de un ser querido, pérdida del empleo, problemas de convivencia en el hogar, anulación de viajes y de otros proyectos personales. ¿Cómo afrontar estos cambios vitales?

Abrirse a una novedad imprevisible

La manera en que afrontar todos estos cambios dependerá sobre todo de nuestro carácter y nuestra historia personal. Algunos las aceptarán fácilmente, adaptándose al nuevo modo de vida, aceptando las dificultades concretas como desafíos que superar. Otros se resignarán a falta de una alternativa mejor, nerviosos ante la novedad, dándole vueltas a sus remordimientos, con la impresión de estar perdidos, de no encontrarse ya a sí mismos. Deberán desplegar una enorme cantidad de buena voluntad para domesticar su nuevo entorno.

Una dinámica de cambio exige conjugar dos criterios.

  1. El arraigo firme, pero no rígido, en el pasado.
  2. La aceptación de abrirse a una novedad imprevisible, al menos parcialmente. Como el árbol que solo extiende sus ramas hacia el futuro al mismo tiempo que empuja sus raíces hacia el pasado.

Pero ¿cómo se abre uno al cambio? ¿Cómo recibirlo sin rigidez ni mal humor, incluso cuando perturba nuestros proyectos o nos arranca aquello que estimamos? Considerándolo como una prueba, una oportunidad que nos da Dios para avanzar, un llamamiento similar al que dirigió a Abraham: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré” (Gn 12,1).

Cuando nos veamos obligados a cambiar nuestros métodos de trabajo o a modificar nuestro programa de vacaciones, a cambiar de profesión, a aceptar un infortunio o sufrir la muerte de un ser querido, pensemos que Dios nos dice: “Deja el país de tus proyectos, de tus puntos de referencia y de tus recuerdos. ¡Ven y sígueme!”. 

Christine Ponsard

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