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No te cases sin haberte hecho estas tres preguntas

DEMANDE EN MARIAGE
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Antes de tomar cualquier decisión en un campo tan serio y delicado como el compromiso para toda una vida, pregunta a tu cuerpo, a tu corazón y a tu cabeza

La cabeza, en nuestra organización interna, debe comportarse como el jefe de una empresa. El jefe es el que toma la decisión última. Pero si es un buen jefe, consultará a sus subordinados. Tomar una decisión en solitario es signo de no saber mandar. Y también son malos jefes los que dejan que sus subordinados hagan lo que quieren.

¿Qué dice mi cuerpo?

El jefe comienza interrogando al encargado de los asuntos materiales: su papel es muy esencial, pero no tiene una visión de conjunto. Por lo tanto, hay que tenerle muy en cuenta, de lo contrario, todo el edificio corre el riesgo de incendiarse o de hundirse, y nadie podrá reaccionar. Este encargado es el cuerpo.

¿Qué dice mi cuerpo cuando está en contacto con esta persona? ¿Está contento o no? Debes estar atento a sus reacciones. Por mucho que tengas que darle órdenes, tienes que tener en cuenta lo que dice. Dado que el matrimonio es una aventura espiritual que se hace carne, la opinión del cuerpo es capital. Si el cuerpo está feliz: él (o ella) me gusta, estoy feliz con él (o ella), me siento bien, etc., podemos ir al piso superior. Si no es así, ten cuidado.

¿Qué dice mi corazón?

El jefe debe después interrogar al encargado que lleva los asuntos sentimentales. Este es el corazón. Su opinión no es menos importante. Sería muy lamentable no tenerlo en cuenta, porque es él quien decidirá la pregunta decisiva: ¿lo amo?

Por mucho que no sea necesario dejar que el corazón decida por sí solo, porque tiene una gran capacidad para entusiasmarse y cegarse, no se puede hacer mucho sin él. No puedes comprometerte a vivir con alguien sin amarlo, todos estarán de acuerdo. Y para que tu corazón pueda medir el desafío e informar a la cabeza, es necesario que él sea muy prudente.

Por lo tanto, cada uno debe conocerse para no sacar conclusiones falsas de lo que dice su corazón. El sentimental no reaccionará como el inseguro. Quien, por el momento, necesita una madre más que una esposa, no reaccionará como el solitario que huye de todo el mundo. El que se sonroja a simple vista no reaccionará como el que se enamora cada dos días.

Hay toda una educación de tu corazón que es necesario hacer y que uno no puede hacer solo. Si el corazón está de acuerdo, podemos seguir adelante. Pero nada está aún ganado.

¿Qué dice mi cabeza?

Todavía hay otra prueba a pasar, y es la de la cabeza. El hombre es una criatura dotada de razón, capaz de comprender las situaciones, de discernir lo que es bueno o malo para él a la luz de lo que le dice la experiencia, el Evangelio, la prudencia, etc.

El hombre razonable constata que a su alrededor no todo funciona como debiera. Ve cómo otras familias fracasan, y no desea fracasar igualmente. Por lo tanto, intentará poner el máximo de oportunidades de su lado. ¡Y es bueno!

Antes de comprometerte, debes hacerte una serie de preguntas fundamentales y no hacer oídos sordos si la respuesta no te gusta. No detallaré aquí la lista de todas las preguntas posibles, que cada uno haga su lista; pero por dar uno o dos ejemplos, me parece muy imprudente casarse con alguien cuyas creencias religiosas no conoces.

No sonrías, conozco a muchas parejas que no abordaron el problema, ni antes ni durante el noviazgo. Sin embargo, sabemos que el matrimonio es sobre todo una aventura espiritual. Solo se mantiene si está arraigado en convicciones religiosas, respaldadas por ritos, expresadas en un lenguaje común. Debe tener un objetivo que vaya mas allá de la mera gestión de la vida cotidiana. Y para los católicos, es Cristo, a quien Juan Bautista llama «el esposo», que asegura la solidez del vínculo conyugal. Fuera de Él, nadie puede mantenerse firme.

En el caso que haya una divergencia tan grande que corra el riesgo de volverse rápidamente insuperable, la cabeza debe medir si es prudente comprometerse. Quizás sea mejor notarlo a tiempo y no seguir adelante. Incluso si es doloroso, es mejor romper en lugar de comprometerse en un camino de disputas predecibles, y de desgarrarse hasta el punto de no querer seguir juntos.

¡No tengas vergüenza de ser razonable!

Otro tema, el entorno social y cultural. Aquí, la experiencia confirma que es muy imprudente comprometerse sin haber hecho esa pregunta. Es cierto que hay varias respuestas posibles, pero no hablar de ellas puede provocar un sufrimiento que no podremos decir que no habían sido previsible.

Cuando dos personas de orígenes culturales demasiado diferentes se unen, ¿quién impondrá al otro su marca? ¿Y cómo el otro aceptará esto? Al principio, siempre decimos que el amor será más fuerte y que nos respetaremos mutuamente. ¡Si fuera tan sencillo, no haríamos novelas!

Por lo tanto, hay una gran cantidad de criterios objetivos que deben ser examinados. Es el papel de la razón. Es la cabeza la que dirá: ¿es razonable casarse con esta persona dado lo que siente mi cuerpo, lo que me dice mi corazón, y lo que constato con mi cabeza, sobre su carácter, su situación, su lenguaje, su actitud hacia el dinero, sus lazos familiares, su visión del futuro, su deseo de tener hijos, sus convicciones religiosas, etc.?

Si el candidato o candidata ha pasado bien todas estas pruebas, si uno esta listo para decir el gran sí, hay que hacer una última verificación que es indispensable: ¡ver si la otra persona ha hecho el mismo proceso! Porque se necesitan dos para casarse … y que los dos lleguen a las mismas conclusiones.

Si es así, entonces tienes la respuesta a tu pregunta: es él, es ella, eres tú.

Y no creas que lo que decimos aquí es como rellenar un cuestionario. Todo es a la vez más simple y más confuso. Pero si confías en el Señor y en los verdaderos amigos, todo irá bien. Tienes que ser como una casa ordenada, con un jefe que mande y encargados que desempeñen su papel en su lugar. ¡La razón es la que debe proteger la casa!

Hermano Alain Quilici

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