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Haz como san Pablo: ¡déjate transformar por Dios!

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Renata Sedmakova | Shutterstock

Ks. Piotr Ślęczka SDS - publicado el 26/03/24

Pablo, por voluntad de Dios Padre, recibió la gracia especial de encontrarse con Jesús resucitado cerca de Damasco en la primera mitad de los años treinta

Es difícil imaginar la Iglesia sin la vocación y la misión de san Pablo de Tarso. Aunque Pablo no se encontró con Jesús predicando el Evangelio en las aldeas y ciudades de Palestina, por voluntad de Dios Padre, recibió la gracia especial de encontrarse con Jesús resucitado cerca de Damasco en la primera mitad de los años treinta.

El nuevo nacimiento de Pablo

Fue allí, a pesar de ser un “aborto”, donde Dios le colocó en la misma línea que los grandes apóstoles. En su Primera Carta a los Corintios, afirma primero las apariciones del Resucitado a Cefas, a los Doce, a los quinientos hermanos y a Santiago, y luego añade:

“Y finalmente se me apareció a mí, el último de todos, como un feto abortado. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, indigno incluso de ser llamado apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios” (1 Co 15,8-9)1.

¿En qué consistía, en esencia, ese nuevo nacimiento de Pablo? No había dejado de creer en el Dios Único, el Dios del pueblo elegido y, por tanto, de la tribu de Benjamín. No rechazaba las Sagradas Escrituras de sus padres: seguiría leyéndolas y explicándolas en las sinagogas judías.

La imagen de Dios ha desaparecido

Sin duda, en Damasco, Pablo pasó de ser un fariseo que defendía a Dios y a los judíos contra Jesús de Nazaret, a ser un defensor de Dios contra los judíos que desafiaban las palabras dirigidas a Jesús tras su bautismo en el Jordán: “Tú eres mi Hijo amado, me complazco en ti” (Mc 1,11).

Antes de Damasco, todo le decía a Pablo que ya había encontrado la verdad, tanto con su intelecto como con su corazón y su voluntad, es decir, su apego a las tradiciones de los padres. Solo en Damasco brilló Dios en el corazón de Pablo, de modo que en él “resplandeció el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Jesucristo” (2 Co 4,6).

¿Tenía Dios Padre que llegar tan lejos y podía exigir -especialmente a los judíos- que creyeran en Jesús como Dios? Y sin embargo, creyeron.

San Pablo, pastor y teólogo

La transformación de Pablo en Damasco y, más tarde, toda su misión como predicador del Evangelio, tuvieron lugar durante la Iglesia pascual, una Iglesia que vivía el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

La misión de Pablo estuvo vinculada a la fundación de nuevas Iglesias, nacidas principalmente de gentiles “temerosos de Dios”, interesados por el judaísmo, y de gentiles que no conocían en absoluto el judaísmo.

Al fundar nuevas comunidades, Pablo se responsabilizó de ellas como un pastor diligente, volvió a ellas y las fortaleció con sus cartas.

Una particular dotación intelectual combinada con la obra de la gracia hizo que Pablo, no solo fuera un pastor -el que lleva al Bautismo y da el don del Espíritu Santo-, sino que desde el principio fue también un teólogo que reflexionaba sobre la naturaleza de esta nueva comunidad de fe.

En el itinerario de la vocación de san Pablo, descrito en los Hechos de los Apóstoles y también en sus escritos, encontramos perlas inestimables en las que resplandece la verdad de la Iglesia: una comunidad animada por la fuerza del Espíritu Santo, reunida en torno a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, una comunidad que reconoce la Cruz de Jesús como el único camino para liberar al hombre del pecado y de la muerte.

La comunidad de la Iglesia que formamos hoy es la misma a la que pertenecía san Pablo y que él organizó.

Resistencia al Evangelio

En su misión de predicador del Evangelio, Pablo encontró una fuerte resistencia por parte de la mayoría de sus compatriotas, que consideraban a los cristianos una nueva secta que amenazaba la pureza de la fe de Israel.

Pablo experimentó repetidamente la persecución de sus compatriotas, a veces llevada a cabo a manos de paganos hábilmente incitados contra los cristianos. Un hecho sigue sorprendiéndonos en estas persecuciones de la joven Iglesia: las persecuciones fortalecieron a los creyentes y la Iglesia se extendió a nuevos territorios gracias a ellas.

Sin duda, un discípulo de Jesús se encuentra hoy con situaciones en las que está llamado a dar testimonio de su fe en Cristo. Puede perder algo, a menudo mucho, cuando reconoce a su Maestro y su Evangelio.

El camino de san Pablo nos permite ver cómo el mismo Señor Jesús conduce al discípulo hacia una mayor libertad de corazón, cómo le hace pasar por la etapa de experimentar su propia debilidad, para que al final, encuentre su fundamento en el poder que viene de Dios.

Este artículo contiene un extracto del libro “San Pablo. El misterio de Damasco. Un retiro de lectio divina”.

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