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Periodista y predicadora, enfrentó el dolor para perdonar

dolor y perdón

Mónica Muñoz | Aleteia

Mónica Muñoz - publicado el 04/03/24

Un testimonio compartido que ha marcado a muchas personas por la experiencia de dolor, que sirvió a su protagonista para aprender a perdonar al causante

Rosa María Ordaz da su testimonio con naturalidad. Ahora, comparte con el auditorio lo que sucedió a su familia, cuando ella había decidido dedicar su vida a Dios, mediante su carrera de periodismo. Nunca pensó que el dolor sería la prueba de fuego que le afianzaría en su decisión.

Una madre ejemplar

Desde los ocho años, Rosa María comenzó a trabajar para ayudar a su madre, que quedó viuda y con seis hijos. Salían a vender gelatinas para mantenerse. No fue fácil, sin embargo, su mamá, una mujer de fe, siempre separaba una parte del dinero ganado para la Ciudad del Niño “Don Bosco”, ejemplo que dejó huella profunda en ella, pues cuando pudo hacerlo, se dedicó también al trabajo voluntario con enfermos.

Después de algunos años, entró a trabajar en una empresa dedicada a la moda del calzado en su natal León, Guanajuato. Tenía un magnífico puesto y un excelente sueldo. Sin embargo, no se sentía satisfecha.

Roma y el dolor

Después de vender todas sus posesiones, por gracia de Dios, se fue a Roma a estudiar periodismo, pues deseaba dedicarse enteramente al servicio del Señor. “No fue capricho, después de seis meses de ponerlo en oración, pues los planes de estudio de ninguna universidad me llenaba, Dios me fue confirmando que me quería en Roma”.

Estando allá, le dieron la noticia de que acababa de fallecer su hermano. Un autobús lo había aventado, muriendo instantáneamente. Rosa María cuenta que lloraba y gritaba, preguntando a Dios ¿por qué? si había dejado todo por Él, y se negaba a creerlo, pues su hermano tenía 33 años.

“Yo no lo aceptaba”, comenta, pues estaba muy enojada. Lloró toda la noche. Pero tuvo una visión: Jesús en el huerto que sufrió solo.

Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Regreso a México

Lo maravilloso pasó después. Le pidió a Dios que quería ir a despedirse de su hermano, y de corazón, le dijo “pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. A las siete de la mañana una empresaria le llamó para darle el pésame y pagarle su boleto a México. En el trayecto le pasaron muchos eventos que le confirmaron que Dios estaba con ella.

Antes de volver a Roma, pues estaba en exámenes, reunió a su familia y oraron para perdonar al chofer y al dueño de la línea de autobuses.

Sin embargo, el duelo no le permitía estudiar. Nuevamente le llamaron para decirle que la familia había perdido la querella legal por cuestiones de poder. Otra vez oraba a Dios por justicia, sin embargo, luego de orar más, pudo sentir misericordia y perdonar, pero el Señor le pediría algo más grande.

Perdón

Abrazo de paz

De nueva cuenta, surgió un bienhechor para que ella volviera a México, porque Dios le estaba diciendo que tenía que ir a perdonar al chofer. Una amiga le proporcionó lo necesario para cubrir los gastos que significaba ir a buscarlo y darle un abrazo. Después de muchas muestras de la mano de Dios, llegó al pueblo, que estaba metido en la sierra.

Por obra de Dios, llegó al lugar; tocó a la puerta de la casa, abrió la mamá del muchacho, un menor de edad. Ella se presentó y le dijo a qué iba. La mujer soltó en llanto, no podía creer lo que oía, ¡Dios los perdonaba! Su hijo no podía dormir, no era el mismo desde el accidente.

Se abrazaron, ella, la madre, los hijos, el joven. “Lloramos, oramos y nos perdonamos”, narra con emoción.

La ofrenda del perdón

La madre del chico, entonces, le pidió que aceptara un presente para que lo llevara a su mamá, a su cuñada y sus hermanos. “¡Dígales que nos perdonen!” Habían tenido una cosecha hermosa y abundante. Le dio dos costales con elotes. Rosa María volvió con su familia, les contó lo que había ocurrido y todos lloraron con una enorme paz en su alma.

Después, dice, “esa noche, cocimos los elotes y cenamos elotes, desayunamos elotes, comimos elotes, cenamos elotes… No queríamos comer nada más que elotes”. “Era un mensaje y un símbolo de que habíamos consumado la voluntad de Dios”.

Esta es la esencia de su testimonio: unirse al dolor de Cristo en la cruz para purificarse y después, perdonar por amor a Dios.

Rosa María Ordaz escribió para Aleteia algunos artículos, es conferencista y conductora de Testigos de la Verdad en el canal Mundo Católico TV.

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