Los padres de un niño melancólico pueden temer que algo vaya mal con su hijo. Por eso es importante entender su temperamento para averiguar qué necesitan realmente.
Nuestra sociedad tiende a premiar a los extrovertidos, pragmáticos y ambiciosos. Incluso en el colegio, los niños "populares" son aquellos a los que les gustan las fiestas y siempre están rodeados de otras personas. Encuentran su energía y su alegría en el contacto con los demás. Un niño melancólico, en cambio, es un introvertido al que le gusta quedarse en un lugar tranquilo para pensar, leer o pintar.
Aunque les encanta la gente, los niños melancólicos necesitan sobre todo silencio y espacio para recargar las pilas. Les gusta pasar el tiempo meditando sobre el sentido de la existencia, sobre su vida, contemplando la Belleza… Sin embargo, los padres a menudo se preguntan si su hijo melancólico está simplemente triste o deprimido.









