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Vivir una Navidad inolvidable, con santa Teresa de Ávila

Niño Jesús

Leemage via AFP

Detalle de la Virgen de las Sombras, de Fra Angelico, convento de San Marcos en Florencia.

Matilde Latorre - publicado el 15/12/22

Al contemplar las lágrimas de Dios hecho niño, para enjugar las nuestras, una de las más grandes contemplativas y místicas de la historia explicó con sus villancicos el motivo por el que nuestros abuelos nos deseaban en Navidad: "¡Felices Pascuas!". Te sorprenderá.

¿Cómo viviría esta Navidad una de las más grandes místicas de todos los tiempos, santa Teresa de Ávila (1515-1582)?

Para la doctora de la Iglesia, Navidad es contemplar a Dios hecho niño, que lloró al nacer para enjugar nuestras lágrimas y pecados con su misericordia.

Ocho villancicos

Su contemplación de «la divina Humanidad de Cristo» la dejó recogida en sus poco conocidos «villancicos», poesías navideñas de las cuales nos han llegado ocho. 

Se inspiran en los episodios de los Evangelios sobre la infancia de Jesús: el nacimiento, los pastores, la circuncisión, la visita de los Reyes… El resultado es una curiosa amalgama de alegría festiva y profundidad sentida.

Alegría festiva, pues a santa Teresa le encantaban las festividades navideñas. Los testigos de la época cuentan que, cuando cantaba, la santa desentonaba. Sin embargo, en Navidad, y solo en Navidad, por su alegría, su voz se convertía en melodiosa. 

La profundidad sentida de sus villancicos hay que descubrirla en el momento mismo de su conversión, que tuvo lugar a los 39 años (en 1554), después de vivir veinte como religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación de Ávila, según ella, de manera mediocre. 

En el origen, su conversión

Todo cambió cuando un día contemplaba imagen de Jesús en el momento de su Pasión, un Ecce Homo

Ese día comprendió lo que Cristo padeció por nosotros suplicios inenarrables. Al ver su sufrimiento, su corazón quedó traspasado. Ese día decidió corresponder totalmente a su amor. Ahí comenzaría todo para ella, cambiando la historia de la Iglesia. 

Esa experiencia tan intensa la vivía también en el misterio de la Navidad, que para ella estaba íntimamente ligado al misterio de la pasión y muerte de Jesús, la Pascua.

Presenta al recién nacido, en sus villancicos, como el «Cordero» que se ofrece al Padre, para quitar el pecado del mundo, y con él quitar las penas que asolan a la humanidad. 

Para Teresa la Navidad no era el recuerdo de algo que había sucedido cientos de años antes: era una verdadera vivencia. Teresa revive en la liturgia el anuncio del ángel «ha nacido HOY, en la ciudad de David, un Salvador» (Lucas 2, 11). 

Teresa de Jesús y navidad
Ilustración de Carmelo Teresa Juan

Felices Pascuas

Eso explica por qué motivo, en sus cartas, le gustaba tanto felicitar a los demás con el deseo tradicional de muchas regiones de habla hispana: «¡Felices Pascuas!».

Ese saludo ancestral recogía la enseñanza de Teresa de Ávila sobre la Navidad, que conduce siempre a la Pascua, y no se entiende, en todas sus consecuencias, sino desde la culminación vital de la Pascua.

Pero, dejémonos de comentarios, y dejemos que sea ella misma quien nos lo cuente, en este villancico titulado «Sangre en la tierra».

SANGRE EN LA TIERRA

Este niño viene llorando,

mírale, Gil, que te está llamando.

Vino del cielo a la tierra

para quitar nuestra guerra.

Ya comienza la pelea,

su sangre está derramando:

mírale, Gil, que te está llamando.

Fue tan grande el amorío,

que no es mucho estar llorando.

Que comienza a tener brío,

habiendo de estar mandando:

mírale, Gil, que te está llamando.

Caro nos ha de costar,

pues comienza tan temprano

a su sangre derramar:

habremos de estar llorando.

Mírale, Gil, que te está llamando.

No viniera él a morir,

pues podía estarse en su nido.

—¿No ves, Gil, que si ha venido,

es como león bramando?

Mírale, Gil, que te está llamando.

Dime, Pascual: ¿Qué me quieres,

que tantos gritos me das?

—Que le ames, pues te quiere,

y por ti está tiritando.

Mírale, Gil, que te está llamando.

Otros villancicos de Santa Teresa de Ávila aquí en El Copo y la Rueca

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DeClausuraespañaliteraturanavidadTeresa de Ávila
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