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«El peor ataque a la familia surge del propio egoísmo»

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Jaime Septién - publicado el 17/11/22

Entrevista al cineasta y productor Juan Manuel Cotelo

El sentido de la película española Tengamos la fiesta en paz es, a la vez, muy sencillo y extremadamente complejo. Lo explica su director, Juan Manuel Cotelo: «Queremos ayudar a que las familias se quieran más». Una tarea difícil en un mundo que privilegia el individualismo, la libertad sin compromisos y el «amor» sin sacrificio ni dolor alguno.

Este 1 de diciembre, la película, que ha tenido en España y en otros países un éxito rotundo (lo cual demuestra que el cine bien hecho todavía tiene cabida en los corazones de la gente), se estrena en México, Paraguay, Puerto Rico, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. El 8 de diciembre en Perú y por Navidad en Colombia, Uruguay y Nicaragua.

Se trata del quinto largometraje de la productora y distribuidora INFINITO + 1, con sede en Valencia (España), que ha logrado estrenar sus películas en 39 países, además de ser adquiridas por NETFLIX, tras haberse financiado gracias a co-productores particulares y a exitosas campañas internacionales de «crowdfunding».

TENGAMOS

Escrita y dirigida por Juan Manuel Cotelo, producida por su esposa Simona Puscas, con música compuesta por Luis Mas e interpretada por niños sin experiencia profesional previa, junto a profesionales del prestigio de Mamen García, Teresa Ferrer, Carlos Aguillo, Santi Rodríguez y el propio Juan Manuel Cotelo ya prepara su doblaje al inglés y alemán, para su próximo estreno en Estados Unidos, Alemania, Austria y Suiza.

Juan Manuel, G. K. Chesterton decía que quienes atacan a la familia no saben lo que hacen porque no saben lo que deshacen. ¿Tú así lo consideras?

Juan Manuel Cotelo: Es evidente que hay ataques tremendos y descarados a la familia, desde la política y los medios de comunicación. Son ataques disfrazados de bondad, de libertad, incluso de amor. Pero con una carga destructiva enorme, en la práctica. Sin embargo, prefiero concentrar mis esfuerzos en descubrir cómo puedo amar más y mejor a mi esposa, a mis hijas, a mi madre y hermanos, a mis suegros… sin detenerme demasiado en quejarme de esos ataques externos a la familia.

TENGAMOS

¿Cuál piensas tú que es el “peor” ataque que sufre la familia?

El peor ataque a la familia surge del propio egoísmo. Podríamos teorizar mucho sobre la familia, sobre el amor… y aunque la teoría fuera correcta, no basta, pues nos jugamos la verdad sobre nuestra propia familia en los actos concretos de servicio que practicamos cada uno en nuestro propio hogar. Por eso, en lugar de pensar en quienes atacan a la familia, procuro pensar en cómo amar a mi familia, hoy.

«Tengamos la fiesta en paz» es una frase interesante porque la alegría de una fiesta –que es la alegría de la familia humana– requiere del acuerdo, del diálogo, de la negociación, del sacrificio. ¿En tu película, cómo planteas esta que podríamos llamar «escuela de paz» que es la familia?

Un escritor del siglo IV dijo algo muy sabio: «Si deseas la paz, prepárate para la guerra». En cualquier familia, si deseamos alcanzar la paz, hemos de plantear una guerra sin tregua contra el propio egoísmo. La unidad familiar no se alcanza por buena suerte, ni se rompe por mala suerte. La unidad familiar se logra gracias a pequeños actos de servicios diarios: escuchar, compartir comidas y diversión sin presencia de teléfonos o pantallas, luchar por conquistar objetivos preciosos, comunes, perdonar y pedir perdón constantemente, servir al más necesitado, rezar juntos, sufrir juntos, celebrar juntos… Todo eso refuerza la unidad familiar, día a día.

Hay quien argumenta que “ya es suficiente sacrificio” vivir bajo el mismo techo…

No, desde luego no basta con vivir bajo el mismo techo. Es darse a los demás, sacrificarse por los demás. Y el premio de esos sacrificios diarios, constantes, es la unidad familiar. No hay ruptura familiar, nunca, si en la familia reina el espíritu de servicio. Y si aprendemos a servirnos en casa, lo normal es que sigamos sirviendo a los demás al salir a la calle.

Estar a favor de la vida y la familia ha pasado a ser un eslogan que se repite muchas veces sin haber pasado por el crisol de la práctica. Tú denuncias esta paradoja y requieres activistas. ¿Qué significa, en la práctica cotidiana, ser activista por la familia y por la vida?

En primer lugar, ser activista del amor en el propio hogar. Atrevernos a responder a la pregunta individual: ¿qué he hecho hoy, en concreto hoy, por mi familia, por mi esposa, por mi marido, por mis hijos, por mis padres, por mis hermanos? La pregunta exige una respuesta concreta, manifestada en hechos. Sin esos hechos, podemos ser perfectos teóricos del amor, pero no somos activistas verdaderos. Pero además, también hemos de defender a la familia fuera de nuestra casa. Los enemigos de la unidad familiar son muy activos socialmente, ponen en marcha iniciativas concretas de comunicación, de educación, económicas, de sanidad, de legislación. Quienes amamos a la familia… ¿podemos limitarnos a quejarnos, a disgustarnos…? No, no podemos.

Si la familia es “Iglesia doméstica”, ¿también podemos pedir, “una familia en salida”?

Claro. Hemos de tener iniciativas en la comunicación, en la educación, en la sanidad y en la vida política. Salir de nuestra zona de confort, sin conformarnos con proteger nuestro propio hogar. Un ejemplo: no basta con estar a favor de la vida, tener hijos y educarlos. Hemos de combatir contra las leyes perversas de educación, contra las leyes que fomentan la muerte de niños y ancianos, contra los mensajes que nos llegan a través de los medios. Hemos de combatir con grandes dosis de fortaleza y de alegría, para defender a los más atacados: los niños, los enfermos, los pobres. Aquellos que no pueden defenderse por sí mismos.

Los retos éticos y morales de esta época exigen de cada persona una actitud comprometida con el bien de la sociedad, no basta con el círculo pequeño de cada hogar, aunque sea el más importante. El verdadero progreso social siempre sucede gracias a personas que dan la vida por los demás, sin conformarse con su propio bienestar.

En muchos lados parecería que «lo inteligente» es estar contra las instituciones «del pasado». La primera de ellas, según el individualismo contemporáneo, es la familia. ¿Cómo explicas en tu película que solo lo que tiene raíces puede elevarse hasta el cielo?

El mensaje de la película es muy sencillo, porque no procede de teóricos intelectuales, sino de la visión sencilla y pura de los niños. El amor no se explica, el amor se vive. Todos los niños del mundo desean lo mismo de sus padres: que se amen. Y todas las personas del mundo desean que los amores perduren para siempre. Cada ruptura amorosa es la historia de una herida dolorosa. La buena noticia es que podemos amarnos para toda la vida, no es una utopía. De hecho, todos conocemos a personas que se han amado toda la vida, superando las dificultades que atravesaron en el camino.

TENGAMOS

Hay una idea equivocada del amor cuando se plantea como pura felicidad sin obligación, ¿no te parece?

Amar es una tarea sacrificada. Todo lo hermoso, todo lo bueno, todo lo grande, exige sacrificio. Que algo requiere sacrificio no es una mala noticia. Las cimas más altas se conquistan con sacrificio. La unidad familiar es el tesoro más grande que hemos de proteger y conquistar en cada familia.

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