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Vía Crucis, el Papa:  ¡Señor, haz que los adversarios se den la mano!

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Antoine Mekary | ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 15/04/22

Viernes Santo, el eco de las voces de dolor de las familias y de su anhelo de ser esperanza y refugio para sus miembros, en una vuelta del Vía Crucis al Coliseo de Roma después de dos años de pandemia y, ahora, con el fondo de una guerra ad portas de Europa, y otras más en el mundo, violencia y desazón que golpea a millones de familias.

“Señor, convierte nuestros corazones rebeldes a tu corazón, para que aprendamos a seguir proyectos de paz; haz que los adversarios se den la mano, para que gusten del perdón recíproco; desarma la mano alzada del hermano contra el hermano, para que donde haya odio florezca la concordia”, rezó hoy el Papa Francisco. 

A las 21:15 horas de esta noche, Viernes Santo, 15 de abril de 2022, el papa Francisco presidió el piadoso rito del Vía Crucis en el Coliseo de Roma, transmitido a nivel mundial. 

El rito que recuerda la Pasión de Jesús ha vuelto al Coliseo tras dos años de pandemia y se realizó ante la presencia de una multitud de fieles con velas rojas en las manos y con la tradicional procesión. 

Los textos de las meditaciones y las oraciones propuestas este año para el Vía Crucis del Viernes Santo se confiaron a varias familias vinculadas a comunidades y asociaciones católicas de voluntariado y asistencia.

En el marco del año dedicado a la familia, en el que la Iglesia celebra el quinto aniversario de la exhortación apostólica «Amoris Laetitia”, las familias llevaron siempre la cruz entre una estación y otra. 

Estación XII: cambio de programa

Cabe destacar un cambio de programa en el texto original de la estación XIII, que recuerda la muerte de Jesús en la Cruz. En ésta, dos jóvenes mujeres, Irina de Ucrania y Albina de Rusia, representaron a las familias de ambos países que sufren por la guerra. Pero, no se escuchó el texto preparado, probablemente por toda la polémica desatada por autoridades civiles y religiosas ucranianas que consideraban «poco oportuno» que la cruz fuera llevada también por una ciudadana rusa. 

Así, desde el Vaticano, se justificó el cambio del texto, autorizado por el Papa Francisco: «Ante la muerte, el silencio es más elocuente que las palabras. Por lo tanto, hagamos una pausa en el silencio orante, y que cada uno de nosotros rece en su corazón por la paz en el mundo”. Se trata de un cambio intencionado, limitando el texto al mínimo para apoyarse en el silencio y la oración, informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni. 

El Coliseo lució como un personaje más de las estaciones; lugar emblemático de esta tradición que hacía falta a los fieles, sus corredores rodeados por velas marcando el sendero y la gran Cruz iluminada. 

Estuvieron presentes alrededor de 10.000 personas, según la Santa Sede.

El camino de la Cruz corrió a cargo de familias en diversas situaciones: familia numerosa, en misión, con un hijo con discapacidad, con la madre enferma, una familia ucraniana y una familia rusa, y una familia de migrantes, entre otros núcleos representados para mantener viva la memoria de las catorce estaciones que recuerdan la Muerte del Señor. 

El Vía Crucis en el Coliseo después de dos años

En 1870, el rito se ha dejado de realizar y en 1929 se volvió a poner la cruz al lado de la arena. En 2021, el papa Francisco lo realizó en el parvis de la Basílica de San Pedro a causa de la pandemia. 

Juan XXIII volvió a celebrar el Via Crucis en el anfiteatro en 1959. Pero no lo repitió más. Sucesivamente, Pablo VI en 1964 volvió a realizar la ceremonia en el Coliseo durante el Viernes Santo. Así, sucesivamente Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, con la excepción del 10.04.2020 y el 02.04.2021 en plaza de San Pedro, sin fieles por la peor pandemia del siglo reciente. 

Las familias protagonistas 

Los escritos del Via Crucis, hablaron del sufrimiento, del dolor de las familias y de los niños no nacidos, de los sueños rotos de los esposos, de la guerra y el conflicto en los hogares. 

Una familia con una madre enferma narró su dolor: “Una mañana como tantas mi mujer se desmayó dos veces. La carrera al hospital y el descubrimiento de una enfermedad que en su cabeza ya estaba insinuando el veneno. […]Desnuda, indefensa, crucificada. Y yo con ella. A través de esta enfermedad, con esta cruz, nos convertimos en el pilar donde los hijos saben que pueden apoyarse”.

La minimalista procesión se movió siguiendo cada estación, como pisando el cuadrante de un reloj que contaba regresivamente la Pasión del Señor; el sacrificio de un inocente hasta sumergirse poco a poco en el misterio de las 14 estaciones que concluían así: “El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro”. 

Así fue la oración final

Al final, el papa Francisco ha realizado una oración:  

Padre misericordioso, que haces salir el sol sobre buenos y malos, no abandones la obra de tus manos, por la que no dudaste en entregar a tu único Hijo, que nació de la Virgen, fue crucificado bajo Poncio Pilato, murió y fue sepultado en las entrañas de la tierra, resucitó de entre los muertos al tercer día, se apareció a María Magdalena, a Pedro, a los demás apóstoles y discípulos, y siempre está vivo en la santa Iglesia, que es su Cuerpo viviente en el mundo. Mantén encendida en nuestras familias la lámpara del Evangelio, que ilumina alegrías y dolores, cansancios y esperanzas; que cada casa refleje el rostro de la Iglesia, cuya ley suprema es el amor. Por la efusión de tu Espíritu, ayúdanos a despojarnos del hombre viejo, corrompido por pasiones engañosas, y revístenos del hombre nuevo, creado según la justicia y la santidad. Tómanos de la mano, como un Padre, para que no nos alejemos de Ti; convierte nuestros corazones rebeldes a tu corazón, para que aprendamos a seguir proyectos de paz; haz que los adversarios se den la mano, para que gusten del perdón recíproco; desarma la mano alzada del hermano contra el hermano, para que donde haya odio florezca la concordia. Haz que no nos comportemos como enemigos de la cruz de Cristo, para que participemos en la gloria de su resurrección. Él, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. R/. Amén.

Por último, el Papa ha impartido su bendición apostólica. La gente aplaudió y muchos se abrazaron. El Papa saludó a los prelados que le acompañaron en la celebración, así como a otros fieles enfermos presentes. El Coro de la Capilla Sixtina acompañó todo el tiempo el rito con sus voces. 

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