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25 años del suicidio colectivo de la secta Puerta del Cielo: un cóctel de New Age, extraterrestres e Internet

MAS SUICIDE

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Luis Santamaría - publicado el 26/03/22

El 26 de marzo de 1997, el mundo asistió conmocionado al hallazgo de 39 cadáveres de los adeptos de una secta en EE.UU. Se habían suicidado para irse en una nave espacial

Fue la penúltima de las grandes masacres protagonizadas por sectas en la década de los 90, después de lo sucedido con los davidianos en Waco (Texas) en 1993 y con la Orden del Templo Solar en Francia, Suiza y Canadá entre 1994 y 1997… y antes de que en Uganda murieran en el año 2000 cerca de un millar de adeptos del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios.

Si en los casos recién citados no puede hablarse de “suicidios colectivos”, ya que, de acuerdo con las investigaciones, debemos considerarlos asesinatos en masa (en medio, por supuesto, de un ambiente de fanatismo irracional y manipulación psicológica), lo que sucedió en el Rancho Santa Fe, cerca de San Diego (California, EE.UU.), sí fue un suicidio colectivo protagonizado por una secta.

Un ritual detallado al milímetro

Hace justo un cuarto de siglo, el 26 de marzo de 1997, aparecieron muertos en aquel lugar 18 varones y 21 mujeres, todos ellos adeptos de un grupo conocido como “Puerta del Cielo” (Heaven’s Gate). Los cadáveres aparecieron tumbados en sus camas y uniformados: vestidos de negro, con el mismo calzado deportivo y con la cabeza cubierta con telas de color morado. Algunos varones, además, estaban castrados.

El macabro proceso había sido cuidadosamente planeado: ingestión de barbitúricos en varias tandas, ayuda mutua a la muerte por asfixia con bolsas de plástico… Aún más sorprendente resultó el motivo de la autoinmolación ritual: lo que querían era liberarse de su cuerpo, al que denominaban “envase” o “recipiente”.

¿Cuál fue el hecho que desencadenó este desenlace? En las enseñanzas de la secta y en su dinámica grupal se había llegado a la conclusión de que tras la cola del cometa Hale Bopp –conocido como “el gran cometa de 1997” por su gran brillo y especial visibilidad desde la Tierra– se encontraba oculta una nave espacial. Sólo los seres humanos que se deshicieran de su “recipiente” podrían pasar a formar parte de la tripulación y librarse del cataclismo inminente que aguardaba a nuestro planeta. Se trataba, pues, de un ascenso a un estado superior de vida.

La historia previa de la secta

No era un grupo salido de la nada: sus orígenes hay que rastrearlos en la década de los 70, cuando los estadounidenses Marshall Applewhite (n. 1931) y Bonnie Nettles (n. 1928) iniciaron uno de tantos grupos de la galaxia Nueva Era (New Age). Se hicieron llamar “Bo” y “Peep”, respectivamente (más tarde “Do” y “Ti”). Su acento especial era el importante papel que jugaban en su doctrina los extraterrestres, con los que pretendían contactar para alcanzar un nivel evolutivo superior. Para ello, mezclaban términos e ideas del ocultismo, el cristianismo y la ciencia ficción.

Lo que ofrecían a sus seguidores era la transformación personal, a la que se referían insistentemente utilizando la imagen del gusano que se convierte en mariposa. Ya en 1975, después de una gira de conferencias, lograron captar a varias decenas de adeptos, algunos de los cuales abandonaron sus hogares para seguirlos, lo que originó las primeras polémicas y su consideración como secta.

El grupo tuvo un carácter itinerante en sus primeros años, y con el tiempo pasaron de vivir en campings a alquilar casas para vivir en pequeñas comunidades. En 1983 murió Ti (Nettles), lo que fue explicado como su ascensión a un nivel superior. De hecho, casi fue divinizada por el líder ya viudo y sus seguidores. El control de los adeptos se hizo más férreo, de forma paralela al aumento de la paranoia del gurú. A principios de los años 90 la secta atravesaba una crisis, pero resurgió con el nuevo nombre de la Puerta del Cielo y pudo crecer gracias a Internet, como veremos.

Internet como catalizador

Tras el suicidio colectivo, los medios de comunicación de todo el mundo se apresuraron a contar lo que iba divulgando la policía y lo que averiguaban los propios periodistas. Todas las víctimas eran profesionales del entorno de la informática, con edades comprendidas entre los 26 y 72 años, dedicados al diseño de páginas web para empresas de todo el país con su compañía Higher Source (Fuente Superior), un nombre que ya pone en la pista de posibles creencias esotéricas.

Así ya vemos la primera conexión importante de esta secta con Internet (casi recién nacido por entonces, en cuanto a red informática usada a nivel general). Además de la página web en la que se anunciaban como compañía de diseño digital, tenían otra en la que difundían su doctrina ufológica y catastrofista.

Poco tiempo antes del suicidio colectivo, habían puesto en esa web un anuncio titulado “Alerta roja” (Red alert), en el que manifestaban que el cometa Hale-Bopp era la señal que estaban esperando.

Cabe decir que no era la única interpretación de este acontecimiento astronómico en la red. Ya circulaba por algunos lugares el rumor de que tras el cometa se escondía una nave espacial (según algunos aficionados a la ufología), mientras que en algunas páginas fundamentalistas cristianas se discutía si se trataba del indicador del final de los tiempos; y en algunas de orientación New Age se especulaba sobre la predicción de su aparición en el Libro de los Muertos egipcio, o la posibilidad que anunciaba de una guerra en Israel, citando al profeta Ezequiel.

Proselitismo en la red

En su página ofrecían multitud de material de carácter espiritual y apocalíptico. No sólo eso: tras el suicidio colectivo los investigadores mostraron cómo habían ocultado multitud de palabras clave en el fondo de la web: “ovnis”, “alienígenas”, “extraterrestres”, “fin del mundo”, “abducciones”, “segunda venida”… una especie de material subliminal, propicio para atraer hacia sí a los internautas que buscaran algo sobre estos temas.

Sin embargo, lo que parecía ciencia ficción llegó demasiado lejos, a juzgar por el final de estos “cibermonjes” (como ya se les había denominado). En su web no promovían el suicidio explícitamente, pero sí hablaban de una “salida voluntaria” como la vía para “entrar en el Reino del Cielo”.

Declaraban estar “felizmente preparados para dejar ‘este mundo’ e ir con la tripulación de Ti”, refiriéndose a su gurú fallecida. Y continuaban diciendo: “Si estudias el material de este servidor de Internet podrás comprender el porqué de nuestro gozo y nuestro propósito en la Tierra. Incluso tú puedes encontrar tu ‘tarjeta de embarque’ para partir con nosotros durante esta breve ‘ventana’”.

Una atracción que continuó

Tras la difusión de la noticia de las muertes, el acceso a Internet se multiplicó para conocer directamente las entonces tan pregonadas páginas del grupo, llegando a su bloqueo. Y no sólo eso: unos días después del suicidio, apareció otro suicida en California, que decía emular a los anteriores.

No era miembro del grupo, pero parecía seguir al pie de la letra lo que habían dejado aquéllos en su web: “algunos pueden desear seguirnos […]. Es preferible que realices esta ‘salida’ en algún lugar del oeste o suroeste de los EE.UU. […] Debes invocar el nombre de Ti y Do para que te asistan…”.

Su activismo en Internet no sólo se limitaba a esto, sino que algunos de sus miembros intervenían enérgicamente en algunos foros y grupos de noticias, por ejemplo, para felicitar efusivamente a la Iglesia de Cienciología por su ataque legal a una asociación antisectas.

Y parece que la intensa presencia de la secta en la red duplicó en esa temporada su número de miembros. De hecho, en los días previos a la masacre, la secta envió más de cien mensajes de propaganda a través de Internet. Una de sus receptoras ingresó en la Puerta del Cielo tras conocerla de esta manera, y fue una de las víctimas. La prensa, además, hizo público un diálogo virtual entre un miembro del grupo y un joven de 18 años, que terminaba con la intención de volver a ponerse en contacto.

¿Tuvo la culpa Internet?

Varios meses después, el adepto Chuck Humprey reorganizó el grupo. ¿Cómo? Muy sencillo: autoproclamándose sucesor de Applewhite, y rediseñando la página web. En ella llegaba a mostrar la imagen de un miembro de la Puerta del Cielo que se convierte en extraterrestre. Acabó él mismo suicidándose con posterioridad.

Con todos estos datos inmediatamente algunos analistas echaron parte de las culpas del suicidio masivo a Internet. La web de Heaven’s Gate se había revelado como una poderosa arma de reclutamiento de adeptos.

La secta llevaba existiendo alrededor de veinte años. ¿Tuvo Internet la culpa del suceso? No, por supuesto. Pero fue un medio ideal para una organización obsesionada con las nuevas tecnologías y la ciencia ficción, para difundir sus doctrinas y captar nuevos miembros. Según Wendy G. Robinson, “entra dentro de las posibilidades que el ministerio de Applewhite sumado a la cibercultura fuera una mezcla tóxica”.

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