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Se cumplen 25 años del “apocalipsis” de Waco

WACO
FBI-Public domain
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En 1993, esta localidad de Texas (EE.UU.) fue el escenario de una tragedia protagonizada por una secta adventista

Un lugar: Monte Carmelo. Un rancho a 16 kilómetros al este de Waco, una ciudad del estado de Texas, el único de los EE.UU. en el que en los años 90 moría más gente por armas de fuego que por accidentes de tráfico. Basta pensar que había 60 millones de armas… para 17 millones de habitantes.

Una fecha: 1993, 28 de febrero/19 de abril. Un asedio de 51 días desde una primera intervención federal en el rancho, buscando el bien de los niños miembros del grupo y para evitar el uso de armas ilegales. Un balance final de 86 muertos por el fanatismo irracional de una secta de impronta cristiana… ¿Qué pasó?

Los orígenes de la secta

En 1918, un búlgaro emigrado a los EE.UU., Victor T. Houteff, conoció a los Adventistas del Séptimo Día y su interpretación literal de la Biblia, con los elementos distintivos de la celebración del sábado y de la creencia en la inminente segunda venida de Cristo (que William Miller profetizó para 1843-1844). Llegó a tener un cargo de responsabilidad en el movimiento, pero fue expulsado en 1934 por creerse un elegido.

Así fundó su propia secta, llamada El Cayado del Pastor, y compró un terreno cerca de Waco para esperar allí la segunda venida de Cristo, que sería inminente, y llamó entonces al grupo Adventistas Davidianos del Séptimo Día, porque creía que se restauraría el reinado de David en Israel.

A su muerte, acaecida en 1955, continuó dirigiendo la secta su viuda, Florence, que anunció el juicio final para 1959. Tras constatar la profecía fallida, muchos abandonaron el grupo, y aprovechó para hacerse con el poder Benjamin Roden, un hombre carismático que llamó a la secta “Rama Davidiana”. Al morir en 1978, fue sustituido por su viuda, Lois.

Vernon Howell entra en acción

Hubo enfrentamientos entre la nueva líder, Lois, y su hijo George B. Roden, que pretendía erigirse en “profeta vivo” en lugar de su madre. Y en este contexto llegó en 1983 a la secta Vernon W. Howell, un joven de 23 años, buen conocedor de la Biblia y expulsado de los Adventistas, con una gran memoria, capacidad de comunicación y dotes de liderazgo.

Al producirse una lucha por el poder en la Rama Davidiana, Howell se puso del lado de Lois y parece que la sedujo, pasando a compartir dormitorio con ella. Así fue ganando liderazgo, algo que creció al casarse poco después con una adolescente de 14 años, hija del vicepresidente de Monte Carmelo. 

Cuando Lois murió en 1986 hubo una fuerte lucha interna, que comenzó con la expulsión de Howell del rancho, ocasión que aprovechó para seducir a otra adolescente, hija de un matrimonio benefactor. Tras un tiroteo entre las dos facciones y la consiguiente estancia de Roden en prisión, Howell regresó y se proclamó el nuevo “profeta vivo”.

La vida en Monte Carmelo

Vernon Howell era, por fin, la autoridad indiscutible en la secta, porque tenía hilo directo con Dios. Impuso un régimen de vida muy estricto, con el sueño y la alimentación muy escasos, y duras jornadas de trabajo manual, lectura de la Biblia y sesiones de predicación que duraban horas. Además, los adeptos empezaron a entregar todas sus posesiones.

Por fin, en 1990 cambió su nombre por el de David Koresh, vinculándose así de forma directa al rey David (que sería la identidad de Cristo en su segunda venida), y añadiendo la traducción hebrea de Ciro (que, según él, era el sobrenombre de Dios y también significaba “muerte”). Se refería a sí mismo como el Mesías y el Cordero de Dios.

Según explica el periodista Clifford L. Linedecker, Howell “reconoció serios defectos en su carácter espiritual. El primer Mesías estuvo libre de pecado. Pero el hecho de que el nuevo Mesías fuera un pecador le daba más capacidad para juzgar sobre el bien y el mal”.

Llevaba a cabo un intenso proselitismo, acercándose a gente en restaurantes, clubes de rock, campamentos, iglesias y centros de estudios adventistas… Mezclaba con destreza referencias bíblicas y amor a la música, atrayendo a personas que querían una vida diferente. Captó a gente en Hawaii e Inglaterra, incluso a varios miembros de iglesias adventistas de Manchester, casi todos con formación universitaria, que se fueron con él a Waco.

Tuvo una revelación a la que llamó “Nueva Luz”, según la cual tenía derecho a apropiarse de todas las mujeres de la secta, formando su propio harén, al que llamó “la Casa de David”. En tanto que Hijo de Dios, Koresh debía proporcionarle nietos. Así, tuvo relaciones con al menos 15 mujeres, y le daba igual que estuvieran casadas o fueran menores de edad (hasta de 12 años). También fue acusado de maltrato infantil.

Preparándose para el apocalipsis… que llegó

La secta contaba con un arsenal de cerca de 300 armas de fuego (incluyendo rifles de asalto que pueden disparar 600 tiros por minuto). Habían conseguido transformar armas semiautomáticas en automáticas, algo ilegal. También reunieron gran cantidad de alimentos y un gran tanque de propano con vistas a la supervivencia. Ésta fue su preparación para la gran batalla final entre el bien y el mal antes del reinado de mil años de Cristo en la tierra.

Las acusaciones de los ex adeptos y las sospechas iban en aumento, por lo que la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos), de carácter federal, investigó al grupo y decidió intervenir el 28 de febrero de 1993, tras varios meses de trabajo y entrenamiento exhaustivos. Estaba pensada como una operación rápida y limpia, amparándose en el factor sorpresa.

Sin embargo, cuando un agente de la ATF llamó a la puerta de Monte Carmelo aquella mañana, comenzaron los disparos. Koresh había sido avisado, y dejó claro a sus seguidores que “ha llegado la hora”. Tras 45 minutos de tiroteo, murieron varios agentes y varios davidianos.

Del asedio al desenlace

Con 300 agentes alrededor del rancho y 200 profesionales de los medios comenzó el asedio, “una mortal partida de ajedrez entre Koresh y un pequeño ejército de agentes de las fuerzas del orden federales”, en expresión de Linedecker. El nuevo presidente del país, Bill Clinton, ordenó que asumiera la operación el FBI.

En aquellos días difíciles de un operativo retransmitido en directo a distancia, llegaron carros de combate de infantería y helicópteros. El líder sectario prometió rendirse si sus sermones se difundían en las estaciones de radio, pero después no lo cumplía. Llegó a afirmar: “Si quieren sangre, aquí tienen la nuestra… No nos asusta el gobierno. Si tenemos que morir por nuestras convicciones, lo haremos. No me importa morir”.

Los escritos y declaraciones de Koresh –que entonces tenía 33 años– mostraban su progresiva radicalización. Finalmente, el 19 de abril de 1993 se intervino disparando a Monte Carmelo con gases lacrimógenos (gas CS), pues los expertos del FBI habían descartado que pudiera haber un suicidio colectivo por parte de la secta.

Pero unas horas después de la intervención, comenzó a arder el complejo. Según los agentes del orden, fueron los propios davidianos los que prendieron fuego. Pero los críticos con el gobierno echan la culpa al FBI. Lo cierto es que nadie abandonó Monte Carmelo… ni siquiera los padres intentaron salvar a los niños. El mismo David Koresh murió. De las 94 personas que se supone que había dentro, sólo 9 pudieron sobrevivir. De los muertos, 25 eran menores de edad.

Un ejemplo de adónde puede llevar el fanatismo y una interpretación sectaria e irracional de la Biblia. Y, según César Vidal, “una manifestación trágica –pero no la única ni la última– de las consecuencias del adventismo”.

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