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En la UCI con Covid redescubrí el propósito de mi vida

Shutterstock / sfam_photo

Patricia Navas - publicado el 12/11/21

La enfermedad hizo sufrir mucho a Marc pero también le permitió centrarse en lo que siempre le había hecho feliz

El pasado 5 de octubre de 2021, el PCR salió positivo: Marc tenía coronavirus. Ahí empezó su calvario, que fue a la vez su camino de renovación.

Pensando que, a sus 47 años y con una buena salud, pronto se curaría, se quedó confinado en su casa de Berga, una pequeña ciudad de montaña en la provincia de Barcelona (España).

Pero al cabo de cinco días, empezó a ahogarse y casi no se podía mover. Por eso acudió al ambulatorio, donde dijeron que estaba muy mal, con neumonía bilateral.

Una ambulancia lo llevó al hospital de su ciudad, pero a causa de su gravedad, lo trasladaron al de Manresa.

6 días cruciales

Allí pasó seis días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y vivió una intensa experiencia que le permitió redescubrir el propósito de su vida, según explicó a Aleteia.

«Esos seis días han sido los peores seis días de mi vida en cuanto a sufrimiento corporal pero han sido también los seis mejores días espirituales de mi vida.

Ha habido un antes y un después. Ha habido una ruptura en mi vida a través de la cual he vuelto a ser el que Dios quiere que sea».

Marc aprendió una gran lección espiritual: que para reencontrar tu misión tienes que eliminar las cosas que te impiden lograr tu objetivo, y acompañar ese proceso con la oración.

Gracias también por el Covid

Ahora, todavía cansado y con secuelas del Covid, ha querido compartir con todos su experiencia en un video publicado en su canal de Youtube:

Venía de un tiempo de dejadez espiritual; a mí esto realmente me pesaba. Yo quería volver a ser aquel Marc, aquella persona comprometida con el Corazón de Jesús que enfoca toda su vida en difundir esta devoción tan preciosa.

Es una alegría saber que uno tiene un objetivo y que este objetivo es santo.

Cuando llegué al hospital sentía que eso era lo que me correspondía en ese momento y que el Señor quería que lo viviera en la acción de gracias.

En esa pecera de cristal, el poder de vivirlo en la acción de gracias haría que lo viviera en paz y en felicidad.

«Nada puede pasarme que Dios no quiera y todo lo que Él quiere por muy malo que nos parezca es en realidad lo mejor», decía santo Tomás Moro. Si vivimos esta frase viviremos en la alegría y en la paz.

Me costaba mucho rezar oraciones como el Rosario, solo decía: «Gracias, Señor. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío».

Y estaba sufriendo corporalmente, sí. Pero ese sufrimiento lo convertí también en ofrenda.

Me convertí en ofrenda viva por todos aquellos que estaban rezando por mí. Era como un intercambio.

Sentía que había muchas personas rezando por mí, que era muy querido. Y yo, al convertirme en ofrenda, de alguna manera les devolvía a ellos ese amor que ellos expresaban a través de la oración.

Estos días en el hospital, he visto aquellas cosas que estaban por medio siendo tropezones en el camino, que impedían que yo hiciera mi tarea.

Hay que eliminar las cosas que son impedimento para el objetivo. Cuantas más cosas elimines más centrado estarás y más el objetivo se cumplirá.

Ello además acompañado con la oración para estar continuamente en el corazón de Jesús y en el corazón de María.

El objetivo final es: todos centrados en el Señor, en la paz y en la alegría. Seremos felices llenando nuestra vida de Él mismo y vaciándola de esas distracciones que no nos llevan a ningún lado.

Marc Pena Millet tiene una página web sobre el Sagrado Corazón de Jesús que ahora está renovando. Puedes visitarla pinchando aquí.

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