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Juan Manuel Márquez: Los golpes de la vida son los más duros

JMMMARQUEZ
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Entrevista al boxeador mexicano: En la oración y los sacramentos encontraba la fuerza para vencer

El boxeador mexicano se distinguió siempre por sus peleas aguerridas en el ring, feroz en el ataque y letal en el contrataque, nunca fue noqueado, sus peleas despertaban alaridos en las arenas, su estilo técnico y siempre buen caballero lo distinguieron por siempre.

Lo que pocos saben es que Juan Manuel encontraba la fuerza para vencer, en la oración, en la señal de la cruz y en los sacramentos.

Juan Manuel concedió a Aleteia en exclusiva, como su fe católica lo ayudó a vencer sus principales enemigos: las tentaciones, los vicios, la soberbia y su principal enemigo, el mismo.

Hoy conductor de ESPN nos comparte como educar a los hijos en la fe, y sobre todo como levantarse del suelo siempre con la fuerza de Dios, cuando los problemas de la vida te tiran a la lona. Esta es la historias del dinamita Juan Manuel Márquez, uno de los mejores campeones de México en Box, solo después de Julio Cesar Chávez.

Juan Manuel Márquez, gracias por esa disposición de estar con tu gente, con tus seguidores, tus fans, y con los católicos que ven en ti un ejemplo. Y gracias por hacer también “Perseguidos por su Fe”.

Al contrario, muchas gracias. Estoy muy contento de estar aquí, en Querétaro, saludando a todos ustedes. Me da gusto que haya muchos católicos; nuestro país se caracteriza por eso, que hay muchos católicos, muchos creyentes, y eso es muy importante para México.

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Compártenos un poco de ti. ¿Por qué te decidiste a boxear? ¿De dónde nace tu vocación para el boxeo?

Nace con mi papá; mi papá fue boxeador. Cuando yo tenía 6 años nos empezó a enseñar; tengo un hermano que fue boxeador, así que ustedes dirán si tenemos el box en la sangre o no. Mi hermano fue campeón mundial en dos divisiones diferentes; yo, en cuatro, porque me robaron la quinta, pero eso ya quedó atrás.

Mi papá nos enseñó los primeros pasos del boxeo, cómo poner la guardia, como poner la defensiva. Incluso me acuerdo cómo mi papá me decía, que debía cerrar correctamente el puño para poder golpear, porque yo a los 6 años encerraba mi dedo pulgar, y él me advertía que así me iba a lastimar.

Como todo niño, a mí me gustaba mucho jugar. Me gustaba mucho el futbol, el basquetbol, el americano, el tenis. ¡De todo hacía yo! Pero nos decidimos por el boxeo.

¿Cómo te ha ayudado tu fe? ¿Consideras que tu fe ha sido la clave del éxito?

Sí, yo creo que la clave del éxito es la fe; es clave del éxito no darse por vencido, pero es a base de la fe, de creer.

En la vida siempre hay obstáculos, pero los obstáculos no hay que tomarlos en cuenta. Yo aquí es donde digo que la fe es parte de la vida de uno. Yo trato de ir a Misa todos los domingos. Me dicen: “Oye, ¿de verdad eres muy católico?”, y pues yo sí me esfuerzo por ser católico, porque para llevar los Mandamientos como debe de ser, es difícil; pero me esfuerzo por tratar de hacerlo. Así que, por supuesto, soy católico porque tengo fe, porque creo, y eso es lo más importante.

Tener fe me ha servido en mi vida personal, en mi vida profesional y en la vida que tengo hasta la fecha, de trabajar y seguir saliendo a hacer ejercicio; la fe me levanta y me hace seguir levantándome incluso de muchas cosas que podríamos llamar negativas.

¿Cuál ha sido tu pelea más dura, la más difícil?

La pelea conmigo mismo. El box es un deporte que a los mexicanos nos caracteriza porque somos guerreros, la gente mexicana nunca se da por vencida. Yo creo que a mí eso me ha caracterizado, que nunca me doy por vencido, siempre buscando la manera de poder ganar, buscando la manera de ser el mejor en lo que uno hace; eso también es muy importante, el querer ser el mejor en lo que uno hace; el querer lograr y llegar hasta donde uno se traza la meta, y mi meta era llegar a ser campeón mundial. Para mí eso ha sido maravilloso.

¿Puedes decirles a los católicos, y a todo el mundo en general, cómo se le hace para levantarse del suelo? ¿Cómo tú lograbas levantarte?

A mí me ocurrieron cosas muy curiosas dentro del deporte. Como aquella ocasión en que yo fui campeón mundial por primera vez en peso pluma, cuando venía Manny Pacquiao de ganarle a Marco Antonio Barrera, otro mexicano; lo noqueó prácticamente en once rounds. Y a mí me ofrecieron esa pelea: “Oye, está Pacquiao, el filipino, que se ve muy fuerte, muy duro”, y yo dije: “Sí me aviento la pelea, cómo no”.

Yo defendía los campeonatos del mundo que me había costado mucho esfuerzo ganar; me negaron la victoria la primera vez, he sido un peleador al que nunca le han regalado nada; siempre he conseguido todo a base de esfuerzo, de sacrificio.

Pues recuerdo, cuando dije que sí a esa pelea. Se hizo en mayo de 2004, muchos la habrán visto. Primer round: me tira tres veces, ¡me tiró tres veces! Así que vi que estaba duro, difícil.

Y en la tercera caída enseguida actuó en mí la fe, así que me dije: “Lo que Dios quiera”. Cerré los ojos, me levanté y le arranqué la pelea. Me dieron empate al final, pero, después de ese round, según yo, no me ganó ninguno. Yo había dicho: “Lo que Dios quiera”, y mira que Dios quiso que yo siguiera adelante y no terminara noqueado. Ese cuate, además de su velocidad, tiene una pegada muy fuerte; pero yo no terminé derrotado, porque la fe me ayudó. Me ha ayudado mucho en lo profesional y en lo personal, arriba en el ring y abajo del ring.

Ya se saben mi historia con Pacquiao: la primera pelea, la segunda, la tercera y la cuarta. Después del robo de la tercera me dicen: “Aquí está la cuarta pelea”. Y yo contesté: “Díganme cuándo y dónde, porque yo estoy listo”. Fue el 8 de diciembre de 2012; yo me preparé 5 meses para esa pelea fuerte, y mi mentalidad era: “¡Yo le he ganado, le he ganado y le puedo ganar igual!”.

Estaba tan metido, tan clavado en la pelea, que soñé que lo tiraba dos veces, pero en ese momento sonó el despertador a las 3:50 de la mañana para levantarme a correr; y me salí a correr y de pronto me quedé pensando: “Lo tiré dos veces, pero no supe en qué termina el sueño”, porque se quedó como en “continuará…”.

¡Y cómo son las cosas que, ya en la pelea real, efectivamente lo tiré dos veces!

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¿Fue algo providencial?

No sé cómo decirlo, pero parece que esto venía de allá arriba. Las cosas no pasan por casualidad, siempre pasan por algo, y creo que en esto Diosito nos echó la mano.

En conferencia de prensa les dije: “¿Qué es lo que tengo que hacer para ganarle a este peleador tan duro? ¿Medio matarlo?”. Y después de la pelea, de nuevo en conferencia de prensa, pregunté: “¿No era lo que querían? A ver, ¡ahora sí, róbenmela!”. Y, bueno, mucha gente estaba contenta; pero también había mucha gente triste de los medios de comunicación filipinos.

Pero lo digo y lo repito, las cosas no pasan por casualidad, siempre pasan por algo.

Juan Manuel, ¿en algún momento te preocupaste por Manny Pacquiao? A veces los católicos, los cristianos, podemos ser vengativos porque somos humanos. ¿Qué sentiste cuando viste que no se levantaba?

Yo tenía mucho coraje porque después de la tercera pelea había dicho en mí: “Nada más los mexicanos lo vieron ganar”. Así que se volvió como un asunto personal. Al momento que lo vi en la lona, mi doctor me dice: “¡Juan, no se levanta!”. Entonces yo le dije una grosería, dije una grosería, que no la voy a decir aquí porque no se vale; pero luego me remordió la conciencia y fui a verlo. Pensé, que como ser humano, eso mismo me pudo haber pasado a mí. Así que lo fui a ver, y cuando vi que se incorporó pensé: “¡Qué bueno!”.

Ya más tranquilos, muy contentos, me había quitado como tres toneladas de encima de esa carga de responsabilidad que traíamos. Teníamos a 120 millones de mexicanos en la espalda, ¡imagínate, era una cosa muy fuerte! Así que descansamos de esa carga, y nos quitamos de que si Pacquiao había ganado y de muchas cosas que, quieras o no, eran un peso fuerte.

Y me ofrecieron la quinta pelea, y me ofrecieron muchos millones. Pero a mí lo que me interesaba era la dignidad y el orgullo. Yo lo he dicho, Dios nos da la oportunidad. A mí me dio la oportunidad de ganarle. ¡Imagínate si hubiéramos hecho una quinta pelea nada más por el dinero! Porque a veces así pasa. Pero si Dios ya me había permitido ganar de aquella forma, ya para qué, para qué buscarle “ruido al chicharrón”.

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¿Qué es más doloroso: los golpes de la vida o los golpes arriba del ring, los golpes de Manny?

¿Te digo la verdad?, los golpes de la vida. Los golpes de Manny son fuertes, muy fuertes; pero los golpes de la vida también son muy fuertes, pues te sientan, te tiran y no te dejan nada. Los golpes en el ring te tiran pero te dejan una “lanita”. Eso está mejor, que me peguen por una “lana”, por supuesto. Así me dicen mis amigos: “¿Si pongo el cachete me pegas y me pagas?”, y les contesto: “Así no. Te pego, pero a ver si te levantas; y después se te va a olvidar quién te pegó”.

Juan Manuel, ¿qué significa para ti tu esposa y tus hijos?

La familia siempre ha sido un plan importante en mi vida, en mi vida de desarrollo como persona, como profesional. Los hijos y la esposa.
Alguna vez leí una frase en una revista mientras venía volando. Decía que la esposa que te dio Diosito, la esposa que te dio a escoger, siempre es una bendición. Y sí, es una bendición, pues yo con ella he logrado todo; con ella he seguido adelante. Es bien importante la familia.

En la familia puede haber problemas, claro; si no hubiera problemas sería aburrido. De repente hay que pelear con la mujer, y ahí sí pierdo; pierdo porque no le puedo pegar. Yo soy de las personas que, desde que iba a la primaria, defendía a las niñas si alguien les pegaba, ¡ahí te va el “súper héroe” para defenderlas! Nunca me ha gustado el machismo.

La familia es bien importante; y los hijos, de la misma manera. Gracias a ellos he llegado a donde he llegado.

¿El amor de tu vida ha sido Dios y tu familia?

¡Claro, claro! El amor de la vida, el amor de mi vida ha sido Dios, el deporte y la familia, por supuesto. Y no nada más mi esposa y mis hijos, sino también mi papá y mi mamá, que le doy gracias a Dios que todavía los tengo; mis hermanos, tíos, primos, sobrinos; algunos que no conozco, algunos nuevos que tampoco sé quiénes son. De repente llega alguno: “Tío, ¿cómo estás?” y les tengo qué preguntar quiénes son. “Tío, soy tu sobrina”. “Perdón, ¿de quién eres hija?”. Y empezamos ahí a platicar. Es algo “padre”. Qué bueno que Dios nos da la oportunidad de festejar, y Dios nos da oportunidad de vivir una vida agradable con tus seres queridos.

Juan Manuel, ¿qué pasa por tu mente y tu corazón cuando te acercas a la Comunión, cuanto tienes al Señor dentro de ti? ¿Qué piensas, qué sientes?

Siempre que voy a Misa escucho los Evangelios. Algunos, la verdad, trato de entenderlos porque son medio raros. Y me quedo con el “ojo cuadrado”, ¡qué sabiduría la de Dios nuestro Señor, los ejemplos que nos da! Él siempre nos dice: tienes que tender la mano a tu prójimo.
Eso me ha servido mucho, tener esa fe. Me han servido también los ejemplos de los sacerdotes.

Hay una lectura del Evangelio que dice que, entre más grandes seas, tienes que hacerte más pequeño. Y también que, cuando seas invitado a una fiesta, espera a que te sienten, porque uno puede llegar y sentarse en el lugar principal, y te pueden levantar y quitar. ¡Entre más grande seas, más humilde tienes que ser!

Eso me ha servido para mi vida en el día a día. Algunas personas me dicen: “Le agradezco su sencillez”. Así me educaron, así me enseñaron, y lo que reforzó esa educación fue asistir a Misa todos los domingos.

Sabemos que eres un atleta limpio, íntegro. ¿Cómo vencer las tentaciones? En México y en otras partes del mundo está la cuestión de las adicciones. ¿Qué mensaje le das a todos para no dejarse tentar en esto?

Esta situación puede ser muy dura para los jóvenes. Siempre yo he dicho que este problema empieza desde los padres de familia, desde la educación. Pero ahorita, de repente, los chavos no le hacen caso a sus padres. Yo no soy nadie, pero les aconsejo que siempre respeten a sus padres, que los escuchen.

Yo a veces veo esto con mis hijos, que les digo: “Tienes que hacer esto así o asá”, pero no hacen caso hasta que algo les pasa. Así que digo: “¿Ya viste? Esto sucedió por no hacerme caso. Cuando tú apenas vas, yo ya fui, regresé y volví a ir”. Y entonces el hijo concluye: “Tiene razón mi papá”, y se queda calladón y se pone a pensar, pues ve que es cierto.

En cuanto a los vicios, lo que digo, es que es difícil. A mí me invitaron, y de los 18 a los 20 años me tuve que retirar, por culpa de una adicción que tuve. ¡Imagínate, a esa edad! Yo era un joven de preparatoria. Así que no lo niego, llegué a probar la cerveza, llegué a probar el alcohol, llegué a probar el vicio; pero me dije: “Esto no es para mí; mejor regrésate al ring porque si no te va a ir peor”. Y eso hice. Eso me ayudó.

A veces probamos esas cosas como por conocimiento empírico. Pero después de que te das cuenta de que ése no es tu camino, pues te retiras. Eso es lo que pasó en mi vida.

¿Alguna vez has sido perseguido por tu fe?

Qué bueno que no lo han hecho, porque no saben lo que les hubiera pasado. No, no es una amenaza; pero a lo mejor un golpecito, un gancho al hígado sí se hubieran llevado.

En realidad sí me pasó una vez en la preparatoria; un maestro de esos que son físicos o químicos, nos preguntó: “Oigan, ¿ustedes creen en Dios? Alcen la mano los que creen en Dios”. Y ahí estamos con la mano levantada todos los alumnos. Y pregunta: “¿Y lo han visto?”. Y nos decíamos unos a otros: “¿Tú lo has visto?”, “No, pues yo no”.
Nosotros, en casa, con mi mama, mi papá y mis hermanos, a veces nos reuníamos para una “noche de religión”, en la que hablábamos de Diosito y de la Biblia. Y recuerdo lo que ellos me dijeron a mí: “¿Tú ves el viento? No, pero lo sientes”.

Y recuerdo que eso fue lo que le contesté al maestro: “Profesor, ¿usted ve el viento?”. “No”. “Pero lo siente. Es lo mismo”. Y mis compañeros empezaron a aplaudirme.

Eso es la fe. Yo veo que muchas personas están decaídas. No me gusta ver a un hermano, porque somos hermanos, cabizbajo. Le pregunto: “¿Qué tienes?”, “Esto”, “Pues échale ganas; yo sé que tú vas a salir adelante”.

Si tú eres negativo, siempre vas a ser negativo. Tienes que ser positivo, echarle muchas ganas, tener esa mentalidad. A veces los problemas nos dan muchas vueltas en la mente, y hasta sientes que te vuelves loco; pero siempre ayuda esa mentalidad positiva en el día a día.

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Hemos visto que antes de iniciar tus peleas haces la señal de la cruz, que es algo importantísimo; también cada vez que empiezas a entrenar. ¿Qué pasa por tu mente? ¿Qué significa para ti?

Es iniciar en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Imagínate, la Santísima Trinidad! Siempre la fe me ha dado muchas cosas. El persignarme es importante día a día: cuando me levanto, cuando voy a correr, cuando iba a pelear, cuando estoy cansado; persignarse antes y después de comer. Siempre lo he hecho. Es un modo de agradecer a Dios, de estar siempre con Él y decirle: “Diosito, todo lo que hago y he hecho lo hago por Ti y te lo ofrezco a Ti”.

Juan Manuel, ¿qué esperanza tienes de que México cambie? ¿Te duele lo que está pasando en México, la violencia?

Es algo que me duele bastante. Me duele mucho lo que está pasando en el país, pero dice el dicho, que cada juez por su casa empieza. Tiene que ver este asunto también con los políticos que tenemos, y tenemos que pedirle a Dios que le ponga clara la mente a nuestro próximo presidente. Yo le deseo todo el éxito del mundo a él y a todo su gabinete porque es un papel difícil; ojalá él sepa hacer bien las cosas.

A veces me preguntan: “¿Tú por qué partido votaste?”. Yo no voté por ninguno; quiero votar y votaría por quien vaya a hacer bien las cosas por nuestro país. Porque el país necesita mucha ayuda; no sólo ayuda económica, sino que tengamos a alguien que nos dirija con todos los muchachos, porque se ha desatado mucho la delincuencia.
Y, como te digo, un buen juez tiene que empezar por su casa, pero ya mejor no quiero que hablemos más cosas de política.

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México está en primer lugar en sacerdotes asesinados. ¿Qué sientes ante este hecho tan lamentable?

Tristeza. Y no nada más por los sacerdotes, sino también por las demás personas de las que habla este documental, que son perseguidas por su fe, que son asesinadas. Es muy triste y doloroso. El saber que una persona muera por su fe, no puede ser posible. Es intolerante que en pleno siglo XXI una persona muera por ser católica. No es posible, y sí da coraje.

Es por eso que me animé a involucrarme en este documental de “Perseguidos por su Fe”. Porque sí da coraje esta falta de respeto, y es un problema a nivel mundial.

Nosotros no somos nadie, yo en lo personal no soy nadie para poder cambiar al mundo. Yo sólo puedo tratar de jalar a la gente, a que seamos positivos, e invitarla a que crea en Dios, porque la fe es algo que nos ayuda; pero muchos no lo aceptan.

¿Por qué te involucraste en un documental como es “Perseguidos por su Fe”?

El hablar de la religión, yo creo que a todos nos mueve; no creo que haya una persona a la que no le mueva la fe, que no le mueva la religión.

A mí, desde niño, mi papá y mi mamá me llevaban a Misa todos los domingos. Y, cuando ellos no me llevaban, yo iba solo a la Misa de 11:30, que era la Misa de los niños. Y esta situación de ir a Misa, de estar siempre presente, nos sirve; por ejemplo, escuchar las lecturas, en las que vemos lo que sucedió; porque la vida es un círculo, así que lo que pasó se repite, se sigue repitiendo. Por eso es tan importante como un apoyo a la fe.

¿Qué le dices a Felipe Vázquez Maqueda, director de “Perseguidos por su Fe”?

¿A Felipe Vázquez Maqueda o a Felipe Calderón? Es que desde que vi por primera vez a Felipe Vázquez sentí que se parecía mucho a Felipe Calderón, y se lo sigo diciendo cada vez que lo veo.

Le agradezco que me haya invitado a este importante proyecto a favor de nuestra religión, lo que me dio mucho gusto. Le dije: “Vamos a hacerlo, vamos para adelante”.

Tarde, pero seguro. Felipe, ¿cuánto tiempo tenemos ya con esto: 5 o 6 años? Que se levante el señor Felipe, un aplauso para él. Son ya 6 años. Él es el culpable de este proyecto.

Es un proyecto doloroso, pero tenemos que mostrar lo qué está pasando, para tratar de ponerle un freno.

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Juan Manuel; ¿duele que el documental haya sido censurado en las salas de cine comercial, que nadie lo haya querido sacar?

Pues sí, porque queremos dar un mensaje que le abra los ojos a la gente, a millones de personas, y no sólo de nuestro país, sino a nivel mundial. Así que, es triste ver que directores y empresarios no puedan sacar a la luz este tema, que nos atañe a todos, y que nos interesa no sólo a los mexicanos, sino que es de interés planetario.
Cada quien sabe por qué lo hace, y, como he dicho, las cosas no pasan por casualidad.

Para ir cerrando, ¿cuál es tu menaje para los cristianos perseguidos en Nicaragua, Venezuela, en Venezuela, en el mundo? ¿Cuál es el mensaje que les da Juan Manuel Márquez para que no se den por vencidos?

Primero que nada, echarle muchas ganas. Hay que ver que esto es una cuestión política también, lo que está pasando en Nicaragua y lo que está pasando en Venezuela. Es una cuestión política. Es lo que digo: el buen juez empieza por su casa; ¿a qué me refiero con eso? A que los políticos, los presidentes, tienen que ir por buen camino para que también los ciudadanos lo hagan.

Yo les deseo éxito, suerte, y les pido que no se dejen vencer. ¿Son perseguidos? Sí, pero échenle muchas ganas otra vez. Soy repetitivo, pero no hay más que las ganas, no hay otra cosa que decirles que pongan la fe en Dios, y que siempre hay que orar.

Yo tengo una imagen de Cristo que siempre me ha seguido desde mi primera casa, cuando me casé, y hasta ahorita, siempre rezo ante ella.
También les pido que oren en nuestro país. Porque en nuestro país, como pasa en Nicaragua, Venezuela y a nivel mundial, hace falta esa oración.

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