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Fratelli Tutti: Un método para reformar la política

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By buritora | Shutterstock
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Tres visiones desde Norteamérica sobre Fratelli Tutti

La encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco ha sido recibida con alborozo en muchos ambientes de Norteamérica. Esta encíclica social, dirigida al mundo que intenta ver una luz al interior de la pandemia, habla, justamente, de un proyecto para todos, donde todos quepan y exista la posibilidad del encuentro entre hermanos.

Llamados a construir un futuro común

En nombre de la Iglesia católica en los Estados Unidos, el arzobispo de Los Ángeles y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés), José H. Gómez, dio la bienvenida a la nueva encíclica del Santo Padre sobre la fraternidad humana.

En una carta escrita a nombre de los obispos estadounidenses, Gómez señaló que, como antes lo había sido la encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la Casa Común, Fratelli Tutti “es una contribución importante a la rica tradición de doctrina social de la Iglesia”.

“La enseñanza del Papa Francisco aquí es profunda y hermosa: Dios nuestro Padre ha creado a cada ser humano con igual santidad y dignidad, iguales derechos y deberes, y nuestro Creador nos llama a formar una sola familia humana en la que vivamos como hermanos y hermanas”, dice en su comunicado el presidente de la USCCB

Para el purpurado estadounidense de origen mexicano, el plan de Dios para la humanidad, cosa que recuerda el Papa, “tiene implicaciones para todos los aspectos de nuestras vidas, desde cómo nos tratamos unos a otros en nuestras relaciones personales hasta cómo organizamos y operamos nuestras sociedades y economías”.

Al analizar las condiciones en el mundo de hoy, escribe el arzobispo Gómez, el Santo Padre nos brinda una visión “poderosa y urgente” para la renovación moral de la política y las instituciones políticas y económicas desde el nivel local al nivel global, “llamándonos a construir un futuro común que realmente sirva el bien de la persona humana”.

Finalmente, el arzobispo Gómez subraya en su comunicado que el Papa Francisco “nos desafía a superar el individualismo en nuestra cultura y a servir a nuestro prójimo con amor, viendo a Jesucristo en cada persona y buscando una sociedad de justicia y misericordia, compasión y preocupación mutua”.

Un diálogo más allá de la diplomacia, la amabilidad o la tolerancia

Por su parte, el arzobispo de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Rogelio Cabrera, en un comunicado emitido el mismo día de la publicación de la encíclica, resume las dos grandes preocupaciones del Papa Francisco: la fraternidad y la amistad social, y el impulso a una humanidad herida por la pandemia de Covid-19.

“El Santo Padre nos invita a vivir un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio para reconocer, valorar y amar a cada persona. Nos llama además a reconocer cuánto vale un ser humano, cuánto vale una persona siempre y en cualquier circunstancia”, dice el arzobispo de Monterrey.

Más adelante señala que el respeto por la dignidad humana –un principio elemental de la vida social que suele ser ignorado de distintas maneras—si no queda a salvo hace que no haya atisbos de futuro “ni para la fraternidad ni para la sobrevivencia de la humanidad”.

Esta encíclica –sostiene el presidente de la CEM— no es un tratado sobre la doctrina del amor fraterno, sino más bien, un “humilde aporte” para la reflexión de todos frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros.

Se trata, sí, de que seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social “que no se quede solo en las palabras sino que trascienda en las obras y en el contexto de la inesperada pandemia de Covid-19, que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades y donde se hace necesario renacer entre todos un deseo mundial de hermandad”.

El Papa describe su encíclica –termina diciendo el arzobispo Cabrera—“como un espacio de reflexión sobre la fraternidad universal, animándonos a buscar el diálogo entre personas de distintas religiones, más allá de la diplomacia, la amabilidad o la tolerancia, como lo hizo San Francisco de Asís y otros hermanos no católicos como Martin Luther King, Gandhi y muchos más que se sintieron hermanos de todos, identificándose con los últimos y los abandonados”.

Un método para reformar la política

Para el filósofo Rodrigo Guerra, fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV) la nueva Encíclica social del Papa Francisco,“es una herramienta que ayuda a superar algunos de los problemas más agudos de nosotros los católicos en las luchas sociales y políticas que tenemos que librar en el presente y eventualmente en el futuro”.

Atento tanto a los excesos de las derechas como de las izquierdas, el Papa Francisco propone revisar las propias posiciones, las propias convicciones, los propios compromisos para purificarlos y corregir los vicios profundos en que eventualmente caemos, señaló Guerra, en una colaboración especial para El Observador.

En este sentido, el filósofo mexicano subraya que algunos sectores “izquierdistas” han intentado “durante décadas” reducir el cristianismo a un mensaje revolucionario, subversivo, que alienta la confrontación clasista.

De igual forma, dice, algunos sectores de “derechas”, de manera simétrica, han mostrado increíbles simplificaciones sobre las causas y los agentes que promueven el mal en el mundo. «Al grado que algunos pierden la referencia existencial, real y concreta del dato de la fe, y lo subordinan a la ideología conservadora que les acomoda».

¿Qué nos propone el Papa?, se pregunta Guerra. La respuesta es: salir de la ideología. “Corregir, aunque nos cueste trabajo. Romper con los compromisos que encarcelan nuestra fe o la subordinan a una agenda aparentemente justa pero lastrada por un reduccionismo liberal o conservador. Jesucristo no es militante de ninguna de estas dos ideologías. Al contrario, las cuestiona frontalmente a ambas».

En la encíclica del Papa se muestra, a las claras, que hoy el verdadero peligro es el «populismo» (sea de derechas o de izquierdas) en el que se manipulan las causas del pueblo, su sensibilidad, su pobreza. Lo importante es recuperar una adecuada noción de la política pensándola desde el “pueblo” y su verdadera identidad e historia.

El fundador del CISAV termina diciendo: “Reformar la política bajo esta clave implica transformar los métodos educativos y promover una más radical conversión integral del corazón. La política no es para fanáticos ni para intolerantes. La política es verdadera caridad, es decir, es convicción profunda de que todos somos hermanos, no enemigos mortales”.

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