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Te quiero tanto que no me voy a acercar a ti

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Shutterstock | sivilla
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Esta es una historia de amor, respeto y distancia

Juan José e Isabel viven en una gran ciudad, 4 millones de habitantes, y llevan 2 meses confinados. Les ha pillado la pandemia en el mejor momento, cuando hacían planes de futuro. Son novios con todas las letras. Novios comprometidos y tienen muchas ganas de verse, pero no es tan fácil.

Él tiene asma y es de riesgo y ella tiene el sistema inmune bajo por unas alergias algo extrañas que además no están diagnosticadas con una seguridad del 100%. España se está desescalando, la gente empieza a hacer vida normal, pero ellos, aun viviendo en la misma ciudad, siguen sin verse.

Se hablan por Zoom, se envían cartas manuscritas, leen las mismas novelas y rezan a la misma hora, a las tres de la tarde y conectados online ante un Sagrario de adoración perpetua de la misma ciudad. Rezan para que el virus no avance y la gente esté pendiente de las distancias, de las manos limpias y de las mascarillas.

«Hoy nuestro amor se vive de otro modo»

Se dicen mutuamente una y otra vez: «Tú y yo nos jugamos mucho y hoy nuestro amor se vive de este modo. Pero toda la sociedad, en la calle de nuevo, se juega mucho también y debe ser muy cuidadosa”, no hasta el grado en que lo hacen ellos para cuidar de su salud. 

Están muy concienciados y distribuyen por internet, por redes sociales, muchos consejos. Y muchos amigos les siguen de tal modo que todos estos mensajes se ha convertido en una verdadera campaña que está llegando a mucha gente.

El amor del respeto y la distancia

Uno de los eslóganes  es el siguiente: “Un abrazo y un par de besos se pueden dar, simbólicamente, con una sonrisa a distancia: esos es amistad, eso es amor”.

Están descubriendo su amor en una nueva dimensión. Un nuevo modo de amar: respetar las distancias. Para ellos supone no verse hasta que todo se aclare, aunque pasen meses. Están esperando certezas como una vacuna que permita más seguridad en las calles. Pero piden, en sus intensas oraciones, que la gente que ya está en la calle sepa que la amistad y el amor también se puede vivir a distancia.

Se está volviendo a la calle en muchos países con gran alegría y a veces cierto entusiasmo. La alegría es natural. El entusiasmo es menos recomendable. La gente baja la guardia y parece que los amigos más lejanos son exactamente iguales que la familia con la que se ha vivido durante los meses de confinamiento

La amistad y el amor también pueden ser vividos a distancia. Parece una contradicción, pero no lo es. Hoy la auténtica solidaridad, la amistad, el interés por el bien del prójimo es mantenerse a distancia.

El ejemplo de la abuela y el nieto es clarísimo. A la abuela no le conviene que nadie se acerque pues tiene 90 años: está contenta de salir a ver a su familia, pero es una persona de mucho riesgo. Y el nieto debe saberlo y sus padres deben advertirle antes que la abuela le tenga que parar los pies.

Los jóvenes, y no tan jóvenes, no quieren aparecer como sosos. Quieren ser modernos y darse abrazos y besos, sin valorar las posibles consecuencias de este gesto tan arraigado en nuestra sociedad. Nadie quiere ser el hipocondríaco del grupo. Y no llevan mascarilla y se toman de las manos y se acercan a distancias no permitidas por la autoridad. Sin embargo, lo más auténtico hoy, ahora, es ir con la verdad por delante: lavarse las manos, ponerse la mascarilla, guardar las distancias.

Juan José e Isabel han lanzado una campaña que está teniendo éxito en su comunidad de amigos: Te quiero tanto que no me puedo acercar a ti. Y la mandan por las redes sociales con unos dibujos muy simpáticos de una publicista amiga. Y la rebotan por todas partes.

Paciencia

Es más, algunos amigos de esta comunidad, dentro de la campaña, cantan una canción muy simpática de un grupo español que se llama Stay Homas, y la canción, Gotta be patien, está triunfando entre todos ellos. Esta canción ha sido tan viral en parte del mundo que  Michael Bublé, el conocido crooner,  también la canta con su grupo. Con Bublé la difusión es planetaria.

Juan José, Isabel y sus amigos ponen dibujos y fotos, gifs a esta canción y le sacan a la letra todo su jugo. Van al meollo y proclaman con la canción: Sé paciente (be patien).  Es verdad que la canción está colocada en el centro del confinamiento, pero su filosofía es disfruta de esta nueva situación y sé paciente. Se puede aplicar también a los que están saliendo a la calle.

¡Sé paciente! Procura por tus intereses y a la vez por los intereses de tus amigos sin saltarte las normas. Procura por la vida. No se es antipático por no dar un beso y un abrazo. Al revés: regálales una sonrisa y un bailoteo a tus amigos con esta canción y puede ser aún mejor. 

Es más: el paciente, el moderado, el que se contiene es el que te quiere de verdad. El irresponsable es el que se lanza a los brazos de los otros: uno tras otro. ¿Los va a contagiar? Hay más posibilidades desde luego.

Por eso la campaña les está yendo muy bien a Isabel y a Juan José y a su comunidad de amigos. Hoy quererse es respetar las distancias, lavarse las manos y llevar la mascarilla.

 

(*) Nota del autor: Isabel y Juan José son personajes ficticios, pero su historia reúne los testimonios de varias personas a las que su autor sí conoce.

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