Aleteia

Mamá, me tengo que ir

Shutterstock
Comparte

No importa lo que haga, no importa donde esté, tú siempre serás la base de todo. Pero necesito crecer, mamá, es hora de que me vaya.

Tal vez tardes en entender, tal vez llores incontables noches al ver el nido vacío; tal vez me llames con esa voz quebrada, dolida, de quien guarda un mundo de nostalgia en un nudo en la garganta. Pero mamá, me tengo que ir.

Tengo que aprender a separar la ropa por colores para lavarla bien. Tengo que descubrir que los platos se quedan en el fregadero al día siguiente, que el agradable olor del baño limpia después de haberlo limpiado.

Tengo que aprender a cocinar más allá de los macarrones con salchicha, cuento con que internet me ayudará con eso. Tengo que aprender que mi sueldo necesita durarme 30 días y que bailar y tomar cerveza no son las necesidades más básicas.

Tengo que sentirme solo. Tengo que decirle a los demás: «Mi mamá siempre dice que…» y sentir orgullo de los innumerables consejos que me has dado en la vida y que no siempre valoré como toca.

Tengo que identificar las malas amistades, algo que hacías antes tú por mí. Tengo que ser fuerte y aguantarme ese insulto que mi jefe se merecía. Tú me enseñaste que un profesional serio no se descontrola tan fácilmente.

Tengo que crear mis propios rituales de sábado por la tarde, que antes eran hacer pasteles y bailar contigo en la cocina. Tengo que quitarme el pijama los domingos, hacer la comida, hacer la cena y no simplemente leer un libro mientras espero que tú lo hagas todo por mí.

Tengo que ver esa película increíble sin compañía y no tener a nadie con quién llorar tímidamente conmigo. Tengo que sentir la falta del abrazo que era la fortaleza que necesitaba en un mal día y la sinceridad que me enseñaba a ser un ser humano mejor todos los días.

No pienses que es fácil para mí.  Me va a doler todos los días de mi vida no regresar a casa y ver tu sonrisa tranquila, poder contarte cada detalle del día y no sentir una mínima señal de aburrimiento en tu rostro.

Voy a sentir añoranza incluso cuando tenga dos hijos, incluso cuando tenga ochenta años, incluso si escribiera el mejor libro de la historia.

Necesito irme, mamá, pero te llevo siempre conmigo.

Este artículo de Samanta Selzler, publicado originalmente en la revista Obvious, ha sido traducido y adaptado del portugués para los lectores de Aleteia en español.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.