Aleteia

Una falsa juventud: Cuando no aceptas el paso del tiempo

aged man crazy
Kl Petro - Shutterstock
Comparte

Sobre todo en varones, alrededor de los 50, no aceptar que ya no se es joven produce sufrimiento psicológico y conductas impropias

En consulta, he atendido diferentes actitudes de rechazo a la adultez en varones, mismas que suelen provocar sufrimiento psicológico y conductas impropias. Fenómeno que se empieza a acentuar en las de edades de cuarenta a cincuenta años y que suele extenderse a toda la vida, afectándolos de tal forma que, en su cumpleaños, verían más lógico que les dieran el pésame, a que los felicitaran.

Un rasgo común en quienes tienen esta condición, es que, en vez de desarrollar una personalidad madura y autónoma, se aferran a falsos valores que proponen la publicidad, ciertas costumbres sociales, el internet, radio, TV., etc., etc.

Algunas de estas actitudes son descriptibles como:

Chavo ruco.

Pretenden pasar por “jóvenes” disfrazándose y comportándose como tales, lo hacen frecuentando ambientes juveniles, lo mismo de diversión, como ciertos clubes, grupos de estudios etc. etc.

Permanecen con talla juvenil, usando ropa ajustada o de moda joven, dejándose el pelo largo cuando no lo pierden, y suelen tener relaciones afectivas con personas mucho menores que ellos.

Para ellos el modelo de vida juvenil es el ideal, y se niegan al crecimiento racional.

Galanes.

Llevan registro de su historial de don Juanes, como afirmación de un “juvenil machismo”. Suelen visitar lugares frívolos, y presentarse como alguien sumamente interesante ante posibles conquistas.

Cuando sienten que van perdiendo su natural atractivo, recurren a un auto caro, un departamento ostentoso o una presumida cuenta bancaria, como lastimosas formas de seducción.

Son actores que lo sacrifican todo por su papel, comenzando por su propia dignidad.

Vanidosos.

Bien parecidos, narcisistas, que solo desean ser admirados.

Se aferran al gimnasio, las cremas, tintes, tratamientos quirúrgicos, etc., etc., ya que su autoestima depende de ser reconocidas por su juventud y belleza. Personas que en ciertos momentos son traicionados por el espejo, o una fotografía desde cierto ángulo, lo que comienza a causarles una forma de depresión.

Se niegan a ser otoñales, y le es muy difícil aceptar el dejar de llamar la atención del sexo opuesto.

Adolescentes emocionales.

Asumen la permisividad como un modelo de vida, y suelen considerar los fines de semana como “reventones”, en donde Juventud = diversión = movida = disfrutar sin límites = juerga.

Llaman al egoísmo liberación y autorrealización; a la falta de autodominio, espontaneidad y autenticidad y a la falta de consciencia moral, simples desajustes psicológicos.

Son personas que, autoengañándose, hacen una parodia de la adolescencia en su adultez.

Atletas sexuales.

Personas para las que el sexo ha ocupado siempre un preponderante lugar en sus intereses, y por ello, no son capaces de desarrollar auténticas relaciones personales. Para ellos la juventud es igual a capacidad sexual, y están dispuestos a inyectarse hormonas o recurrir a todo tipo de artificios que le permitan alargar su vida sexual.

Suelen tener muy baja integridad, y ser poco confiables en todas sus responsabilidades. Siendo susceptibles a desarrollar trastornos agudos de personalidad.

Deportistas “fuera de serie”.

Apuestan todo al vigor corporal tratando de alcanzar altos rendimientos. Lo mismo en jornadas agotadoras en el gimnasio, que en el logro de hazañas deportivas. Algunos denotan cierto misticismo, al acuñar frases sobre su realización personal, a través del esfuerzo físico.

Sueñan aun en la edad madura con subir al Everest y, en ciertos casos, terminan retirándose después de tener serios accidentes o lesiones.

Lo verdaderamente cierto, es que la juventud es solo una de las fases de la vida y no la vida entera.  ¿Qué sucede cuando se le considera un estado intemporal?

Pasa que deja de ser una riqueza, para convertirse en una fuente de problemas de difícil solución, por los que se puede llegar a desarrollar un estado semi neurótico, con fijación del pasado, pues no se acepta dejar la juventud, como no se acepta el inexorable paso a la vejez.

Esto último se refleja en las redes sociales, donde circulan muy bien editados sesudos razonamientos, en los que la palabra «vejez» está siendo sustituida por expresiones supuestamente alentadoras, como: tercera edad, edad de oro, de plena madurez, etc., etc.

Así, se aventuran a plantear que sesenta años de ahora, equivalen a las cincuenta primaveras de antaño. Cuando la verdad es que la declinación natural es irreversible, y debe ser aceptada con los mejores hábitos posibles, más los valores correspondientes. 

Se trata de un falso concepto de la edad, por el que las personas por vivir unos años más, consideran lógico redimensionar física, emocional, y psicológicamente lo propio de cada edad, y lo que hacen, es jerarquizar erróneamente los valores.

Es así porque la función de la juventud es aportar crecimiento interior para afianzarnos racionalmente ante los retos de una vida por venir y la de la mayoría de edad permitirnos la apreciación ajustada de la realidad de las cosas, y de nosotros mismos.

Un tránsito que permite descubrir el rico mundo de la propia intimidad y facilita advertir la de los demás, para dejar nuestra huella siendo continuamente fieles a Dios, a la esposa, a la familia, los amigos, al trabajo, al orden cívico, etc.

Por ello la madurez es el encuadrar cronológicamente la fidelidad a estos valores.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org 

  

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.