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La monja de la realeza

ALICE BATTENBERG
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Una princesa que se tomó muy en serio el servicio a su pueblo

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Los que vieron la tercera temporada de la serie The Crown de Netflix, ya seguramente saben de quién se trata… pero para los que no (o quieren conocer un poco más de la historia real), se trata de Alicia de Battenberg, madre del duque Felipe de Edimburgo y suegra de la reina Isabel II.

Nació en el Castillo de Windsor en 1885, ya que era bisnieta de la Reina Victoria por el lado materno, y su padre era hijo de un príncipe alemán. Desde pequeña comenzaría su historia marcada por la tragedia. Pensaron que tenía dificultades para hablar y aprender o alguna discapacidad mental, hasta que su madre se dio cuenta que era que había nacido con una sordera congénita, así que la ayudó y la princesa Alicia no tuvo problemas para aprender, incluso, varios idiomas (inglés, alemán, francés y, posteriormente, griego), ya que le enseñaron lenguaje de señas y también podía leer los labios.

A los 17 años, en el acto de coronación del Rey Eduardo VII, conoció al Príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca… y fue amor a primera vista. Al año siguiente se casaron y con él tuvo cinco hijos: cuatro niñas y a Felipe.

Vivían entre Grecia y Alemania por las responsabilidades militares de Andrés y sus compromisos sociales. Todo marchaba muy bien, hasta que en 1922 se vieron obligados a salir exiliados de Grecia, ya que el país había perdido la guerra contra Turquía y la gente estaba furiosa con el rey y sus colaboradores más cercanos, a quienes culpaban de la derrota. Sus vidas corrían peligro, así que tomaron rápidamente un barco inglés rumbo a París.

La locura y el abandono

En Francia vivían del dinero que les mandaban y la princesa Alicia buscó consuelo en la religión (se convirtió a la fe ortodoxa griega) y ayudando a los refugiados de su país, pero no pudo soportar la rudeza del exilio. Y sí, quizá uno podría pensar que igual seguía teniendo una vida muy cómoda, pero eso sería únicamente en lo económico… la habían expulsado de su hogar y lo que había planeado para ella y su familia ya no sería posible.

Entró en un estado depresivo severo. También decía que Dios le hablaba y aseguraba que tenía poderes curativos. Alrededor de 1930 tuvo un colapso nervioso y se le diagnosticó esquizofrenia paranoide. Contra su voluntad, la internaron en una institución psiquiátrica en Suiza dirigida por pupilos de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.

Freud fue consultado y consideró que sus alucinaciones eran producto de alguna frustración sexual y recomendó que le aplicaran terapia de electroshock y rayos X en los ovarios para adelantarle la menopausia y apagarle la libido. Estuvo recluida allí dos años. Su esposo Andrés se mudó a Montecarlo donde tuvo varias amantes, a Felipe lo enviaron a un internado en el Reino Unido y sus hijas se casaron con militares nazis de alto rango.

Alicia de Battenberg, sola, decidió dedicar su vida al servicio de otros y a cultivar su fe. En 1937 se reencontraría nuevamente con su familia, pero por un motivo muy triste, el funeral de su hija Cecilia, quien había muerto en un accidente de avión. Allí le pidió a Felipe que se fuera a vivir con ella a Grecia, pero él prefirió continuar su carrera en la Marina inglesa.

Una ortodoxa ayudando a judíos

Explotó la Segunda Guerra Mundial y Grecia fue invadida por los nazis. Los hermanos de Alicia le seguían enviando dinero para su mantenimiento, pero ella prefería compartirlo con los más necesitados, comprándoles alimentos y medicinas. También ayudó a muchísimos hebreos a escapar, incluso, llegó a esconder a una familia judía en su propia casa.

La princesa aprovechó los vínculos de sus hijas con los nazis para que no sospecharan de ella y, en el caso de algún interrogatorio, utilizaba su sordera convenientemente a su favor.

Atenas fue liberada en 1944 y ese mismo año Alicia enviudó. Aunque seguían formalmente casados, la última vez que vio al hombre del que se había enamorado perdidamente a los 17 años fue en 1939.

Vendió la mayor parte de sus joyas para continuar su labor humanitaria y religiosa, pero conservó una tiara que le habían obsequiado en su boda. Cuando su hijo Felipe mostró intenciones de casarse con Isabel II, le regaló la tiara para que de allí sacara los diamantes para el anillo de compromiso y un brazalete.

Asistió a la boda en la abadía de Westminster y, a su regreso a Atenas, decidió fundar su propia orden religiosa ortodoxa: la Hermandad de Marta y María, que ayudaba a los enfermos, y adoptó los hábitos sin excepción (incluso, fue vestida de monja a la coronación de su nuera en 1952).

Últimos años

Su orden poco a poco se fue quedando sin fondos y sin voluntarias hasta su desaparición. Su salud se fue deteriorando con la edad y, además, hubo un golpe de estado en Grecia en 1967 que una vez más la ponía en peligro.

La reina y el duque la llevaron a vivir con ellos al Palacio de Buckingham, donde estuvo por dos años, hasta que falleció en 1969.

Su deseo era ser enterrada en Jerusalén junto a su madrina, Isabel de Hesse-Darmstadt (luego conocida como Isabel Fíodorovna cuando la adoptó la iglesia ortodoxa rusa, quien fue asesinada por los bolcheviques y fue canonizada como mártir mucho tiempo después, en el año 2000); sin embargo, por razones políticas, fue enterrada inicialmente en la cripta real del castillo de Windsor.

Finalmente, en 1988 sus restos fueron trasladados a la iglesia de Santa María Magdalena en el Monte de los Olivos, donde tanto el príncipe Carlos como el príncipe Guillermo han ido con ofrendas florales en visitas oficiales a Tierra Santa.

En 1993, la comunidad judía le otorgó el reconocimiento de “Justa entre las Naciones” por haber puesto su vida en peligro para ayudar a los hebreos durante la ocupación nazi en Atenas. Su hijo Felipe, duque de Edimburgo, viajó en aquel entonces a Jerusalén para la ceremonia y dijo sobre su madre: “Sospecho que nunca pensó que sus acciones fueran para nada especiales. Era una persona con una profunda fe religiosa y le debió parecer perfectamente natural y humano ayudar al prójimo en peligro”.

Sin duda, la vida de la princesa de Alicia de Battenberg es más que interesante y es curioso que su historia no sea tan conocida. Aquí es cuando digo que ciertas series de televisión pueden ser muy positivas para la sociedad, porque por lo menos yo después de ver el capítulo de The Crown donde tocan brevemente su historia, sentí intriga por investigar más de su vida y me encontré con esta persona tan noble, no por título sino por su obra, que hoy comparto con ustedes.

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