Aleteia

«El hospital tiró a la basura el cadáver de nuestra hija»

BABY
Kenkuza - Shutterstock
Comparte

La niña nació a las 23 semanas de embarazo y le dieron nombre pero, al fallecer, el hospital no entregó el cuerpo a los padres. Ellos se sienten heridos por no poder enterrarla.

Se llamaba Ana María y nació a las 23 semanas de gestación. Radu, el padre, estaba en el quirófano tan solo separado de su esposa por un biombo. Pero en el parto no oyó llorar al bebé. Aquello le extrañó, pero esperó a que alguna enfermera le comunicara cómo había ido el nacimiento.

Valentina había tenido un embarazo difícil a causa de la hipertensión, lo que le llevó a tomar una medicación específica que podría haber sido el detonante de un parto anticipado. «Para no poner en riesgo la vida de la madre» es la razón que les dieron en el hospital, según explicó Radu, para que el 8 de noviembre ingresara en el hospital de Torrejón y entrara en quirófano.

A Radu se le acercó una enfermera y le preguntó cómo se iba a llamar su hija. Le dijo «Ana María». Tomaron huellas dactilares al bebé y abrieron una ficha.

Minutos después del parto, la noticia rompió el corazón de Valentina y Radu: su hija había nacido muerta.

Les mostraron a la niña fallecida

Los médicos les mostraron el cadáver de la niña. Le habían puesto un pequeño gorro en la cabecita.

Para Valentina y Radu fue un golpe durísimo. Radu tuvo el valor de hacer una foto a la pequeña en aquella situación. Al fin y al cabo, era su hija: Ana María.

Una reacción escalofriante

Valentina fue trasladada a la UCI  y allí, después de unas horas, la pareja volvió a comunicarse con el equipo médico. Les pidieron el cadáver de la niña para enterrarla.

La respuesta fue, según cuenta el padre: «Ah, pero ¿es que lo queríais? ¿Para qué?». El «lo» se refería a la niña, la bebé del gorrito, que ya se llamaba Ana María y a la que habían puesto un gorrito y de quien el hospital había abierto ficha con las huellas dactilares.

Radu explicó en declaraciones a «El Mundo»: «Me dijeron que para qué quería eso, que no entendían… Me quedé alucinado. ¿Cómo no voy a querer el cadáver de mi hija?«.

Como un residuo orgánico

El hospital decidió tratar a Ana María como un residuo orgánico y el cuerpo de Ana María desapareció entre las basuras del día.

TORREJON
Raimundo Pastor-cc-by-sa-4.0
El caso ocurrió en el Hospital Universitario de Torrejón (Madrid, España).

Valentina y Radu nunca más han podido ver a su hija.

Esto ocurrió en 2017, y Valentina y Radu siguen reclamando al hospital su derecho a enterrar a su Ana María.

Estos padres presentaron una reclamación al Servicio Madrileño de Salud (Sermas), que sigue sin clarificar los hechos.

Una reclamación sin respuesta

Los abogados Javier de la Peña y Adrián Carriedo, expertos en negligencias médicas, defienden el caso de Valentina y Radu. Acusan al hospital de daños morales.

«No se puede tratar como residuo orgánico un feto de 23 semanas al que has dado nombre, le has puesto un gorrito, lo has mostrado a sus padres, le has tomado las huellas dactilares y le has abierto ficha».

Radu, trabajador de la construcción, lleva dos años sin remontar. Está en tratamiento pero sigue sin poder recuperarse del dolor que le produce pensar que no puede enterrar a su hija.

Persona digna de enterramiento

Adrián Carriedo explicó a Aleteia que en España existe el Decreto de Manipulación de cadáveres y restos humanos (132/2014). En él no está escrito ningún límite que dé derecho al hospital a haber tratado el cuerpo de Ana María como un «residuo orgánico» y no como una persona digna de enterramiento.

Los letrados obtuvieron, ante una primera reclamación, un dictamen de la Jefatura del Servicio de Ginecología del Hospital de Torrejón en el que se justificaba la acción del equipo médico aduciendo que el feto no llegaba a las 23 semanas sino que era de 22 semanas y 6 días. Sin embargo, Carriedo hace observar que ese argumento está sacado de un protocolo médico de la sanidad privada y que, por tanto, no aplica al caso (el hospital de Torrejón es público). Insiste en que «la ley española no fija ningún límite temporal».

Además, según el propio Carriedo, «incluso en ese caso queda en el aire si Ana María tenía 23 semanas de gestación o le faltaban unas horas, puesto que en algunos informes de la historia clínica aparece claramente la fecha de las 23 semanas».

«Quiero tener un sitio donde llorar a mi hija»

Para los padres, Valentina y Radu, el dolor sigue siendo inmenso por no haber podido enterrar a su hija. Radu quiere saber «qué hicieron con nuestra hija. Sólo nos han dicho que ya era, para ellos, un residuo orgánico». «No tenían derecho a hacer lo que han hecho. Quiero tener un sitio -añade- donde poder llorar a mi hija. Quiero que esté viva, aunque sea así, en un cementerio«.

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.