Recibe Aleteia gratis directamente por email
Estilo de vida, espiritualidad, noticias positivas... Recibe Aleteia por email
¡Suscríbete!

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

“Los dos papas”: una visión de “misericordia”

THE TWO POPES
Comparte

Para algunos una apología de la Iglesia, para otros…una película blasfema. Aquí otra visión…

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Muchas son las críticas a la película “Los dos papas” que Netflix produjo y difundió a nivel mundial. Curiosamente, en ámbitos de Hollywood a la cinta se le ve como una apología de la Iglesia, mientras en el lado católico ha habido voces que incluso tildan al filme de ser blasfemo.

El padre jesuita Luis García-Orso ha hecho un balance de la película en su columna de SIGNIS en la que deja claro que se trata de una creación fílmica y no de un documento histórico. Al combinar situaciones reales con ficción “dos potentes actores se encargan de representarlos para un guión cinematográfico, no para contar todo sobre su vida”.

Tanto el Benedicto XVI de Anthony Hopkins como el Bergoglio de Jonathan Pryce son una creación, aunque en algo se parezcan a las personas reales, y la película recuerde algunos incidentes verdaderos, unos puntos de la historia (no todos los posibles) que irán dando la secuencia del guión: del cónclave de 2005 con la elección de Benedicto XVI, a su renuncia en febrero 2013 y la elección de Francisco.

“Dentro de una historia conocida, la película ‘Los dos papas’ inventa una posible conversación entre el papa Benedicto y el cardenal Bergoglio; una conversación muy personal e íntima, muy honda y creyente, que desembocará en una confesión de ambos”, apunta en su reseña el padre García-Orso, reputado crítico cinematográfico en Iberoamérica.

Tras una primera parte en la que el guión quiere presentar dos visiones de la Iglesia (la tradición y el cambio) llega la noche en Castelgandolfo, el descanso, el encuentro: “Esta noche seamos hermanos”, invita a Bergoglio el Papa Benedicto, siendo el primero que abre su corazón. “Lo que sigue es esa andadura hacia la hermandad, donde Dios mismo es el camino”, añade el sacerdote jesuita.

Luego viene la parte en la que Benedicto le explica al futuro Papa Francisco su decisión de renuncia por el bien de la Iglesia. Y a partir de ahí se desencadena la parte central de la película cuando Bergoglio confiesa que él no podría ser sucesor de Benedicto porque tiene un gran peso encima por “no haber hecho lo suficiente” como Superior de los jesuitas argentinos, durante la dictadura, en los años 1976-1983, en particular ante la misión de los padres jesuitas Jalics y Yorio.

La absolución sacramental que recibe el cardenal Bergoglio del mismo Papa tiene una honda verdad: ‘Usted no es Dios, sólo un ser humano. Crea en la misericordia que predica’. La película cierra esta parte con una fiesta de reconciliación, comiendo pizzas y bebiendo Fanta, la bebida preferida de Benedicto.

Y viene la segunda reconciliación, la del papa Benedicto: “porque todos somos pecadores, oiga mi confesión”. Y el Papa Benedicto “recibe el gozo de la absolución y de su nueva misión, que luego se convierte en la felicidad de estar entre los peregrinos en la Capilla Sixtina. Aunque con personalidades distintas, ambos viven la misma comunión creyente y de amor”, apunta el padre García-Orso.

“En ‘Los dos papas, toda la creación cinematográfica: guión, dirección, actuaciones, locaciones, fotografía, música… atrapan al espectador, tocan la fe y el sentido de la vida, contagian esperanza”, escribe en su columna de SIGNIS el padre jesuita.

Y añade: la película “es la historia de dos seres humanos que buscan a Dios, que aman la Iglesia y la humanidad, que quieren asumir –con dolor y temblor- una misión, que se reconocen pecadores y necesitados de redención. Dos hombres que han de reencontrarse con su propia humanidad y con Dios, con su silencio y su palabra, con su gracia y su perdón”.

Se trata –dice finalmente el padre García Orso– de “un diálogo, una conversación, un encuentro entre dos hombres distintos que salen de sí mismos y se abren a algo mayor. Eso que tanto necesitamos hoy en la sociedad y en la Iglesia. Encontrarse así merece bailar un tango”.

 

Boletín de Noticias
Recibe gratis Aleteia.