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Tu bolsa ecológica también podría estar dañando al planeta

recycled bag
Arimag - Shutterstock
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No sólo el plástico es malo

Está muy bien que poco a poco comencemos a tomar acciones a favor del medio ambiente y el mundo donde vivimos y, sin duda, la reducción del plástico se ha convertido en tendencia y en ley en muchos países, sobre todo en lo que se refiere al uso de bolsas a la hora de hacer las compras, que es uno de los mayores problemas.

Sin embargo, aunque las intenciones son buenas, a veces se recurren a bolsos de tela de algodón que pueden ser también muy dañinos para el ecosistema; por supuesto, no en la misma medida que las bolsas de plástico (que se pueden llegar a tardar más de medio siglo en degradarse), pero en su fabricación también hay mucha contaminación en el agua y un gran gasto de energía. De hecho, por eso (entre otras razones) la industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta.

Pareciera entonces que las bolsas de papel son la solución. Si bien es cierto que son más fáciles de reciclar, también requeriría que la gente las colocara en sitios especiales; además, son las más propensas a ser utilizadas sólo una vez, por lo que se tendrían que reciclar una y otra vez, y eso también tiene sus consecuencias ecológicas (todo esto asumiendo que el papel no sea obtenido mediante la deforestación de bosques).

Asimismo, si bien es cierto que en el post-uso las bolsas de papel no se tardan más de 500 años para degradarse como ocurre con ciertos tipos de plástico, para hacerlas, según un estudio de la Asamblea de Irlanda del Norte en 2011, “se necesita cuatro veces más energía para fabricar una bolsa de papel que para una bolsa de plástico”.

SHOPPING
Shutterstock-Rawpixel.com

¿Entonces cuál es la solución? Lamentablemente todavía no hay una definitiva, pero la más recomendada es que se opte por bolsos de tela reciclada y, sobre todo, que se re-utilicen la mayor cantidad de veces posibles. De nada sirve que se eliminen las bolsas de plástico si cada uno se dedica a coleccionar bolsos de tela (sobre todo de algodón) en cuya producción se gastan litros de agua y se emiten enormes cantidades de dióxido de carbono. Incluso, algunos estudios concuerdan que cada bolso de tela debe ser usado mínimo unas 100 veces para que realmente tenga un impacto ambiental significativo.

Pero sí, la palabra clave es RE-UTILIZAR para ver un cambio positivo a largo plazo en nuestro planeta, y esto no sólo aplica con las bolsas donde colocamos nuestras compras, sino con muchos aspectos de nuestra vida diaria… desde convertir esa franela rota en los nuevos trapos de limpieza hasta aprovechar los frascos que compramos en el supermercado para luego guardar otros productos o hacer un proyecto de arte con los niños.

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