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Cómo comunicarse con los bebés para crear el vínculo de apego

MACIERZYŃSTWO
Shutterstock
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No se trata solo de responder a los lloros del niño cuando pensamos que está mojado, o hambriento, o cansado o con dolor de estómago

Estamos adoptando en este frenético siglo XXI cierta pasividad con los niños recién nacidos. Se ve muy claro en las madres o cuidadoras que no les dirigen un gesto, una palabra, una mirada pendientes de sus móviles en el parque infantil.

Se ve en la calle y sucede en las casas. Niños paseados en cochecitos y madres o cuidadoras que andan distraídas con el móvil. A este fenómeno le llaman en el mundo anglosajón texting while parenting. Es decir, y en una traducción muy poco literal, significaría: hacer de padres mientras se está texteando a través del móvil. Es un síntoma muy expresivo de nuestro presente.

En general cada vez hay menos tiempo para dedicarle al niño de menos de 13 ó 14 meses. Hay prisa y un cierto narcisismo de unas madres, padres o cuidadores que tienen cosas más importantes que hacer.

Los niños necesitan a estas edades constantes atenciones no sólo en higiene, cobijo y descanso. Necesitan sentirse vivos, reconocidos y sobretodo seguros de que su madre (en ocasiones será un padre, familiar o cuidador) los quiere y los protege.

Si todo funciona  se dice de estos niños bien atendidos cuentan con un apego seguro. Es un concepto muy estudiado. Significa que se ha establecido un vínculo con el niño como reflejo del lazo afectivo que se ha fundado entre ambos.

Un vínculo afectivo duradero, predecible, donde el adulto le indica al bebé que siempre está a su disposición y el niño “entiende” que todo anda bien, que el mundo es confiable, que puede tirar del lazo que le une a su madre y esta aparecerá.

Consecuentemente esta persona cuidadora, para mantener el afecto estable, debe responder a los requerimientos del niño de un modo sensible y con una capacidad de respuesta proporcionadamente rápida.

No se trata solo de responder a los lloros del niño pues pensamos que está mojado, o hambriento, o cansado o con dolor de estómago.

Todo esto hay que tenerlo en cuenta pero cuando está calmado hay que desplegar un buen registro de gestos, miradas, sonrisas, palabras (sí: no importa que no las entienda) para demostrarle al niño que como cuidador estamos ahí;  para confirmarle que somos el adulto de referencia que va a cuidar de él.

Hemos de generar entonces en sus afectos nada verbales aún el siguiente mensaje: “estoy aquí y te quiero con locura, cuenta conmigo pues yo te cuidaré”.

Ahí  nace un sinfín de elementos comunicativos que confirman  este objetivo. Y tienen un denominador común: no son palabras pero tienen un mensaje de gran densidad afectiva. Destaquemos unas cuantas situaciones de apego en el vocabulario español:

Arrullo

pixabay

Arrullar a un niño es canturrearle, mecerle, susurrarle al oído palabras o tonadillas suaves y amorosos que se pueden convertir en una nana.

Nana

SLEEPING BABY
Halfpoint | Shutterstock

Una nana es una cancioncilla improvisada (o conocida) que se le entona a un niño para confortarlo y serenarlo con vistas a que se duerma.

Hay madres que sosiegan a sus hijos pues ellas están tranquilas y tienen la paciencia de esperar lo que haga falta para que el niño encuentre ese punto en el que cae en los brazos de Morfeo (el dios de los sueños en la mitología griega).

Otras madres tienen tantas cosas que hacer que no tienen paciencia y el niño nota esa ausencia de una perseverancia abnegada y sencillamente no se duerme y llora y la madre se agita y la bola de nieve se hace grande. Y el niño se estresa y dormir se convierte en un camino de obstáculos.

La madre no ha sabido acunar a su hijo. Su estado estridente le ha dicho al niño algo así como “duérmete pronto que tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí contigo en brazos esperando a que te duermas”. 

Carantoña

EXERCISES
Lopolo | Shutterstock

Otra palabra con unos cuantos sinónimos: carantoña, o arrumaco o, sobretodo, hacerle al niño cucamonas. Esta madre tiene tiempo y está feliz de tener a su hijo en brazos, o en el balancín,  y se comunica con él de forma muy creativa y tierna: se dirige al niño con el máximo candor a través de caricias y expresiones faciales.

Dicho en una palabra: hace verdaderas tonterías ante el bebé.  Bobadas o gansadas que van desde palabras inteligibles todas ellas muy cariñosas hasta gestos graciosos para llamarle la atención y hacerle reír.

Puntualicemos. Los niños empiezan a sonreír, a los pocos días. No es aún la sonrisa social, es como una sonrisa refleja que denota bienestar y que no exige un desencadenante. Es una sonrisa que se puede dibujar en la cara del bebé incluso cuando está durmiendo.

Pero con los meses la sonrisa se convierte en comunicación no verbal madre-hijo. La risa o sonrisa nace de una reacción a las bromas, a las sonrisas de los padres que lo miran atentamente a los ojos y que le llaman la atención con la imitación, por ejemplo, de sus balbuceos o gorjeos a lo cual el niño responde con risas o auténticas carcajadas.

Entonces, en estos riquísimos primeros meses de vida, las posibilidades de comunicación crecen cada día. Y nos oirá hablar. Y aunque no entienda exactamente lo que le decimos archivará tono, acento, timbre, los fonemas de nuestra lengua.

Y eso es aprendizaje. Lo estaremos exponiendo al lenguaje y aunque no descodifique las palabras en su cerebro crece su conciencia de que se están dirigiendo a él.

Hay que  imitarle y fijarse en lo que hace: por ejemplo si señala algún objeto. Entonces hay que explicarle todo lo que ve e intentar distinguir, interpretar, leer (entre los 12,13 ó 14 meses) las distintas señales que emite.

Él habla con gestos, miradas, sílabas específicas. Hay que conocer este proto-lenguaje y responderle. Y si él hace el sonido de un motor hay que manifestar: “¡Oh!, ¡un coche! Mira el coche, ¡qué bonito! ¿¡Ponemos en marcha el coche!?”. 

Lo que no puede ser es una madre callada, seria, o un cuidador gruñón, o un niño al que nadie hace caso o un bebé de menos de dos años constantemente pegado ante una pantalla.

Por muchos motivos: uno, lo hemos visto, peligrar el fomento del apego seguro. Un segundo motivo: no se  ponen correctamente las bases del desarrollo de su capacidad de hablar (y a la larga leer, escribir) a través de lo que se denomina los precursores del lenguaje.  El siguiente vídeo explica estas cuestiones en imágenes.

http://antesprimeraspalabras.upf.edu/

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