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Elecciones al Parlamento Europeo: la ilusión de seguir construyendo Europa

EUROPE
Shutterstock | uzhursky
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Preocupación por el crecimiento del populismo y del nacionalismo como síntomas de desunión de Europa

La pertenencia a las instituciones europeas ha sido una ilusión colectiva, y de alguna manera lo sigue siendo, en muchos países que llegaron después de los primeros “seis” fundadores de la CEE (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo). La Unión Europea, lo que llamamos Europa, es un conjunto de instituciones comunes que albergan a muchos países (28 o 27, según que Gran Bretaña se decante o no por el Bréxit) del continente.

Europa vive en un marco de convivencia basada en la paz, la democracia, los derechos humanos, la dignidad de las personas, junto a una economía social de mercado, es decir más distributiva que en los países capitalistas puros, como los Estados Unidos. Las instituciones europeas, ante tal variedad de países, idiosincrasias, recorridos históricos e identidades nacionales, basa toda su acción política en el pacto, en el entendimiento y el respeto por los valores de cada uno. Las decisiones se toman por consenso, siempre. Es el acervo europeo.

Estos valores son muy bonitos si siempre se aplicaran sin altibajos. Hoy hay quien quiere romperlos. Hay quien no quiere que esta Europa, unida, sea una potencia económica, política y militar. Es cierto que Europa no es una potencia militar, ni una potencia política, porque los estados se han reservado para sí la defensa y seguridad, además de la política exterior la cual está en función de sus amistades o enemistades históricas, especialmente en lo concerniente al colonialismo y a los pactos en los siglos XIX y XX.

También falta, en economía, una armonización fiscal, pues cada país hace y deshace, según los intereses de cada gobierno. Los gobiernos no quieren ceder la soberanía fiscal.

Esto se entiende porque Europa, la Unión Europea, no es algo estático, sino que es un ente político que está en construcción, está en camino hacia la unión política europea, paso a paso.

¿Y a quién no gusta eso? A las grandes potencias. No quieren sombras a su lado. No quieren una potencia económica con la que lidiar cada día la competitividad internacional. Hemos visto que Rusia ha intentado boicotear a la Unión Europea, rompiendo la unidad de los países y reclamando zonas de influencia que perdió a causa del comunismo de la Unión Soviética (países bálticos, países balcánicos, la Europa del Este). Lo hemos visto en el referéndum sobre el Bréxit y en el apoyo a los nacionalismos centrífugos.

Por otro lado, la presidencia de Donald Trump en los Estados Unidos tiene pocas simpatías por la unidad de Europa. A Trump le entra urticaria cuando tiene que negociar con Europa: quiere negociar país a país. Se ha quejado, y con razón, de que Europa ha hecho poco para crear una seguridad y defensa propias y que ha vivido a expensas de los Estados Unidos (una evidencia clara fue la guerra de los Balcanes). Pero esto no se arregla con el unilateralismo y torpedeando a la NATO. Si Europa se debilita, también los Estados Unidos se debilitan.

Y finalmente China, que para introducir su mega-proyecto político, económico y cultural, de la nueva “ruta de la seda” (Belt and Road), no quiere negociar con la Unión Europea, sino país a país, con Francia, Alemania, Italia, España, etc.

Preocupan los nacionalismos y los populismos que han surgido dentro de los estados, pues si tienen fuerza en los gobiernos y en el Parlamento Europeo, va a retrasar– ¡ojalá fuera solo retrasar y no interrumpir! —el camino hacia la unión política de los países europeos.

La Unión Europea tiene un miedo común cara al futuro: ¿habrá otra oleada migratoria que entre en el continente por tierra y mar? La UE no supo resolver la oleada migratoria anterior (guerra de Siria) y ha causado serios problemas, pues no ha sabido gestionar las fronteras marítimas del sur, especialmente del Mediterráneo. Queda todavía mucho por construir, pero solo podrá hacerse mediante un trabajo conjunto, sin mirar los intereses nacionales por encima del interés general. Eso solo lo pueden acometer políticos con liderazgo y mirada histórica.

Es por eso, y por muchas otras cosas, que las elecciones europeas de la próxima semana en Europa son tan importantes. ¿Va a triunfar la realpolitik o el populismo?

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