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Eran «menas» y ahora son mecánicos y auxiliares de cocina

MIGRANT

FADEL SENNA | AFP

Dolors Massot - publicado el 15/05/19

La labor de los salesianos en España ayuda a encontrar trabajo a los menores extranjeros no acompañados (menas). Es una gota en un mar, pero da esperanza a jóvenes migrantes y los protege de las mafias

España ha experimentado en los últimos años un aumento extraordinario de menores que llegan de África en busca de una vida digna. Han cruzado la frontera sin familiares adultos y una vez en el territorio español se les trata de dar una identidad jurídica. Son los «menas» (menor extranjero no acompañado).

Sin familia en España y sin medios para vivir, el Estado trata de controlar el fenómeno. Se sabe que la mayoría -sobre todo en los últimos 2 años- procede de Marruecos. Cada comunidad autónoma ha establecido una política de atención a este tipo de migrantes, pero a nadie escapa que se trata de un problema creciente al que la política no está dando soluciones eficaces. La migración, además, se convierte por momentos en arma arrojadiza entre los partidos.

Entre tanto, hay entidades y personas que se han puesto manos a la obra para que estos menores no se encuentren desamparados, tengan un techo y una alimentación asegurada. Eso como paso básico, pero a continuación uno se pregunta qué futuro les espera. Ahí es donde actúa, por ejemplo, la entidad Salesianos Sant Jordi PES Lleida. (PES significa Plataforma de Educación Social).

En su sede se imparten cursos de formación a los que acuden estos menores extranjeros no acompañados. Hay cursos de alfabetización en tres niveles y cada grupo tiene entre 10 y 15 alumnos.

En otra línea, también se dan cursos de formación ocupacional: ahora mismo hay peluquería, cocina y soldadura. Los menores van cada mañana a clase desde el centro residencial donde viven (alojados por la Administración).

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Dolors Massot - ALETEIA
La sede de Salesians Sant Jordi, en un barrio de Lleida (España)

Un «mena» que ha llegado a España y ha sido atendido con techo y comida, no tiene suficiente para desenvolverse en el país. Pasa el tiempo, cumple la mayoría de edad, no recibe la nacionalidad ni tiene trabajo de ningún tipo, con lo que muy fácilmente acabaría en la delincuencia. Según cifras oficiales, es lo que sucede en un 15 por ciento de los casos aproximadamente.

Sin embargo, Joan Valls, salesiano y titular que representa a la Orden en esta entidad, explica que «la educación es clave para dar alguna herramienta a estas personas de forma que puedan tener una vida digna más allá de una ayuda temporal». Hay casos de éxito, que él ha visto, con «menas» que llegaron a este centro de formación y lo aprovecharon: «Hoy algunos trabajan como mecánicos, en el campo sobre todo como temporeros o en trabajos para los que no se requiere cualificación, como auxiliares de cocina o limpiezas».

Con el acceso a un trabajo, logran comenzar la inserción oficial y social en el país. Son Mohamed, Ahmed, Fátima, Sara…

La educación es un paso imprescindible para su inclusión social

«La educación es una inversión», subraya Valls, convencido de que es un paso imprescindible si se quiere ayudar de verdad a los migrantes. «Nosotros, además, consideramos que es importante la educación integral -añade- porque nuestra visión cristiana nos hace pensar en la persona al completo«. La mayoría de los alumnos es musulmana, con una diversidad enorme de pensamiento entre ellos. Su edad suele estar comprendida entre los 16 y los 20 años, y la mayoría son chicos, los hermanos mayores de familias que han preferido apostar por un futuro en Europa.

El hecho de que haya «menas» de 20 años se explica por el vacío legal que existe actualmente. Ha transcurrido el tiempo desde que llegaron pero se les sigue considerando «menas» para no dejarlos abandonados. El Estado calcula que hoy los «menas» superan los 15.000 en toda España.

El centro de los salesianos ocupa la planta baja de un edificio en el popular barrio de La Mariola, en Lleida. Para los programas ocupacionales y los cursos de alfabetización de los menores se requiere el trabajo coordinado de unas 7 personas, calcula Valls, quien dispone de un equipo de 26 trabajadores y otros 26 voluntarios con quienes Salesians Sant Jordi además gestiona pisos de acogida, pisos de emancipación y centros abiertos desde los que se atiende a personas con dificultades de inserción.

«Entre estos menores hay de todo: chavales que aprovechan la formación al máximo y quieren labrarse un futuro, y chicos que no siguen los cursos. Pero nuestro cometido está en ayudar cuanto nos sea posible», explica Valls.

Esta ayuda práctica y palpable es una forma concreta de ayudar a los migrantes en la línea de lo que pide el Papa Francisco. Es poco en comparación con los miles de «menas» que hay en España pero sugiere cómo puede llevarse a cabo la acogida a estos menores que llegan al continente europeo. Más allá de las discusiones y palabras vacías, hay quien se remanga cada mañana para hacer que estos chicos tengan una oportunidad.


DANIELA SOTO INNES

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Tags:
infanciainmigrantessolidaridad
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