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¿Por qué los niños duermen peor que antes?

CHILD SLEEPING
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Padres que carecen de puntos de referencia, que luchan con niños cada vez más sensibles, podrían explicar el aumento de los trastornos del sueño

Basta con preguntar a los padres de generaciones anteriores para darnos cuenta de que los niños de hoy duermen menos que antes: tienen dificultades para conciliar el sueño, se levantan varias veces después de acostarse, se despiertan durante la noche o demasiado temprano…

“¡A mí nunca me habéis hecho eso!”, exclaman los abuelos, compasivos, ante los relatos de las irregulares noches de sus hijos y nietos.

Y no se trata de un olvido por su parte, como cuando olvidan todas las pequeñas molestias ligadas a la llegada de un nieto, tan grande es la alegría que les da al verlos entrar por la puerta. Nada de eso.

Los problemas de sueño en niños parecen acentuarse claramente desde hace algunos años. Un estudio publicado en enero de 2019 en la revista Sleep y realizado entre 2008 y 2015 con 2.541 mujeres y 2.118 hombres afirma incluso que, de media, el sueño de los niños está alterado hasta la edad de 6 años.

Una conclusión que no sorprende a Véronique Lemoine Cordier, psicóloga en activo desde hace veinte años, especializada en problemas vinculados a la ansiedad por separación y autora del libro Guide de survie à l’usage des parents (editorial Quasar).

En una entrevista con Aleteia, esta psicóloga explica las razones que, según ella, alteran el descanso de los pequeños.

Padres hipertolerantes

Véronique Lemoine Cordier subraya también que, desde hace una década, el umbral de tolerancia de los padres ha aumentado considerablemente. A la pregunta de “¿duerme bien vuestro hijo?”, los padres responden afirmativamente, sin explayarse demasiado.

Sin embargo, a medida que avanza la entrevista, la psicóloga escucha que el niño se despierta, se levanta varias veces durante la noche o necesita que uno de los padres esté en la habitación para conciliar el sueño.

“Está claro que a los padres les faltan referentes”, asegura Véronique Lemoine Cordier. “Ya no saben lo que significa dormir bien”, por defecto de transmisión, porque leen una cosa y la contraria en las revistas, o por comparación: el hijo de la vecina vocifera a partir de las 5 de la mañana, así que se contentan con que su hijo no se despierte antes de 6 horas.

Sin embargo, este umbral de tolerancia, mucho más elevado hoy que hace diez años, abre la puerta a malos hábitos, en detrimento de un buen descanso.

Así que, ¿qué queremos decir cuando hablamos de “dormir bien”? Según Pour Véronique Lemoine Cordier, un niño, a partir de los 3 meses (incluso 6 meses para los lactantes), si no tiene problemas de salud, es capaz de dormirse solo y del tirón y balbucear un poco en su cama por la mañana antes de que sus padres vayan a buscarlo. Una definición que quizás deje estupefactos a los padres más agotados.

Niños hipersensibles

La excesiva tolerancia de los padres no es la única responsable de las dificultades que encuentran los niños para dormir. Hay que sumarle una sensibilidad exacerbada de los niños de hoy día.

“Los niños son cada vez más sensibles. Con mucha precocidad se vuelven competentes, pero también son muy vulnerables a las inquietudes y sienten más la inseguridad del mundo en el que viven. Y perciben muy bien el margen de maniobra que dejan sus padres”, precisa Véronique Lemoine Cordier.

Una hipersensibilidad que a veces dificulta la distinción entre angustia y capricho. “Con los problemas de sueño –explica la psicóloga– siempre hay dos componentes: una angustia de separación Y los caprichos. El porcentaje entre los dos varía de un niño a otro. No obstante, hasta los siete años, básicamente es la angustia de separación la que está en el origen de los problemas de sueño”.

“En la actualidad, veo cada vez más niños que no han vivido realmente acontecimientos que les hayan generado angustia, sino que son malos hábitos y caprichos los que les generan las perturbaciones de sueño, invalidantes para el niño y para la familia”.

Tranquilizar y mostrar firmeza

La identificación de los dos componentes de los trastornos del sueño, la ansiedad y los caprichos, permite encontrar soluciones: primero, tranquilizar al niño para calmar la ansiedad, luego, mostrar firmeza para evitar los caprichos repetidos. “Si bien es importante empezar por tranquilizar al niño, es igualmente importante mostrarle los límites que con su edad ya es capaz de respetar”.

Algunos ejemplos de palabras tranquilizadoras son: “Nos vemos mañana por la mañana”, “Papá y yo seguimos queriéndote durante la noche”, o incluso “Aquí estás seguro, puedes estar completamente tranquilo”.

Una vez que la angustia se neutralice, el capricho quizás persista solo, pero ya no es aceptable. Entonces ya solamente está en manos de los padres el negarse a contar el enésimo cuento o a volver de nuevo al dormitorio del niño.

“La firmeza transmite calma al niño y le permite madurar”, explica Véronique Lemoine Cordier.

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