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¿Qué es lo más importante para ti?

FAMILY
Shutterstock
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¿Es la familia? ¿Y entonces, por qué te quejas de tu rutina, del día a día de la vida familiar?

Cuando alguien nos pregunta: para ti ¿qué es lo más importante? con frecuencia la respuesta es “mi familia”. Y es que es verdad, lo que más nos importa son las personas que amamos y somos conscientes de la importancia de las relaciones familiares, de lo bueno que es poder contar con la familia.

Entonces ¿por qué, a la vez, nos quejamos tanto de la vida que llevamos? ¿Por qué tanta insatisfacción, tanto descontento que lleva a unos a poner fin a su vida familiar y a otros a asumir que no se puede esperar más de la vida, que hay que resignarse a vivir a disgusto y seguir tirando porque “es lo que toca”? ¿Qué nos pasa?

Nos pasan muchas cosas; sin duda el ritmo de vida que llevamos no ayuda a valorar lo importante, porque estamos demasiado ocupados con lo urgente; y cada día nos encontramos desbordados con todos los frentes que tenemos que cubrir en casa, en el trabajo y en los imprevistos que no faltan; y así llegamos a la noche agotados y sin habernos podido parar a disfrutar de lo bueno que supone la vida familiar porque sólo hemos padecido la rutina, que suele ser el objetivo de casi todas las críticas: “no estoy a gusto, esta vida de rutina no es lo que yo quería”.

Pero ¿qué forma esa rutina? Despertarse al lado de tu marido/tu mujer, tus hijos, las personas que amas; compartir con ellos desayunos, comidas, cenas, baños, conversaciones y peleas; ayudar a cumplir las obligaciones: colegios, trabajo, deberes, tareas domésticas; compartir los momentos de descanso: juegos, salidas, vacaciones, películas, libros; y también los ratos de estar juntos sin hacer nada; nada, pero juntos.

Pues todo esto forma parte de la rutina; y, sin duda, puede ser muy cansado. Pero ese cansancio, muchas veces, nos impide ver lo importante que es compartir esos momentos. Tal vez incluso sólo nos damos cuenta de lo importante que es todo eso para nosotros cuando estamos en riesgo de perderlo.

Y así, por ejemplo, cuando en el horizonte aparece la posibilidad de una separación, ambos padres dicen: quiero la custodia compartida porque para mí es fundamental desayunar con los niños, llevarles al colegio, ayudarles con los deberes, leerles un cuento, tener tiempo de que me cuenten sus cosas…

Claro que es fundamental: pero no esperes a estar en riesgo de perderlo para darte cuenta de lo importante que es y de la suerte que tienes de poder vivirlo. 

Una ayuda para valorar y apreciar lo pequeño es decirlo en voz alta: ¡qué bueno poder merendar juntos! También ayuda decir lo que queremos decir, en lugar de quejarnos: porque muchas veces las quejas son un grito de amor; pero en vez de decir ¡os necesito, me gustaría poder pasar con vosotros todo el tiempo que quiero pero no puedo! Decimos ¡aquí no hay quien viva!

También ayuda a vivir mejor procurar quitarnos la autoexigencia de querer ser perfectos y asumir que no lo somos; y saber que el cansancio nos afecta y nos lleva a ver las cosas de forma negativa y, fácilmente, eso nos distancia de los demás. Si estamos así, cansados y desilusionados, vamos a procurar dar pequeños pasos y a recuperar la cercanía con gestos de cariño, un rato juntos aunque sea en silencio, dándonos permiso para mostrarnos frágiles y necesitados de cuidados.

Navidad es un buen momento para recuperar lo esencial, y lo esencial es el amor: querer a los nuestros y dejarnos querer por ellos.

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