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Cómo evitar que una madre llegue al agotamiento

EXHAUSTED
Shutterstock-Antonio Guillem
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La acumulación de tareas y la sensación de que está sola en la batalla son un peligro real. Veamos cómo se detecta el "burnout" y se remedia o se previene.

Cuando se casa y forma una familia, la mujer adquiere una dimensión distinta. Se fortalece en todos los campos, se enriquece en el terreno personal y afectivo, encaja las piezas en el terreno profesional, toma decisiones que condicionan su maternidad y como consecuencia de ella su ser por entero…

Transcurre el tiempo y desde el momento en que una es madre comienza a viajar por la vida con una lista de ocupaciones y preocupaciones: desde la compra hasta la agenda escolar de los hijos, desde el calendario de vacunaciones hasta la reunión con un profesor para aclarar el comportamiento del adolescente… ¡Y todo esto sin contar con las preocupaciones del trabajo fuera de casa!

Puede ocurrir que la mujer, llegados a un cierto punto, se encuentre con un peso (no físico pero sí moral) que le excede. Si uno se fija (y a veces son las amigas quienes lo detectan o un familiar, pero raramente el marido), puede observar varios síntomas.

Aquí enumera algunos José Luis Galdón, experto en cuestiones de pareja y familia desde hace más de 15 años y director del Centro de Atención Familiar Athlos, de Valencia:

  1. En el arreglo personal no va tan cuidada como antes: dice que no le da tiempo a ir de compras, distancia el paso por la peluquería… y lo más importante, está disgustada por esto que le sucede.
  2. Se queja del marido porque no le presta atención:  aunque puede parecer egoísmo por su parte, hay que analizar qué grado de razón tiene.
  3. Ansiedad o insomnio: se levanta con la sensación de estar cansada y sin alegría para afrontar el nuevo día.
  4. Tiene la sensación de que todo se pone en su contra. Se enfada consigo misma y con los que le rodean por no llegar a todo.
  5. Discusiones frecuentes con la pareja por cualquier motivo: se llega a las faltas de respeto en las discusiones.
Cuando algunos de estos síntomas aparecen, es necesario parar y afrontar la situación hablando con el marido/la mujer, señala Galdón, ya que el matrimonio es “cosa de dos” y esto es lo nuclear.
“Habrá que analizar los fallos que hemos podido tener en nuestra relación y tratar de solucionarlos. Si vemos que no encontramos la solución, será bueno que nos dejemos ayudar por los profesionales adecuados”, señala el experto.

Evitar que aparezca la “superwoman”

La situación de agotamiento, de “estar quemada” y haber llegado al límite de las posibilidades obliga a que las mujeres reflexionemos también sobre nuestro modo de afrontar la vida, en cuanto al sentido que damos a las cosas y en cuanto al papel que nos otorgamos en el quehacer cotidiano.
“Hay que tener en cuenta -explica Galdón- que la mujer suele sentirse y actuar como  “superwoman” y eso al marido le favorece bastante. Es un error, aunque es muy frecuente. Las mujeres suelen llevarse al trabajo la fiebre del pequeño, las malas notas del segundo, y todos los problemas familiares y esto supone un auténtico agobio”.
© Kzenon
Por el contrario, “el hombre suele funcionar con bastante facilidad en modo trabajo, modo familia, modo amigos, etc. y cambia fácilmente de un modo a otro, pero no se interfieren”. Es la famosa metáfora del armario con varios cajones que no se comunican entre sí.
El hombre, cuando está en un cajón, está inmerso en él y solo en él. Una mujer, en cambio, establece relación entre todos los asuntos de todos los ámbitos de la vida.

Qué hacer para evitar el agotamiento

Como sugerencias prácticas, José Luis Galdón propone:
1. Distribuir entre los dos (y en la medida que puedan los hijos), las tareas del hogar y si es necesario delegar las que sean menos importantes. La casa es de los dos (y de los hijos), y así deben de sentirla.
2. Hablar entre los dos y organizar este reparto de tareas.
3. Hacer seguimiento de las mismas y corregir según convenga.
4. Tener a la semana un rato para estar solos y poder resolver los asuntos que se vayan presentando, además de disfrutar de la compañía del otro.
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