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La primera Navidad en tierras de América

COLUMBUS
Shutterstock-AnutaBerg
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¿Qué ocurrió la noche del martes 25 de diciembre de 1492?

La noche de aquel martes 25 de diciembre de 1492, Día de Navidad, en las costas de La Española (la isla del Caribe que ahora comparten República Dominicana y Haití), el almirante Cristóbal Colón dormía profundamente en la carabela *Santa María*, tras dos días y una noche sin haber podido conciliar el sueño y víctima de un cansancio extremo.

Ese día, la mar estaba en calma. Los españoles celebraron por la mañana la Navidad del Señor y, más tarde, habían navegado con poco viento desde Santo Tomé hasta la Punta Santa. Como a las once de la noche del 25 de diciembre, Colón fue despertado súbitamente por un fortísimo golpe. La *Santa María* había encallado y una vía de agua se le había abierto en un costado.

La causa del accidente la tuvo, por un lado, la calma y por el otro, el descuido, la desobediencia a las órdenes del Almirante. Fray Bartolomé de las Casas lo describe así:

Como fuese calma, el marinero que gobernaba la nao acordó irse a dormir, y dejó el gobierno a un mozo grumete, lo que mucho siempre había el Almirante prohibido en todo el viaje, que hubiese visto o que hubiese calma: conviene a saber, que no dejasen gobernar a los grumetes.

Colón estaba seguro de que había en esas costas bancos y peñas, puesto que navegando a su vera los había descubierto. Pero la calma en que se encontraba el mar, su somnolencia y la del timonel motivaron el práctico hundimiento de la carabela.

Pronto mandó a tierra a Diego de Arana, de Córdoba, alguacil de la Armada, y Pedro Gutiérrez, repostero de la Casa Real, para aceptar del “rey” de los naturales la posada que les había ofrecido el sábado anterior. Éste no solamente los recibió, sino mandó canoas con su gente para sacar todo lo que pudiera aprovecharse de la Santa María.

La buena disposición de los indígenas y el hecho que hubiese sucedido el accidente el día de Navidad, hizo pensar al Almirante que el asunto había sido providencial “y que con este naufragio, Dios había mostrado su voluntad de que algunos hombres fundaran una villa en la que establecerse en ese preciso momento”, comenta Francisco José Gómez en su *Breve historia de la Navidad.*

El comentario de Colón fue: “Nuestro Señor había hecho encallar la nave para que hiciésemos asiento allí”. Y con 38 hombres (que, además, no todos podrían regresar a España en la carabela que les quedaba, la *Niña, *pues a la *Pinta * se la había llevado el ambicioso Martín Alonso Pinzón hacia lo que él consideraba el yacimiento del oro de los indígenas), al mando de Diego de Arana, fundó el Fuerte de Navidad.

Cristóbal Colon escribió ese día de la primera Navidad celebrada en América a los Reyes Católicos Isabel y Fernando, en su *Diario de a bordo*, el carácter de los naturales de estas tierras, como primicia de la conquista espiritual que, posteriormente y de la mano de la Reina, comenzaría a instaurarse en América:

“…son gente de amor y sin codicia y convenibles para toda cosa, que certifico a Vuestras Altezas que en el mundo creo que no hay mejor gente ni mejor tierra: ellos aman a sus prójimos como a sí mismos, y tienen un habla la más dulce del mundo y mansa, y siempre con risa. Ellos andan desnudos, hombres y mujeres, como sus madres los parieron. Mas, crean Vuestras Altezas que entre sí tienen costumbres muy buenas, y el rey muy maravilloso estado, de una cierta manera tan continente que es placer de verlo todo, y la memoria que tienen, y todo quieren ver, y preguntan qué es y para qué… *

Pocos días más tarde, ya iniciado 1493, emprendería el viaje de regreso a España, maravillado de haber encontrado el camino a las Indias Orientales, sin tener idea de que éste iba a ser el continente donde florecería la cristiandad como en ninguno otro.

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