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¿Podrá llegar el día en que la migración deje de ser un salto al vacío?

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Inicia en Marrakech una importante cumbre en el aniversario 70 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Los recientes sucesos de las caravanas de migrantes centroamericanos, hacinados en la frontera de México con Estados Unidos, así como la constante crisis en el Mediterráneo, han vuelto a poner en la mira de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la necesidad de llegar a un acuerdo mundial hacia una migración segura y digna para todos.

En la actualidad existen cerca de 70 millones de personas que han sido obligadas por la violencia, la falta de oportunidades de empleo, la falta de alimento o las guerras intestinas, a abandonar sus países de manera forzada. Y frente a esta realidad, el mundo tiene que tomar decisiones importantes.

La conferencia que se celebra en Marrakech a partir del lunes 10 de diciembre –aniversario de número 70 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos– tiene ese objetivo. Lograr un primer acuerdo –ratificado por la mayoría de los miembros de la ONU– para ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados.

Mejorar la colaboración entre países

El texto del acuerdo, cuyo nombre oficial es Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, fue acordado por todos los Estados miembros de la ONU, el 13 julio de 2018, durante la Asamblea General, con la excepción de Estados Unidos.

Desde entonces, varios países se han desvinculado del texto a pesar de que no es legalmente vinculante y respeta la soberanía de los Estados para gestionar sus fronteras y sus políticas migratorias. El documento reconoce que, para aprovechar los beneficios de la inmigración y mitigar los riesgos y los retos que conlleva, “hace falta mejorar la colaboración entre países”.

El Pacto Mundial sobre Migración, es el primer acuerdo global para ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados. Se trata del primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional.

Un fenómeno internacional

El acuerdo hacia una migración segura, “refleja el entendimiento común de los gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó en ese entonces el Secretario General de la ONU, el portugués António Guterres.

El pacto se estructura en torno a 23 grandes objetivos. Entre esas metas, hay algunas genéricas como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal.

Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes sólo como última opción o reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación en sus países de destino.

No perseguir a los migrantes

Los estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, y garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter «exclusivamente humanitario».

Además, los Gobiernos prometen garantizar un regreso «seguro y digno» a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes se enfrentan a un «riesgo real y previsible» de muerte, tortura u otros tratos inhumanos.

El Pacto no es vinculante y deja claro que cada Estado “es soberano para determinar sus propias políticas en este ámbito”. Es un marco para cooperar y lograr los objetivos que los propios países acordaron dos años antes en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes.

Los que se “bajaron” de lo que habían firmado

El anterior presidente de la Asamblea General Miroslav Lajčák destacó, en julio, que el pacto “no incentiva la migración y no trata de impedirla”. El documento “no dicta, no impone y respeta totalmente la soberanía de los Estados”, puede proporcionar “una nueva plataforma de cooperación” y es un recurso para “encontrar el equilibrio entre los derechos de las personas y la soberanía de los Estados”.

Poner en marcha el pacto, explicó, supone cambiar “del modo reactivo al proactivo”. Es decir, cambiar el fenómeno migratorio de una amenaza a la soberanía de los estados, a una cooperación para el desarrollo de los mismo, desde una perspectiva humanitaria

Hasta ahora, primero Estados Unidos y luego Austria, Hungría, Polonia, Estonia, Bulgaria, República Checa, Israel, Australia y Chile se han “bajado” del Pacto argumentando, entre otras cuestiones, que es “incompatible” con su soberanía o que podría tener un efecto de incitación de la inmigración ilegal.

Decepción general

La representante especial para la migración internacional, Louise Arbour, que preside la conferencia de Marrakech, recordó que “todos estos países estaban en la mesa cuando se adoptó el Pacto Mundial” y considera que “su política exterior y el espíritu del multilateralismo se ven muy seriamente afectados” si se desvinculan de un documento que acordaron hace unos pocos meses.

La Alta Comisionada para los Derechos Humanos, la ex presidente de Chile Michelle Bachelet, también se ha declarado “muy decepcionada” y piensa “que lo que pasa hoy es que muchos líderes, en lugar de dirigir y dar ejemplo prefieren mirar las encuestas para ver si la gente teme a la inmigración”.

Aún así, Arbour recuerda que “una abrumadora mayoría de los Estados miembros de la ONU apoyan este proyecto cooperativo”. Con ellos podría comenzar una nueva era de las migraciones humanas, seguras, ordenadas y, sobre todo, estableciendo como premisa la hermandad entre las personas, más allá de la razones eminentemente políticas.

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