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Papa Francisco: ¿Haces bullying o haces la paz?

George Rudy - Shutterstock
2. Sorridere spesso

Madre Teresa diceva che “la pace inizia con un sorriso”.
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Una invitación a hacer la paz imitando a Dios, haciéndose humildes y sin hablar mal ni lastimar, en la homilía en Santa Marta

Prepararse para Navidad buscando construir la paz en el alma, en la familia y en el mundo. Es la exhortación del papa Francisco en la homilía de la misa en la Casa Santa Marta.

Hacer la paz -recuerda- es como imitar a Dios, haciéndose humildes, sin hablar mal de los demás o lastimarlos. Su reflexión surge de la Primera Lectura de la liturgia de hoy (Is 11,1-10) y del Evangelio (Lc 10,21-24).

En palabras de Isaías hay una promesa de cómo serán los tiempos cuando venga el Señor: “el Señor hará la paz” y “todo estará en paz”, recuerda el Papa.

Isaías lo describe con “imágenes algo bucólicas” pero bellas: “el lobo habitará con el cordero”, “el leopardo se recostará junto al cabrito” “y un niño pequeño los conducirá”.

Esto significa -explica Francisco- que Jesús lleva una paz capaz de transformar la vida y la historia y por eso es llamado “Príncipe de la paz”, porque viene a ofrecernos esta paz.

Pedir al Príncipe de la paz que nos pacifique el alma

El tiempo de Adviento es, por lo tanto, precisamente “un tiempo para prepararnos para esta venida del Príncipe de la paz. Es un tiempo para pacificarse“, exhorta el Papa.

Se trata de una pacificación primero que nada “con nosotros mismos, pacificar el alma”. “Muchas veces nosotros no estamos en paz” sino “ansiosos”, “angustiados, sin esperanza”.

Y la pregunta que nos hace el Señor es: “¿Cómo está tu alma hoy? ¿Está en paz?”. Si no lo está, el Papa exhorta a pedir al Príncipe de la paz que la pacifique para prepararse para el encuentro con Él.

Nosotros “estamos acostumbrados a mirar el alma de los demás” pero -es la invitación del Papa- “mira tu alma”.

Pacificar la familia: ¿hay puentes o muros?

Luego, es necesario “pacificar la casa”, la familia. “Hay muchas tristezas en las familias, tantas luchas, tantas pequeñas guerras, a veces tanta desunión”, observa Francisco.

E invita, también en este caso, a preguntarse si la propia familia está en paz o en guerra, si uno está contra el otro, si hay desunión, si hay puentes o “muros que nos separan”.

Preguntar a los niños: haces bullying o haces la paz

El tercer ámbito que el Papa pide pacificar es el mundo donde “hay más guerra que paz”, “hay mucha guerra, mucha desunión, mucho odio, mucha explotación. No hay paz”:

¿Qué hago yo para ayudar a la paz en el mundo? “Pero el mundo está demasiado lejos, padre”. Pero ¿qué hago yo para ayudar a la paz en el barrio, en la escuela, en el lugar de trabajo? ¿Yo tengo siempre alguna excusa para entrar en guerra, para odiar, para hablar mal de los demás? ¡Esto es hacer la guerra! ¿Soy manso? ¿Busco hacer puentes? ¿No condeno?

También, preguntemos a los niños: “¿Qué haces en la escuela? ¿Cuando hay un compañero, una compañera que no te gusta, es un poco odioso o es débil, haces bullying o haces la paz? ¿Buscas hacer la paz? ¿Perdono, todo?”.

Artesanos de paz. Se necesitan en este tiempo de Adviento, de preparación para la venida del Señor que es el Príncipe de la paz.

Hacer la paz es imitar a Dios

La paz siempre va hacia adelante, nunca se detiene, “es fecunda”, “empieza por el alma y luego vuelve al alma después de haber hecho todo este camino de pacificación”, subraya nuevamente el Papa:

Y hacer la paz es como imitar a Dios, cuando ha querido hacer la paz con nosotros y nos ha perdonado, nos ha enviado a su Hijo a hacer la paz, a ser el Príncipe de la paz.

Alguien puede decir: “Pero, padre, yo no he estudiado cómo se hace la paz, no soy una persona culta, no sé, soy joven, no sé…”.

Jesús en el Evangelio nos dice cuál debe ser la actitud: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños”.

Tú no has estudiado, no eres sabio.. Hazte pequeño, hazte humilde, hazte servidor de los demás. Hazte pequeño y el Señor te dará la capacidad para entender cómo se hace la paz y la fuerza de hacerla.

Detenerse frente a la posibilidad de una pequeña guerra

La oración de este tiempo de Adviento debe, por lo tanto, ser la de “pacificar”, vivir en paz en nuestra alma, en familia, en el barrio:

Y cada vez que nosotros veamos que existe la posibilidad de una pequeña guerra tanto en casa como en mi corazón o en la escuela, en el trabajo, detenerse, y buscar hacer la paz. Nunca, nunca herir al otro. Nunca.

“Y padre, ¿cómo puedo empezar por no herir al otro?”. “No hables mal de los demás, no lances el primer cañón”. Si todos nosotros hiciéramos solo eso -no hablar mal de los demás- la paz iría más lejos.

Que el Señor nos prepare el corazón para la Navidad del Príncipe de la paz. Pero que nos prepare haciendo nosotros de todo, nuestra parte, para pacificar: pacificar mi corazón, mi alma, pacificar mi familia, la escuela, el barrio, el lugar de trabajo. Hombres y mujeres de paz.

 

Por Debora Donnini

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