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¿Para qué sirve un noviazgo?

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Rock and Wasp - Shutterstock
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Un buen noviazgo no acaba necesariamente en boda

El noviazgo no es una etapa definitiva: es un periodo que debe servir para que los novios se conozcan suficientemente y para saber si quieren o no compartir un futuro juntos. Por tanto, un buen noviazgo no necesariamente acaba en boda sino que el noviazgo logrado es el que nos permite llegar a tomar la decisión libre y madurada de seguir adelante y casarnos o de romper nuestra relación.

¿Y qué hace falta para que un noviazgo pueda cumplir estos fines, de conocernos y decidir dar o no el paso de compartir la vida?

Por un lado, hace falta tiempo: no hay una medida que defina cuánto debe durar el noviazgo perfecto porque depende de muchas circunstancias (por ejemplo de la edad de los novios, de si tienen o no los recursos imprescindibles para dar el paso al matrimonio…) pero es necesario el tiempo suficiente para conocerse y para saber, a grandes rasgos, qué proyecto de vida nos planteamos juntos. 

Ahora bien, para conocerse no basta con pasar tiempo juntos: es necesario que en ese tiempo hablemos de lo que para cada uno es importante y eso sólo se consigue compartiendo momentos en los que poder hablar y escuchar al otro; sin interrupciones ni múltiples notificaciones (teléfonos, redes, likes….) que desvíen nuestra atención.

Para conocerse hay que pasar tiempo juntos, solos; pero también es necesario y muy importante no aislarse sino compartir tiempo y relacionarnos con familiares y amigos, para irnos conociendo en todas las facetas y circunstancias de nuestra vida.

RANDKI, KIEDY DAĆ DRUGĄ SZANSĘ
Pablo Merchán Montes/Unsplash | CC0

Además de tiempo, en un bueno noviazgo son necesarias la sinceridad y la confianza: es verdad que, al iniciar una relación, tendemos a mostrar lo más atractivo y positivo de nosotros mismos. Pero, para que la relación progrese, uno tiene que mostrarse tal cual es: ser uno mismo es muy importante porque si no el otro se estará enamorando de una imagen falsa de nosotros mismos, pero no de la persona que somos. Y para poder ser sincero con alguien es necesario que entre ambos se cree un clima de confianza: si no me fío de ti, ¿cómo voy a compartir contigo lo que para mí es importante? La desconfianza lleva a ponerse a la defensiva e impide que uno se muestre como es.  Por eso, en realidad, tiempo, sinceridad y confianza van unidos: hace falta tiempo para generar la confianza necesaria para poder mostrarse en sinceridad y verdad. 

La sinceridad se refiere no sólo a que expresemos lo que nos gusta o disgusta, a que dejemos ver nuestras virtudes pero también los defectos…sino que se refiere también a otro aspecto: hay que manifestar sin engaños qué tipo de relación queremos cada uno. No podemos dar por supuesto que los dos queremos lo mismo para un futuro juntos: por eso hay que hablar de si nos gustaría o no casarnos; y del concepto que tenemos del matrimonio: ¿entendemos los dos que es una relación de amor para siempre, fiel, fecunda? ¿o no?

¿Es esto lo que queremos compartir, o queremos una relación distinta? Porque para decidir libremente si quiero o no compartir la vida con una persona tengo que conocerla suficientemente y saber que compartimos los rasgos principales sobre los que queremos fundar nuestro proyecto de vida juntos.

Shutterstock

Si en el noviazgo somos sinceros, no faltará otro elemento esencial: los desencuentros y enfados. Un noviazgo sin enfados no es real: tienen que darse porque somos dos personas distintas, no podemos pensar igual en todo ni se trata de llegar a ser dos personas idénticas, sino de apreciar lo diferente y de aprender a llegar a acuerdos o, al menos, a respetar las opiniones y deseos del otro que no compartimos. Si no podemos resolver los desencuentros, o si hay cosas importantes que no podemos compartir, habrá que valorar si conviene o no continuar esa relación.

Dicho esto: si nos queremos, si hemos llegado a conocernos suficientemente y tenemos claro los dos que esta relación tiene sentido y que queremos compartir la vida, es el momento de dar un paso adelante. A veces puede dar un poco de vértigo: pero no podemos querer amarrar, asegurar y controlar todo porque amar es arriesgarse.

Pero un buen noviazgo nos da razones suficientes para poder tomar una decisión madurada y nos permite saber que nuestro amor es real y no una fantasía porque ya hemos experimentado que nos queremos de verdad, en los momentos buenos y en las dificultades.

 

María Álvarez de las Asturias es fundadora del Instituto Coincidir,especializado en el asesoramiento personal y familiar

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