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Papa Francisco: ¿Sabes cuáles son las tres formas de vivir la pobreza?

Makistock
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

En la misa hoy en Casa Santa Marta, el Papa habla de las tres formas de pobreza a las que está llamado el discípulo: la primera es la de dejar las riquezas, con el corazón desapegado del dinero. La segunda es la de aceptar las persecuciones, grandes o pequeñas, también las calumnias, por causa del Evangelio. Y la tercera pobreza es la soledad, sentirse solos, al final de la vida.

Su reflexión parte de la Oración Colecta, en la que se subraya que a través de san Lucas, Cristo quiso revelar su predilección por los pobres. El evangelio (Lc 10,1-9) habla del envío de los 72 discípulos en pobreza  – “no llevar bolsa, ni saco, ni sandalias” – porque el Señor quiere que el camino del discípulo sea pobre. El discípulo apegado al dinero o a las riquezas no es verdadero discípulo.

Toda la homilía del Papa Francisco se desarrolla en las “tres etapas” de la pobreza en la vida de los discípulos, las tres manera de vivirla. La primera es la de estar desapegados del dinero y las riquezas, y es “la condición para empezar el camino del discipulado”.

Consiste en tener un “corazón pobre”, tanto es verdad que “si en el trabajo apostólico hacen falta estructuras u organizaciones que parecen ser un signo de riqueza, úsenlas bien – pero desapegados”, advierte el Papa. El joven rico del evangelio, de hecho, conmovió el corazón de Jesús, pero no fue capaz de seguir al Señor porque tenía “el corazón apegado a las riquezas”.

“Si quieres seguir al Señor, elige el camino de la pobreza, y si tienes riquezas porque el Señor te las ha dado, para servir a los demás, pero que tu corazón esté desapegado. El discípulo no debe tener miedo de la pobreza, al contrario, debe ser pobre”, dice con claridad el Papa Francisco.

La segunda forma de pobreza es la de las persecuciones. En el pasaje del evangelio, el Señor envía a los discípulos “como corderos entre lobos”. Y también hoy hay muchos cristianos perseguidos por el Evangelio y calumniados.

Ayer, en el Aula del Sínodo, un obispo de uno de estos países donde hay persecución contó sobre un chico católico tomado por un grupo de muchachos que odiaban a la Iglesia, fundamentalistas; fue golpeado y arrojado a una cisterna y tiraban barro, y al final, cuando el fango le llegaba al cuello: “Dí por última vez: ¿renuncias a Jesucristo?” – “¡No!”. Tiraron una piedra y lo mataron. Lo escuchamos todos. Y esto no es de los primeros siglos: ¡es de hace dos meses! Es un ejemplo. Pero cuántos cristianos hoy sufren persecuciones físicas: “¡Oh, este ha blasfemado! ¡A la horca!”.

El Papa Francisco recuerda que hay otras formas de persecución: La persecución de la calumnia, de las maledicencias, y el cristiano está callado, tolera esta “pobreza”. A veces es necesario defenderse para no escandalizar… Las pequeñas persecuciones en el barrio, en la parroquia… pequeñas, pero son la prueba: la prueba de una pobreza. Es la segunda manera de pobreza que nos pide el Señor. La primera, dejar las riquezas, no tener el corazón apegado a las riquezas; la segunda, recibir humildemente las persecuciones, tolerar las persecuciones. Esta es una pobreza.

La pobreza de sentirse abandonado

Hay una tercera forma de pobreza: la de la soledad, del abandono. Da un ejemplo la primera lectura de hoy, tomada de la segunda carta a Timoteo, en la que el “gran Pablo”, “que no tenía miedo de nada”, dice que en su primera defensa en el tribunal, nadie le ayudó: “todos me abandonaron”. Pero añade que el Señor estuvo a su lado y le dio fuerzas.

El Papa Francisco habla del abandono del discípulo: como puede pasarle a un chico o chica de 17 o 20 años, que con entusiasmo dejan las riquezas para seguir a Jesús, después “con fortaleza y fidelidad” toleran “calumnias, persecuciones diarias, celos”, “las persecuciones pequeñas o grandes”, y al final el Señor le puede pedir también “la soledad del final”.

Pienso en el hombre más grande de la humanidad, y este título viene de la boca de Jesús: Juan el Bautista, el hombre más grande nacido de mujer. Gran predicador: la gente iba donde él para bautizarse. ¿Cómo acabó? Solo; en la cárcel. Piensen ustedes, qué es una celda y lo que eran las celdas de entonces, porque si las de ahora son así … Solo, olvidado, degollado por la debilidad de un rey, el odio de una adúltera y el capricho de una chica: así acabó el hombre más grande de la Historia. Y sin ir tan lejos, muchas veces en las residencias donde están los sacerdotes o las monjas que han pasado la vida en la predicación, se sienten solos, solo con el Señor: nadie les recuerda.

Una forma de pobreza que Jesús prometió al propio Pedro, diciéndole: “Cuando eras joven ibas adonde querías; cuando seas viejo, te llevarán adonde no quieres”. El discípulo es, por tanto, pobre, en el sentido de que no está apegado a las riquezas, y este es el primer paso.

Es también pobre porque “es paciente ante las persecuciones pequeñas o grandes”, y – tercer paso – es pobre porque entra en ese estado de ánimo de sentirse abandonado al final de su vida. El mismo camino de Jesús acaba con esa oración Padre: “Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?”.

El Papa invita por tanto a rezar por todos los discípulos, “sacerdotes, monjas, obispos, papas, laicos”, para que “sepan recorrer el camino de la pobreza como Dios quiere”.

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