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3 maneras para ayudar a tus hijos a combatir la autocrítica

CHILD LOOKING AT REFLECTION
Shutterstock
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¿Cómo vas a defenderte ante los demás si no te ves con buenos ojos?

Una de mis prioridades es que mis hijos sean respetados por los demás y sepan exigir que la gente los trate bien. Aunque no podamos controlar a los demás, al menos pueden aprender a decir: “No, no tienes derecho a faltarme al respeto”. Es una lección que todavía estoy asimilando y quiero que mis hijos vayan con ventaja para aprenderla.

Una gran parte de esta lección es aprender a tratarnos a nosotros mismos con el respeto, la amabilidad y el amor que merecemos. Después de todo, cuando no puedes hablar bien de ti, ¿cómo vas a saber defenderte ante los demás y exigirles que te traten con respeto?

Quiero evitar que mis hijos sean autocríticos en exceso porque los pensamientos negativos hacía uno mismo pueden causarles grandes daños.

Si no tienes claro por dónde comenzar con este tema, aquí hay tres maneras de evitar que el hábito de la autocrítica se les vaya de las manos a tus hijos… 

1. Establece una norma en casa: “Nadie tiene permiso para ser cruel contigo, ni siquiera tú mismo”.

A un niño que dice frustrado: “Odio esto. Hice un trabajo terrible. No valgo para nada”, en relación a un proyecto de arte o cualquier otra tarea del colegio, por ejemplo, se le puede recordar amablemente: “¡Oye, te quiero demasiado como para dejarte ser tan cruel contigo mismo!”.

Puedes explicar que tú nunca le tratarías así y que él tampoco debería hacerlo. ¿Existe una mejor manera de expresar la frustración? Cuando esté molesto consigo mismo, puedes ayudarle a expresar ese mismo sentimiento de una manera más amable. “Esto no me ha salido como yo esperaba y estoy decepcionado”, por ejemplo

2. Pon nombre al crítico interior 

La doctora Hazel Harrison sugiere poner nombre al “crítico que llevamos dentro”. Es una manera de ayudar al niño a imaginarlo como un monstruo que se hace más grande cuando lo alimentamos con la autocrítica negativa y cruel.

Cualquiera que sea el nombre que elija tu hijo para este “crítico interior”, escribe la psicóloga, esta táctica “le da a tu hijo el espacio para separar las palabras y acciones del monstruo de las suyas propias y darse cuenta cuando el crítico interior está trabajando. Esto les da la oportunidad de domar las palabras duras (…) que con el tiempo se convierten en hábitos”.

Cuando hayas establecido los cimientos nombrando a la bestia crítica, puedes ayudar a tu hijo a acostumbrarse a decir: “Ah, sí, así es como hablaría el mostruo. Pero ese no soy yo”. La crítica es mucho menos poderosa cuando se le planta cara.

3. Trabaja la inteligencia emocional

Acostúmbrate a describir tus propios sentimientos y ayuda a tus hijos a encontrar palabras para describir los suyos. Aprender a decir “me siento frustrado” (o decepcionado, avergonzado, enojado o triste) nos ayuda a recordar que experimentar un mal sentimiento es normal y que ese sentimiento no significa que haya algo malo en ti.

Podemos elegir qué hacer con el sentimiento, pero el sentimiento en sí es neutro, así que tener un buen vocabulario para las emociones ayuda a diferenciar los sentimientos de autocrítica constructiva y de autocrítica hiriente.

Identificar el sentimiento puede marcar la diferencia entre decir “Estoy realmente frustrada por el error que he cometido”, que expresa un problema temporal, y decir “Soy un fracaso”, que nunca es cierto, por muy frustrado que uno se sienta.

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