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Cómo manejar las malas emociones en el trabajo

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YAKOBCHUK VIACHESLAV - Shutterstock
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A veces pensamos que es mejor ignorar estos sentimientos negativos, pero es mejor afrontarlos para buscar una nueva perspectiva y convertir lo negativo en positivo

En nuestra vida personal, aunque no sea lo más idóneo, nos podemos permitir tener ciertos ataques de rabia o ansiedad, ¿pero qué hacer si nos sucede en una reunión de trabajo o en la oficina?

A muchos nos ha pasado que cuando estamos más cargados de trabajo es cuando nuestro jefe nos asigna más tareas, o a veces nos culpan injustificadamente de un error de otro compañero o alguien nos responde de muy mala manera… Entonces, ¿qué hacer cuanto nos invade la preocupación, la frustración, la rabia o la decepción y sentimos que queremos salir corriendo, gritar o llorar desesperadamente?

En caso de frustración

Es ese momento cuando sientes que nada está saliendo como esperabas o hay una traba que no te permite seguir adelante. ¿Qué hacer? Haz una pausa para identificar lo que realmente te está molestando, ya que si no fácilmente esa frustración se puede convertir en rabia.

Sé lo más específico(a) que puedas y trata de verle el lado positivo o abordar el problema desde otra perspectiva. Por ejemplo, habías quedado hacerle una presentación a tu jefe a las 10:00 am y ya habías organizado el resto del día pero él está retrasado y te está modificando todo tu cronograma. No lo veas como algo personal, quizá tiene una buena justificación y hasta él mismo se verá afectado también.

Aprovecha esos minutos para dar una última revisión al material o adelantar algo en lugar de estar pensando en lo desconsiderado que es tu jefe, eso solo alimentará tu frustración y hasta puede perjudicar tu desempeño. Recuerda la última vez que te sentiste frustrado(a) y reflexiona sobre si esa actitud colaboró con la solución del problema o solo te llenó de angustia.

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Arts illustrated studio - Shutterstock

Nervios y preocupación

Esto es algo “normal” sobre todo en este mundo moderno donde hay tantos países con dificultades económicas. ¿Aceptarán tu proyecto? ¿Corres peligro de ser despedido? ¿Los números no están dando? Son tantas preguntas que uno puede hacerse internamente que a veces se puede perder el control y llegar afectar nuestra salud mental.

La imaginación negativa puede jugarnos una mala pasada hasta crear casos crónicos de ansiedad. Para evitar llegar hasta este extremo, puedes hacer varias cosas. Respira profundo, aguanta unos segundos y exhala lentamente (repítelo cuantas veces sea necesario), esto hará que tu ritmo cardíaco baje.

Tampoco te rodees de gente que alimente esa ansiedad; por ejemplo, si ves que tus colegas están reunidos chismeando o elucubrando sobre lo que puede o no pasar o hablando mal de otra persona, mantente al margen y mejor enfócate en qué puedes hacer tú para mejorar la situación y rodéate de personas que te hagan sentir mejor y desarrollar tu potencial.

Bien dice el dicho que mejor que preocuparse, es ocuparse. Piensa cómo puedes ayudar a aumentar los ingresos o disminuir los gastos, si puedes hacer algo mejor o si simplemente debes tomar la decisión de buscar otro empleo y puedes ir arreglando tu hoja de vida y llamando algunos contactos que te puedan ayudar en esa búsqueda.

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Fizkes - Shutterstock

Rabia

Tú decides cómo reaccionas a los hechos y nadie te conoce mejor que tú mismo, así que si sientes que ya te está subiendo la cólera (te empieza a doler la cabeza, te pones rojo, te da taquicardia, etc), apártate para calmarte.

Supongamos que estás en medio de una discusión que se está tornando muy acalorada, busca excusarte de una forma elegante y disimulada para calmar las aguas o directamente dile a la persona que prefieres hablar del asunto más tarde cuando los ánimos estén más tranquilos. Respira profundo, enciérrate en el baño por unos segundos con los ojos cerrados, reza una oración, baja a caminar unos 5 minutos… lo que sea que te funcione para calmar poco a poco esa rabia, hazlo.

Incluso, si sabes que tendrás una semana ajetreada, programa para que un día hagas alguna actividad especial, bien sea un retiro espiritual a la montaña, una ida al cine, una clase especial en el gimnasio, una cena en un restaurante que deseabas conocer hace tiempo, una clase de pintura, etc.

La vida en general es un proceso de aprendizaje. No seas tan duro(a) contigo mismo(a) y pon en perspectiva también las otras cosas buenas que tienes, no sólo en el trabajo, sino también en lo personal, ya que esto ayudará a sacudirte lo negativo y usar esas emociones en motivaciones.

Decepción e infelicidad

Estas dos emociones suelen ser de las más comunes y las que más afectan a tu desempeño y productividad. Puede ser que te describieron tu trabajo de una forma y resultó ser de otra, o que no te dieron el aumento prometido o no pudiste cumplir con un proyecto en el tiempo estipulado y sientes que los defraudaste.

En estos casos, aunque suene tonto, hay que tratar de mantener la perspectiva y pensar que tanto en el trabajo como en la vida las cosas no siempre salen como planeamos y siempre habrá altos y bajos. No porque no hayamos logrado algo en ese momento lo debemos descartar, sino quizá abordarlo de otra manera para conseguir nuestro objetivo.

Por otra parte, siéntate a pensar lo que realmente te está haciendo infeliz: ¿es tu jefe? ¿son tus compañeros? ¿es el tipo de trabajo? ¿es que te sientes abrumado de tareas? Una vez que lo identifiques, habla con tus seres queridos y/o profesionales en la materia y, si es necesario, haz una especie de lluvia de ideas para ver cómo lo puedes resolver o valorar si debes hacer un cambio mayor. 

También para todos estos casos ayuda tener un espacio laboral agradable. Mantén tu escritorio ordenado, coloca adornos que te gusten o fotos que te traigan lindos recuerdos o te hagan reír (si te lo permiten) justo en esos momento de mayor estrés.

Y aunque esto pueda sonar un poco tonto o extraño, sonríe, así sea una sonrisa fingida en un comienzo, poco a poco verás cómo se vuelve más verdadera y contagiosa. Recuerda que no estás solo y puedes buscar ayuda entre tus amigos, familiares o colegas de confianza que hayan pasado por una situación similar o tengan más experiencia. Ellos verán todo con mayor objetividad.

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Stockfour - Shutterstock

No trates de ignorar estas emociones, sino verlas como transitorias y busca enfrentarlas, porque sí, lo más importante es reconocer que estás teniendo estas emociones negativas y hacer lo posible por no alimentarlas y esparcirlas.

Nadie quiere estar cerca de la persona que empaña al grupo y peor aún es cuando trasladas estos sentimientos del trabajo a tu casa, afectando todo tu entorno. Mientras más largas le des al asunto, más difícil te será salir de ese espiral de negatividad. ¡Ánimo, sí puedes!

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