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“Lo más difícil como venezolana es tener que ocultar mi acento en Panamá y callar”

VENEZUELANS

Carlos Rodríguez-ANDES-(CC BY-SA 2.0)

Carlos Zapata - publicado el 29/08/18

Una de las misioneras universitarias que coordinaba el envío de grupos venezolanos a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) habla con Aleteia de su experiencia tras migrar: “Te vuelves insensible, te acostumbras a la soledad, te sientes vulnerable”. Sin embargo, también se muestra agradecida con la gente buena que Dios puso en su camino y que la impulsa a salir adelante.

Habla con tristeza, afectada por las circunstancias propias de una migración forzada que le recuerda a diario su estadía en un país que no es el suyo. Mantiene la esperanza en el venidero encuentro con el Papa Francisco; pero advierte: no he hallado aún el abrazo de Iglesia tan propio de mi nación de origen.

“Cuando yo me vine a Panamá, la situación no estaba tan crítica. Después de algún tiempo, acá empezó ese proceso de regularización que busca cerrarle las puertas a la migración masiva que estaba llegando de Venezuela”.

“Gracias a Dios conseguí dónde trabajar en menos de 15 días. Pero sí he vivido otro tipo de situaciones: no te sientes parte del hogar y tienes que ocultar tu acento. A veces uno tiene que hacerse pasar por panameño, porque siempre hay gente a la cual le incomoda nuestra presencia aquí”. 

Dayana Parra es arquitecto de profesión. Estudió Marketing y se ha especializado en el manejo de redes sociales. Tiene 25 años de edad y desde que contó los 18 está vinculada con grupos juveniles en trabajo pastoral. Recuerda con nostalgia su función misionera. Tiene la convicción de que “Dios tiene un propósito muy particular con los jóvenes”.

“Más que salir a evangelizar, es uno quien debe ser evangelizado. Y descubrir si la formación en casa y en la parroquia funcionó. Esa es unas de las cuestiones que más me ha afectado, pues aunque nuestra Iglesia es universal, yo no he sentido aún comunidad aquí. La misión hoy es tú mismo te tienes que evangelizar”.

“Aún así, con el tema de la JMJ, de lo que se habla mucho aquí, no he sentido todo el calor de Iglesia. Ese ser Iglesia que uno vivía en su diócesis. Y son muchos los factores que intervienen a la hora de uno poderse adaptar a un lugar. Todo el mundo vive una historia diferente: si bien no me han tratado mal, uno sigue siendo un extranjero”.

“En la universidad nuestro principal propósito era enseñarles a los muchachos que la idea no era migrar, sino emprender en el país y seguir adelante. Pero llega un momento cuando uno nota cuán difícil es liberar a Venezuela de tanto daño y parte”.

“Cuando decidí viajar con otros compañeros a Panamá, lo vi inicialmente como un viaje preparativo de la JMJ; partimos con el ánimo de aventurarnos, como lo hicimos en Brasil, para conocer, compartir y ver qué ideas nuevas se podían traer a nuestro país para impulsar mejoras, sin imaginar todo lo que uno debería afrontaral estar fuera de su país”.

DAYANA PARRA
Gentileza Dayana Parra


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«Dios te conecta con gente buena»

“Quizá por ese movimiento en que estaba Panamá, de que todo el que venía aquí lo hacía para robar, se generó un sentimiento de rechazo generalizado. Y en verdad nos afecta”.

“Cuando regreso a los tres meses a Venezuela, veo a una nación más decaída. Tienes miedo a que te roben, que te puedan quitar algo; regresar con el mismo miedo me hizo tambalear… Y eso me llevó a cuestionarme con respecto a si en verdad quería continuar; y luego preguntarme si habría paros de nuevo; el hecho de que tú ya no puedes aportar económicamente a casa; o no en la forma como debería”.

“Eso nos hace cambiar la visión. Fui bendecida porque como Community Manager, la empresa me pagó incluso cuando no estaba allá… Nadie te dice: ¡te sigo pagando, vete para Venezuela y regresa! Pero ellos lo hicieron conmigo, y doy gracias a Dios por eso. Les dije que iba a Venezuela a renovar mi pasaporte, pero iba era por clases. No obstante, volví…”.

“La situación en Panamá es la misma que se repite en otros países: muchos se aprovechan de tanto venezolano emprendedor que se desenvuelve al mismo tiempo en áreas diferentes. Algunos se vuelven ambiciosos y te ponen a hacer mil cosas a cambio de una paga miserable. Al menos según sus propios estándares”.

“Por otro lado, son muchos los que no quieren ver a venezolanos aquí. Sienten que no debe haber extranjeros y eso lleva a que en la calle tú tengas que evitar que se escuche tu acento. Sientes que es importante callar, pero físicamente terminan reconociéndote”.

Cuando aumentaron los controles hacia la migración de venezolanos, se hizo mucho más difícil regularizarse. Eso llevó a que la mayoría acabara por inscribirse en universidades para tener acceso a la visa de estudiante, cuyo permiso dura un año”.

También es común el hacinamiento; algo que se convirtió en uno de los “negocios más lucrativos: alquilan una casa y meten en una habitación a seis personas; si la casa tiene cuatro habitaciones, en ella convivirán hasta 24 personas. Pasa mucho. La necesidad lleva a que muchos venezolanos lo acepten”.

“Alimentados por xenofobia y temor, en ciertos casos fundado: tampoco quieren aceptar peregrinos en su casa. Y es una verdadera lástima”. Abren sus puertas al mundo, al exterior, pero no a los extranjeros que ya tienen en casa.

“Existe miedo de que el peregrino les va a robar, o que se va a quedar; hay todavía mucho recelo. En cuanto a la organización de la JMJ, son muchas las actividades, hay varias comisiones para trabajar. He tenido el agrado de estar vinculada a ello”.

“Aunque admito que con las dificultades ‘te vuelves insensible, te acostumbras a la soledad, te vuelves amargado, te sientes vulnerable, no sabes en quién confiar’, me mantengo aferrada a Dios y a la Virgen, esperando que la visita del Papa sea una oportunidad para sentir el abrazo de Iglesia que tanto nos caracteriza”.

«Sin embargo, Dios da la oportunidad de poner a personas correctas en tu camino y te conecta con gente buena que quiere apoyarte y te impulsa a salir adelante. A pesar de las dificultades que se encuentran en el camino, hay quienes te acogen, te acompañan y te regalan una palabra de aliento a diario para que no desfallezcas.  Estamos muy agradecidos con los que no miran de dónde vienes, o si vienes a trabajar y vivir con ellos, solo te abrazan y entienden que saliste a buscar un futuro para sostener a tu familia», sentencia.


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