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Cómo ayudar a tus hijos a manejar el nuevo universo de estrés del regreso a la escuela

TEENAGE, GIRL, STRESS
Shutterstock
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Los niños de hoy en día se enfrentan a una serie de preocupantes elementos estresantes diferentes de los de nuestra infancia, y es importante hablar de ello

Cuando empecé mi educación secundaria, mis mayores preocupaciones eran las siguientes: si mis vaqueros de tiro alto eran lo bastante altos; si encontraría la carpeta perfecta donde poner todos mis recortes de revistas; si dejarían de salirme granos en la frente, al menos una semana antes de que empezaran las clases; qué gomillas de colores debería poner en mis aparatos dentales para celebrar el inicio de un nuevo curso.

Eso era todo. Ahí estaba contenido todo mi mundo de preocupaciones preadolescentes, unas inquietudes que estoy segura eran más profundas y complejas de lo que yo recuerdo pero que, a toro pasado, parecen relativamente triviales.

Para mi hija de 12 años, el mundo es diferente.

Estas son sus principales preocupaciones: si se van a burlar de ella sin piedad por ser la única estudiante de secundaria del universo conocido sin un iPhone propio; si se encontrará con otro abusón o abusona que haga de sus días de clase una auténtica pesadilla; si la humillarán y se reirán de ella por estar “gorda”, porque no tiene una talla 34; si los chicos la presionarán para que les mande fotos de desnudos suyos; si le dispararán en la cabeza cualquier mañana de martes.

¿Notáis la diferencia? Seguro que sí. Y también lo nota la revista Forbes, que hace poco publicó un artículo sobre la diferencia entre el estrés de volver a la escuela para los niños actuales y el estrés de cuando nuestra generación tenía su edad.

Cuando pienso en mi juventud, puedo recordar las mariposas en mi estómago cuando aparcábamos delante del colegio en mi primer día del fin del verano. ¿Llevaba el jersey de pico apropiado? ¿Mi flequillo estaba lo bastante alisado? ¿La señorita Carroll me haría pasarlo mal en clase de matemáticas? Estos solían ser temas importantes y no digamos ya el enterarme de que no tenía la misma pausa para el almuerzo que mis mejores amigas, aquello era ya el fin del mundo.

Sin embargo, los niños de hoy en día se enfrentan a problemas muy diferentes y nosotros, como padres, tenemos que estar preparados para eso. No podemos limitarnos a darles la misma charla de motivación que nos daban a nosotros en nuestra infancia. No es fácil para ninguno de nosotros hablar de estos temas, pero son los problemas reales que preocupan a nuestros hijos diariamente. No debemos restarles importancia. Hay que afrontarlos, y juntos.

El mencionado artículo de Forbes revisa una lista donde destaca los principales elementos de estrés que afectan a nuestros niños y la importante magnitud que tienen en comparación con los estresantes de nuestra adolescencia y preadolescencia.

En conjunto, los consejos que da son sólidos. También es el mismo sentido común que la mayoría de padres lleva años siguiendo, así que todo se reduce a un elemento esencial: no mintáis a vuestros hijos.

No les digáis que gustarán a todos los que conozcan en la escuela y que todo el mundo será agradable con ellos. Es mentira: no caerán bien a algunos niños. No caerán bien a algunos profesores. E independientemente de los lugares adonde vayan en toda su vida, siempre habrá alguien desagradable.

No les digáis que lo que sus amigos publican en Instagram y Snapchat no es importante. No les digáis que no es real y que pueden ignorarlo: Instagram y Snapchat son los nuevos patios de recreo del colegio. Las cosas que pasan ahí son reales y sí importan, a veces importan tanto que los niños se suicidan a causa de ellas.

No les digáis que están a salvo. No están a salvo. Si algo hemos aprendido aquí en Estados Unidos en los 19 años que han pasado desde la masacre de Columbine es que nuestros hijos no están a salvo en la escuela. No importa qué escuela sea ni dónde esté, ni siquiera en una guardería de una escuela de familias pudientes en Connecticut están a salvo los niños de ser tiroteados y asesinados en sus clases una mañana de viernes.

En vez de mentirles, deberíais decirles lo siguiente. Decidles que no caerán bien a algunas personas y que no todo el mundo será amable con ellos. Que eso sucederá durante toda su vida y que no pueden controlar a otras personas, pero que sí pueden controlar sus propias reacciones. Así que enseñadles a ser educados y amables igualmente, a responder a la ira con bondad y luego a seguir adelante con sus vidas.

Decidles que lo que ven en Instagram y Snapchat quizás sea real, pero que solamente es un momento real de la compleja y caótica vida de alguien. Recordadles que la misma persona que tiene un aspecto perfecto en esos “momentos” congelados también ha pasado tiempo llorando sobre su cama o dentro de un armario o boca abajo sobre un charco de refresco. Recordadles que ningún ser humano es perfecto… y luego hacedles reír recordándoles que todo el mundo se tira pedos. Quizás sea vulgar y tonto, pero es cierto, y es un antídoto necesario y efectivo contra la perfección filtrada de los medios sociales.

Por último, decidles que es cierto que no están seguros en la escuela, pero también es cierto que no están seguros en ninguna parte. Las armas son una forma de vida en Estados Unidos y eso no es algo que se pueda cambiarse rápidamente. Sin embargo, al igual que las bombas que caían del cielo eran algo cotidiano para los londinenses durante el Blitz en la Segunda Guerra Mundial, solo tenemos una opción: continuar con la vida mientras luchamos por cambiar las leyes, cambiar el paisaje y cambiar el mundo.

No es un cuento para dormir con un final feliz, pero es mucho más reconfortante que eso: es la verdad que nuestros hijos quieren, y necesitan, escuchar de nosotros.

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