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¿Es posible descansar (de verdad) en vacaciones?

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Kudla I Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 17/08/18

He soñado con un tiempo tranquilo, sin peleas, sin crisis... y a veces mis vacaciones están llenas de momentos de tensión

A veces no puedo descansar aunque lo intento. Quiero descansar pero no lo consigo. Idealizo las vacaciones, igual que idealizo el fin de semana.

Es como si todas mis fuerzas las concentrara en la oportunidad de descansar que se me brinda. Pienso que lo voy a lograr. Creo que va a ser un tiempo maravilloso. Planeo mis vacaciones soñadas. Pero luego nada es tan ideal como pensaba.

O me creo con derecho al descanso. Me rebelo contra la injustica. Tengo derecho al descanso. Tengo derecho a tener unas vacaciones dignas, maravillosas, plenas.

No sucede. Tengo que cambiar los planes. O se reduce el tiempo de mi descanso. O no tengo suficiente dinero para hacer lo que me gustaría. O tengo que cargar con personas con las que no contaba. O con personas a las que amo pero que a veces me cuestan.

¿Hay un lugar de descanso ideal en mis sueños infantiles? ¿Tengo en el corazón una imagen de cómo deberían ser mis vacaciones?

He soñado con un tiempo de solaz, con un tiempo sin tensiones, sin peleas, sin crisis. Y a veces mis vacaciones están llenas de momentos de tensión.

Creía que todo iba a estar controlado y no lo está. O no descanso tanto como quisiera porque tengo que cuidar de los míos. O me veo forzado a renunciar a mis planes por aceptar de buena gana los de otros.

No sé cómo hacer para que mis vacaciones sean las mejores. Me frustro al no lograr lo que deseo. Huyo por mar. Me encuentran por tierra. Busco la soledad. Y no puedo estar solo. Tengo que aprender a vivir mejor mi vida.

Comenta el padre José Kentenich: “Un santo de la vida diaria da una forma santa a la cotidianidad, vive santamente a lo largo de toda la semana y le imprime el sello de la santidad a todo lo que hace: a sus alegrías y cuitas, a sus trabajos y descanso, a su oración, a su conversación, a su caminar. Todo lo hace, por amor, extraordinariamente bien, santamente”[1].

Quiero vivir con alegría el trabajo y el descanso. Sacando lo mejor de la rutina. Descansando en medio de un trabajo exigente y duro.

Si no aprendo a disfrutar de la vida los días de diario es difícil que disfrute los días de fiesta. Un sello de santidad impreso en todo lo que hago. Con la mirada puesta en el cielo. Con los pies atados a la tierra.

Todo el día bendiciendo, predicando, sanando. Y al buscar el descanso encontrar que también ahí me habla Dios. Aunque no descanse tanto como quisiera. No importa.

Lo que de verdad merece la pena es descansar cada día. Mi rutina es descanso. Y mi descanso es entrega.

En vacaciones no aspiro a vivir un tiempo idílico, de ensueño. Un tiempo en el que nada me preocupe y nadie me moleste. A lo mejor ni siquiera podré hacer vacaciones.

Por eso es tan importante que descanse en mi día normal. Que sepa vivir lo ordinario como un tiempo santo con el Señor en el que cargo el corazón de su presencia. Sólo estar con Él ya me descansa.

Buscar momentos lúdicos, de desconexión en medio de la fatiga. Disfrutar la vida como un niño tanto en un día normal como cuando pueda escaparme a algún lugar a desconectar de lo cotidiano.

Jesús quiere que descanse. Me lleva al lugar solitario de mi corazón para que me apoye en Él. Sólo quiere eso.

Yo no quiero que me pase lo que decía el Padre Kentenich: “Cuando alguien se contenta con una determinada forma como lugar donde instalarse y descansar, eso quiere decir que el espíritu ha desaparecido”[2].

No quiero que el lugar de mi descanso me evada de mi misión. Me saque de la entrega. Apague la llama del Espíritu en mi vida. Quiero mantener encendido el celo por Jesús allí donde me encuentre. Descanse o trabaje.

[1]Kentenich Reader Tomo 2: Estudiar al Fundador, Peter Locher, Jonathan Niehaus

[2] Kentenich Reader Tomo 2: Estudiar al Fundador de Peter Locher, Jonathan Niehaus

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descansovacaciones
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