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Lo que esconde la final del Mundial: Francia y Croacia

WORLD CUP TROPHY
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Muchas son las lecturas que se pueden hacer de este histórico partido

Finalmente no fue Francia-Inglaterra –un duelo en el que las connotaciones históricas estaban a la orden del día—la final del Mundial de Rusia. La sorpresiva y aguerrida Croacia (en la que todos son oriundos del país, encabezados por Modric, Rakitic, Kovacic, Suvasic o Mandzukic) se enfrenta hoy a un equipo francés multiétnico, multirracial (en cuya alineación se incluye a cinco hijos de inmigrantes: Pogba, Mbappé, Umtiti, Tolisso y Kante).

Muchas son las lecturas que se pueden hacer de este histórico partido. Una de ellas es la presencia del modesto y casi desconocido entrenador croata Zlatko Dalic (Livno, actual territorio de Bosnia, 1967), frente al campeón en 1998 y mundialmente reconocido jugador-entrenador de la selección francesa, el vasco Didier Deschamps “Dede” (Bayona, 1968). Éste es entrenador de Francia desde 2012 y su contrato ha sido extendido hasta el 2020, mientras que Dalic apenas fue elegido para las eliminatorias el año pasado y su contrato estaba pendiente de que calificara al Mundial.

Al entrenador galo le persigue una leyenda de ganador inveterado, “tanto es así que hablar de la ‘estrella de la suerte’ de Didier Deschamps se ha convertido en un lugar común. Un destino dorado y un corazón azul…”, escribía al respecto Arnaud Bevilacqua en el periódico católico *La Croix*. Por su parte, Dalic, como entrenador no tiene una trayectoria de primer nivel, habiendo entrenado en su país, Albania y Arabia Saudí. Sin embargo, asegura que “su secreto” es la humildad y la constancia, que provienen de su profunda fe católica. “Todo lo que he realizado en mi vida y en mi carrera profesional se lo debo a mi fe y estoy agradecido a mi querido Dios”, sentenció en una entrevista que concedió a la radio católica croata Hrvatski Katolicki.

Mientras que en Deschamps es famoso por su ecuanimidad y su mano de hierro –no dudó nunca en separar a la estrella del Real Madrid, Karim Benzema, por estar involucrado en un chantaje de presuntos videos sexuales—así como por su vocación triunfadora (Antoine Griezmann, la gran carta francesa que actualmente juega en el Atlético de Madrid, lo ha comparado con su entrenador argentino, Diego “el Cholo” Simeone, por su perfil ganador); el “arma secreta” de Dalic es el Rosario: “Siempre llevo uno conmigo y cuando siento que estoy pasando por un momento difícil pongo mi mano en el bolsillo, me aferro a él y luego todo es más fácil”.

El enfrentamiento entre Francia y Croacia es fascinante por otras múltiples razones. Por ejemplo, los presidente de ambos países: Emmanuel Macron y Kolinda Grabar-Kitarovic. Macron (Amiens, 1977) es un fulgurante político y filósofo que desde el 14 de mayo de 2017 es el vigesimoquinto presidente de la República Francesa, copríncipe de Andorra y gran maestre de la Legión de Honor, mientras que Grabar-Kitarovic (Rijeka, 1968), tiene una larga carrera diplomática y es, desde enero de 2015, la primera mujer presidenta de esa jovencísima República, surgida en 1992 de la llamada guerra de los Balcanes. Ambos son católicos, pero Macron gobierna a un país que es la quinta economía del mundo y tiene 68 millones de habitantes, Grabar-Kitarovic gobierna a la economía mundial número 79 con una población de, apenas. 4.3 millones de habitantes.

Otro aspecto interesante de este encuentro es que Francia es el equipo de los “Banlieues”, es decir, el equipo de los suburbios de los barrios marginales del extrarradio de las grandes ciudades, con gran concentración de inmigrantes extra europeos (ya lo había sido en 1998, cuando le ganó la final en París a Brasil, con jugadores emblemáticos como Zinedine Zidane o Thierry Henry), mientras que los croatas son uniformes en cuanto a su procedencia étnica (los apellidos los delatan).

Y algo más: Luka Modric (Zadar, 1985, 1.72 mts.) –el astro del Real Madrid y capitán de la selección croata—, quien ha sido el que más ha corrido y jugado en el Mundial de Rusia (604 minutos, 63 kilómetros), terminando el Mundial podría ir a la cárcel por falso testimonio en un juicio que involucraba corrupción en su traspaso al equipo inglés Tottenham en 2008; en tanto que Kylian Mbappé (Bondy, 1998, 1.78 mts.) la joya francesa de 19 años, es el futbolista más fresco de los habituales titulares (444 minutos, 43 kilómetros) al terminar la competencia será una de las cartas más fuertes para integrarse al Real Madrid, en ausencia de Cristiano Ronaldo (que llegó a la Juventus de Turín con el contrato más alto de la historia, algo inimaginable para alguien como, por ejemplo, Pelé).

Finalmente, aunque podríamos extender las diferencias casi hasta el infinito, Croacia es el país más pequeño desde Uruguay –en 1930 y 1950– en avanzar a la final de un Mundial y solo ha jugado en la Copa de como nación independiente desde 1998 (cuando perdió en las semifinales ante Francia), Francia ha participado en 14 ocasiones. Si gana en esta ocasión, Didier Deschamps será el tercer hombre –junto con el brasileño Mario “Lobo” Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer—en ganar un título mundial como jugador (en 1998) y como entrenador. A Dalic le espera un destino más halagador, eso sí, que entrenar a un equipo albanés. Aunque él ha dicho en voz alta que, por sobre todo, prefiere estar con su familia y poder rezar, tranquilamente su Rosario.

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