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África: por qué prosigue el fenómeno migratorio

© MARCOS MORENO / AFP
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La Civiltà Cattolica sigue defendiendo el derecho a inmigrar

Para los católicos, los retos son retos, no problemas. Y la inmigración es uno de los más llamativos de los últimos tiempos. En Europa, la inmigración africana no cesa, y el drama del Mediterráneo es un recuerdo incesante a una situación que prosigue.

Desde la revista La Civiltà Cattolica, el jesuita Wilfred Sumani, sugiere ver con otros ojos la inmigración africana: como una esperanza para Europa.

Una Europa más hospitalaria, por una parte, y una África más capaz de formar, invertir y potenciar sus recursos. Es la propuesta de Sumani, que en Migrantes africanos: ¿dónde rehacer la propia casa? afirma que “África es el «continente de la esperanza», una esperanza que se ve en los ojos de los hombres y mujeres, en su gran mayoría jóvenes, que llegan a Europa. Una esperanza que, si encuentra la posibilidad de ser aceptada, aprovechada y acompañada adecuadamente junto a la comunidad que los acoge, “puede ser una gran aportación para la Europa que envejece”.

África acoge el 80% de sus migrantes

Por otra parte, dentro de la misma África, aunque se sigue dando acogida al ochenta por ciento de sus migrantes, a los que provienen de otras zonas del continente no siempre se les brinda aquella hospitalidad que representa uno de los rasgos distintivos de la ética ubuntu (que significa «humanidad», «benevolencia recíproca»). Lo demuestra, por ejemplo, la reciente oleada de ataques xenófobos que estallaron en Sudáfrica.

Migrar es un fenómeno ancestral: desde siempre las personas se trasladaban de una zona a otra en busca de alimento, de agua o de seguridad, recuerda el jesuita.

Cuando las cosas van mal, los africanos tienden a regresar a la tierra ancestral, donde realizan ritos tendentes a restaurar la armonía y el bienestar. Dejar la propia tierra de origen implica el corte de los vínculos fundamentales con los antepasados, y tal separación puede determinar un desequilibrio psicológico.

Este es el motivo por el cual muchas sociedades africanas insisten en la repatriación de los cuerpos de amigos y parientes, para que el difunto pueda reposar en casa en lugar de vagar para siempre por el aire.

La experiencia de los israelitas muestra que la comunidad más estabilizada también se pone en búsqueda de una casa alternativa si las condiciones de vida se han tornado insoportables en el lugar que hasta ese momento había llamado «casa».

Buscar un lugar que merezca el nombre de “casa”

Las personas que dejaron Europa y se marcharon a las Américas se desarraigaron de sus propias tierras ancestrales para buscar un lugar que mereciera más el nombre de «casa».

Las migraciones de personas dentro y fuera de África son el resultado del fracaso de las comunidades africanas —y, sobre todo, de sus líderes— en hacer de los países africanos una casa para la gente.

Del mismo modo, Adán y Eva hicieron de todo por destruir la «casa» cuando violaron el pacto y comieron el fruto prohibido.

También Caín, al matar a su hermano, destruyó una casa y se condenó a vagar eternamente por la tierra.

Migraciones africanas, ¿por qué?

Las migraciones se ven alimentadas en África por:

• Conflictos y violencias nuevas y sin resolver
• Corrupción y violación de los derechos humanos
• Destrucción de los ecosistemas y catástrofes naturales
• Sequía y desertificación
• Imposición de modelos de vida y de cultura
• Crecimiento de fenómenos de integrismo
• Falta de seguridad

La paradoja es que los migrantes africanos pagan miles de dólares a los traficantes ilegales para viajar por mar hacia Europa, un dinero que, si permaneciera en el continente, se podría invertir en sectores como, por ejemplo, el de la producción de energía renovable y el de alimentos.

La solución se encuentra en la propia África, sugiere el autor jesuita: “Los miles de millones de dólares que, según se dice, se han vertido en África a lo largo de decenios, habrían tenido de verdad una incidencia relevante si se hubiesen empleado para la construcción de infraestructuras a largo plazo”.

“Una cosa es donar computadoras a una escuela pobre en África y otra enseñar a los niños a montar computadoras, sobre todo teniendo en cuenta que la mayor parte de las materias primas se encuentra, justamente, en África. Una cosa es comprar bombas de agua para una comunidad rural y otra enseñar a los hijos e hijas de África a fabricarlas”.

África se ha quedado detenida en la invención de los utensilios manuales, como las azadas y las hachas, mientras que el resto del mundo continúa lanzando nuevas herramientas al mercado. Aprender de nuevo el arte de fabricar herramientas es indispensable para la reconstrucción de la casa africana.

El artículo de la Civiltà Cattolica, dirigida por Antonio Spadaro SJ, insiste en la necesidad que África plante las propias semillas de su futuro para lograr una autonomía y riqueza propias, independientes de las inversiones extranjeras.

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