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Coco y Moana podrían llevar un epílogo del Papa Francisco

COCO
Walt Disney Studios
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Reflexionar con tus hijos sobre el mensaje del Papa Francisco viendo dos películas de Disney

Uno de los grandes aciertos de Coco, la última creación de Pixar y Disney, es el nombre. Coco podría haber sido Miguel, pero imaginemos la marca traducida a otros idiomas como Michael, o Michel. Coco es Coco en todo el mundo, a diferencia de Moana que fue traducida a Vaiana en algunos países.

Coco, la más latinoamericana de todas las producciones de Disney en mucho tiempo, lleva el nombre de la bisabuela del niño Miguel. Mamá Coco es la gran protagonista involuntaria, es la mujer que espera y contempla, es casi un mueble en la familia, de los respetados eso sí, pero inmóvil roble. Coco observa como su hija, la abuelita de Miguel, lidera la familia con ímpetu, inspirando y también imponiendo, por ejemplo, cuándo sería el momento de Miguel de incorporarse al negocio familiar. Pero Coco simplemente escucha, mira, está. Se guarda una última lección para su hija.

Coco es contemplativa como la abuela Tala en Moana, la anterior película de la factoría del ratón. Tala conserva las tradiciones más antiguas de la Isla de Motu Nui, y parece no tener ojos más que para el océano y su encuentro con el cielo en el horizonte. A sus espaldas, como las de Coco, la gente baila y vive en aparente fidelidad a las tradiciones. Pero Coco y Tala saben que hay algo más que el baile y el color, casi danzados por inercia. Saben que lo han enseñado a sus hijos, pero ellos han ido adaptando la historia a sus contextos y ellas parecen haber perdido poder de decisión.

En Moana, la llave para la supervivencia del pueblo está en volver sobre las primeras raíces y la única que parece recordar el cómo es Tala. En Coco, no está en riesgo el pan de la familia. Pero mientras hay una verdad familiar que permanece oculta algo más grave se erige: la posibilidad del olvido y la imposibilidad de vivir en paz aún tras la muerte. Coco, como Tala en Moana, es la llave para desandar el nudo familiar, el nudo social.

MOANA
Walt Disney Studios

Quienes se animan a advertir que hay sinrazones en los adultos son los niños Miguel y Moana, quienes buscan en sus abuelos sabiduría que no encuentran en sus antecesores inmediatos. Sienten en el corazón, y también con la razón, que el cuadro, tal como se los pintan, es incompleto.

“Las palabras de los abuelos tienen algo especial para los jóvenes. Y ellos lo saben. Las palabras que mi abuela me entregó por escrito el día de mi ordenación sacerdotal aún las llevo conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo y me hace bien”, dijo alguna vez el Papa Francisco, quien también afirmó en otra ocasión que los abuelos y en especial las abuelas “tantas veces han tenido un papel heroico en la transmisión de la fe en tiempos de persecución. Cuando papá y mamá no estaban en casa o tenían ideas extrañas, que les enseñaba la política de aquel tiempo, fueron las abuelas quienes transmitieron la fe”.

“Los ancianos tienen la sabiduría. A ellos se les ha confiado transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad, de un pueblo”, asegura también el Papa en unas de sus múltiples referencias a las generaciones que si conservamos, porque a veces desechamos, poco escuchamos. Son palabras que bien pueden ser el epílogo de una sesión de cine con nuestros hijos viendo Coco y Moana. Eso sí, después de verlas y repasar juntos las lecciones del Papa Francisco, a visitar a los abuelos y pasar un buen rato con ellos.

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