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Las familias peruanas y su drama un año después de la tragedia del Niño

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Cuando el agua puede arrasar vidas

Arrasada así quedó Barbablanca, poblado de Callahuanca, provincia de Huarochirí en la ciudad de Lima. Un alud cubrió las viviendas de más de 120 pobladores en esta zona. Sin embargo a un año de esta tragedia los peruanos no olvidan la fortaleza de Evangelina Chamorro, aquella mujer que emergió del lodo y las piedras luego de ser arrastrada más de 600 metros por un huaico en Punta Hermosa, balneario ubicado al sur de la ciudad capital.

Aquella noche las víctimas tomaron las zonas altas del centro poblado de Purunhuasy. Y es que el fenómeno de El Niño costero dejó bajo el lodo casas, chacras, negocios y muchos sueños truncos. Aquellos sueños que mantuvieron con vida a la mujer que emergió de las aguas, Evangelina.

Muy lejos de recobrar su brillo, se encuentra por estos días Barbablanca. El poblado antes de aquel 16 de marzo de 2017 estaba constituido por 250 habitantes. Sus cosechas de chirimoya y palta se encuentran olvidadas, semienterradas por el lodo.

Un pueblo que se mantiene por la esperanza

En esas circunstancias Evangelina pensaba todo el tiempo en sus hijos y en los buenos momentos que pasó en familia. La mujer peruana hoy vive para contarlo. Mientras que a un año de la tragedia se mantienen las huellas del alud, gruesas costras de tierra, viviendas destruidas o sumergidas y abundante maleza que también cubre sus recuerdos.

Con la esperanza de que las personas regresen a habitar el lugar el gobierno regional evaluó la zona, lugar que luego del estudio ha sido calificado como habitable. Hasta el momento se han destruido 41 viviendas, mientras que otras viven en casas de madera prefabricadas.

La lluvia empieza a caer siempre por las tardes los 20 pobladores que aún permanecen se refugian en sus carpas y módulos donados donde viven hasta el momento. El centro educativo de la zona y el establecimiento principal de salud se encuentran afectados. Sin embargo sus pobladores viven con la esperanza de poder levantar nuevamente sus viviendas en el lugar.

Preservar la casa común

En las últimas semanas los desprendimientos de tierra y los huaicos han sorprendido a la población en la sierra de Lima. En las redes sociales se viralizó el trágico momento de una mujer que no mide las consecuencias al esperar un alud que interrumpió el transporte en Huancarani, en un tramo de la carretera de la región Cusco.

Se trata de Santusa Nina Huallta quien murió sepultada por el alud de lodo y piedras que trajo consigo este derrumbe.  Las imágenes fueron captadas en un video dónde se percibe a la mujer con los brazos arriba como tratando de tomar algunas fotos del momento con su celular. El video se viralizó en las redes sociales

Nunca podremos medir la intensidad de la fuerza de un desastre natural Francisco nos advierte sobre los impactos que estos desastres pueden suscitar sobre todo en los países en desarrollo quienes están propensos a vivir en áreas ambientalmente vulnerables

Por lo pronto las familias afectadas piden se dispongan módulos de vivienda “No nos olviden”, manifestó a la prensa peruana una de las damnificadas de Barbablanca Yanina Mamani, quien vive en una casa de madera. A veces no podemos medir la fuerza de la naturaleza pero si podemos preservar la casa común. Francisco nos invita a disminuir las emisiones de dióxido de carbono para disminuir las secuelas del cambio climático.

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