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¿Superación personal o búsqueda compulsiva de la perfección?

SUCCESS
Rachaphak - Shutterstock
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Aprende a detectar el síndrome del perfeccionista

¿Existe el mundo perfecto, la pareja perfecta, el trabajo perfecto? Casi todo el mundo tiene clara la respuesta: rotundamente no. Sin embargo, es bastante frecuente que nos desgastemos buscando algo que racionalmente sabemos que no existe.

La idea de perfección se transmite desde que eres pequeño “hazlo mejor, sé qué puedo esperar mucho más de ti”, “no te conformes con ser mediocre”. Con ella, profesores y padres pretenden que te esfuerces, que desarrolles al máximo tu potencial, que hagas un trabajo de calidad.

La intención, por supuesto, es buena, y a muchos niños les sirve, en términos generales, para motivarse en la superación personal, a otros les refuerza el afán competitivo de ganar a otros y ser el primero o el mejor, y los hay para quienes se convierte en una losa que les asfixia durante la niñez y adolescencia, convirtiéndose en “el objetivo” que se marcan en todas las áreas de su vida adulta: ser perfecto.

Es difícil reconocer que buscas la perfección, porque el auténtico perfeccionista intenta relativizar el leitmotiv de su vida, y desde luego, no lo considera un problema hasta que alguien no se lo señala o acumula unos niveles significativos de ansiedad y/o depresión. Se disfraza con aquello de “no soy perfeccionista, simplemente me gustan las cosas bien hechas”; “no es para tanto, sólo cumplo con mi obligación”.

El síndrome del perfeccionismo

Veamos algunas de las características que mejor definen a alguien con tendencia a buscar la perfección de manera egocéntrica y que podría desarrollar incluso patologías comportamentales:

  • Excesivo autocontrol de lo que sientes y haces: Evalúas, una y otra vez, tus sentimientos y conductas, y no te permites expresar tus emociones de manera espontánea, pues estás muy pendiente de si es correcto, pertinente o prudente mostrarte “alegre, triste o enfadado” en un determinado momento.
  •  Rigidez e inseguridad en la toma de decisiones: Porque buscas la certeza total en la mejor toma de decisión consumiendo mucho tiempo y energía en la evaluación de cada alternativa. No te permites fallar.
  • Pensamiento dicotómico: Piensas en términos de todo o nada. En tu mente, las cosas son buenas o malas, perfectas o imperfectas; y además, lo malo o imperfecto lo consideras como algo catastrófico u horrible
  • Alto sentido del deber y la disciplina: Sueles planear todos y cada uno de los pasos que hay que dar cuando te marcas un objetivo, esforzándote lo máximo posible e invirtiendo mucho tiempo, por lo que tienes grandes dificultades para poder tener varios objetivos abiertos a la vez.
  • Incapacidad para delegar o pedir ayuda: Siempre percibes en la actuación de los otros inconvenientes o grandes faltas porque en realidad piensas que sólo tú haces las cosas como realmente hay que hacerlas.

Los perfeccionistas suelen tener altos niveles de ansiedad que les provocan sufrimiento. Es un rasgo que se asocia con falta de seguridad y confianza.

Este perfeccionismo patológico es difícil de identificar como tal porque suele confundirse como un benévolo exceso de responsabilidad. El cuestionamiento llega cuando empieza a tener problemas de salud, señales de su cuerpo que le avisan de que ya no puede más, de que está forzando la máquina más allá de lo razonable y paradójicamente comienza a rendir menos de lo que deseaba.

¿Qué se esconde tras la búsqueda de la perfección?

En muchas personas existen importantes ideales personales, profesionales, sociales, éticos, que más que guiar como un faro -como sería deseable- a la persona, se “incrustan” en la propia personalidad haciendo de tapón, constriñendo u ocultando otros aspectos de la propia personalidad de los que nada queremos saber; a menudo estos aspectos tan ocultos suelen aparecer causando sufrimiento psicológico, dado que aunque nos empeñemos en ocultarlos hasta lo más hondo de nuestra mente, no desaparecen.

La perfección, el perfeccionismo y la idealización pueden tener que ver con estructuras mentales rígidas.

El ritmo de vida actual demanda cada vez más prisa, más eficacia y más resultados. La rutina se convierte en una carrera de fondo donde conjugar velocidad y aciertos es cada vez más complicado. Falta tiempo para todo y la perfección parece convertirse en una meta a la que debemos llegar, cueste lo que cueste.

Sin embargo y aunque suene a paradoja, la perfección no siempre es perfecta, pues en muchas ocasiones puede implicar muchos más inconvenientes que ventajas para nuestra salud física y mental.

El perfeccionismo está muy relacionado con una falta de confianza y seguridad. Por lo que, en extremo, suele dar lugar a a comportamientos demasiados rígidos o controladores.

Sienten una gran presión que les produce mucho sufrimiento: nunca están conformes con el resultado de sus acciones y rechazan cualquier error o imperfección, relacionándolo con una falta de valía personal.

Evidentemente todo esto conlleva implicaciones negativas a nivel físico y emocional, con consecuencias laborales, sociales, familiares  personales.

La sana búsqueda de la perfección

Por otra parte, la búsqueda sana de la perfección, de la superación personal, es algo que hecho con un cierto equilibrio tiene su parte positiva y necesaria. La petición evangélica que recordamos en Mateo 5,48: : “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” nada tiene que ver con el egocentrismo exasperado de quien busca la perfección como finalidad centrada en si misma.

Tender a un modelo de perfección y buscarlo durante toda la vida es un sano estimulo cuando lo centramos como un medio para mejorar nuestra vida y la de las personas con las cuales nos relacionamos.

La misma perfección se logra aprendiendo de los errores y todos los seres humanos tienen derecho a equivocarse pues es el modo como se hace experiencia en la vida y se aprende a madurar y mejorar en todos los aspectos.

El problema no es la búsqueda de la perfección en sí, sino la motivación que nos lleva a buscar la perfección. Buscar la perfección puede ser un ideal muy positivo cuando se hace con una dimensión de apertura a los demás, por el bien personal y de los demás, y con una dimensión espiritual que nos proyecta dando un sentido a todo lo que hacemos sin limitarlo a nosotros mismos. 

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