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Las 4 As: Pautas eficaces para conciliar trabajo y familia

WORK
Shutterstock-Diego Cervo
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Una profesora universitaria propone claves para aplicar en las circunstancias personales.

Afirma Victor Küppers que la actitud lo es todo a la hora de plantearse cómo enfocamos la vida. Sin duda: al levantarnos por la mañana nos asomamos a la ventana y, si llueve torrencialmente, uno tiene dos opciones: a) volver a la cama; b) pensar cómo organizará el día y dónde tiene el paraguas, las botas de agua y la gabardina.

Lógicamente, entre una y otra postura hay una escala de grises.

En el caso de la conciliación entre el trabajo y la familia, ocurre algo similar:

Opción a) Considerar que la familia y el trabajo son dos enemigos que tiran de mi chaqueta cada uno en sentido contrario. Solo me queda luchar para no morir en el intento.

Opción b) La familia y el trabajo son dos dones que me ha dado la vida. Son un regalo que no todo el mundo posee. Si dispongo de ellos, lo primero que debo hacer es dar gracias. Lo segundo, debo integrar uno en otro. Eso es un arte y requiere poner cabeza, corazón y los cinco sentidos.

¿Conciliar trabajo y familia? Espléndido. Pero, ¿y si además trato de integrarlos? Mejor.

Porque si vamos al diccionario de la RAE, dice que conciliar es “hacer compatibles dos cosas”, que ya de por sí es un éxito pero… se queda a medio camino si estoy hablando de algo que tiene que ver con la felicidad.

Integrar, en cambio, es “constituir un todo”. Eso sí me habla de plenitud, que es a lo que todos aspiramos.

FAMILY
Rawpixel.com - Shutterstock

Es difícil, pero no imposible. Para orientarnos mejor en torno a la conciliación (a la integración) del trabajo y la familia en nuestras vidas, pueden ayudarnos cuatro pautas que propone la profesora universitaria Rosalía Baena: anticipar, asumir, aprender y amar. 

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Shutterstock

Anticipar

Explica Baena en un artículo que, en cuanto a anticiparnos, “con suficiente antelación, podremos colocar primero las grandes piedras, las importantes, para que cada tarea tenga su sitio y pueda caber todo. Asimismo, para anticipar, hemos de tener clara la prioridad de los quehaceres“.

En el caso de un cristiano, podría resumirse la jerarquía en: Dios, los demás y yo, según la investigadora.

La anticipación es positiva para encajar bien los imprevistos de la jornada, porque si hay un plan trazado es más fácil “ser flexibles y encajar[los]“.

La profesora considera que en este punto vale la pena aplicar a la gestión del hogar el modelo de gestión que funciona en las empresas: “fijarse metas, estrategias, precedencias, cometidos que se puedan delegar y que hay que comunicar con tiempo. Si nuestra familia es el negocio más importante, debemos dar cada paso con organización. Dejarlo todo en manos de la espontaneidad, no asegura la paz ni el orden que se necesita en la convivencia”.

Shutterstock

Asumir

No todos los años ni todas las temporadas son iguales en una familia, pero Baena señala como especial el momento en que se necesita trabajar duro y al mismo tiempo la casa exige mucho.

Para esos momentos, recomienda “estar desprendidos de la tendencia al perfeccionismo y a las manías personales”. 

Shutterstock / Juriah Mosin

Aprender

También ayuda ver las cosas con perspectiva y darse cuenta de que “no estamos solos ni somos los únicos” -recuerda esta autora- en el empeño de conciliar, con lo cual podemos aprender en cursos de orientación familiar o del ejemplo que nos den algunos familiares o amigos.

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Debra McClinton / Getty Images

El secreto, en cualquier caso, pasa por “gestionar bien nuestro recurso más escaso: el tiempo”.

Y ofrece distintos trucos:

  •  “Haz lo que debes y está en lo que haces.
  • Fijar un tiempo para el trabajo profesional. Marcar los límites del tiempo de trabajo nos ayudará a proteger el de la familia. “El tiempo para estar con los hijos y el cónyuge debería resultar sagrado”, dice Baena.
  • Enemigos de la conciliación son, según la profesora del IESE Nuria Chinchilla: “…una falta de organización personal, confusión de las prioridades, escasa delegación en los colaboradores, exceso de optimismo al apreciar las propias habilidades y potencial de trabajo, pretensión de abarcar un campo de actividad demasiado amplio, poca puntualidad y control del horario, dilación o precipitación en las decisiones importantes…”.
FATHER
Shutterstock-Monkey Business Images

Amar

  • Tiempo de calidad. “Una sana vida de familia requiere tanto cantidad de tiempo como calidad en el tiempo”, subraya.
  • Fijar tiempos de reflexión. Cuanto más abundantes son las diversas tareas que tenemos que realizar, resulta más necesario hacer “parones” durante el día, para pensar cómo organizarlas mejor. La investigadora añade que para un cristiano, “estos tiempos de reflexión son tiempos de oración”.
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