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Día de la Raza: ¿Cuál?

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La pregunta que se plantea cada vez que llega la celebración del Día de la Hispanidad

En Estados Unidos es quizá donde más se usa el término “hispano” pero no solo para señalar a quien hable español. De hecho, muchos hispanos nacidos en estados Unidos, no hablan su lengua materna. Los brasileros son hispanos y hablan portugués. En Latinoamérica, vastos grupos se comunican en lenguas o dialectos indígenas y son tan hispanos como cualquier otro. El asunto va más allá del idioma. Mucho más allá.

La otra cara de la moneda es un sesgo discriminatorio que nunca ha abandonado las capas más profundas de la sociedad norteamericana. No obstante, con los recientes problemas que plantea el resurgimiento de aquellos atávicos fantasmas del racismo -especialmente contra los inmigrantes- hoy bajo el disonante concepto de “supremacía blanca”, el tema de los hispanos se ha convertido en debate sobre diversos escenarios. Y cada vez que se acerca un “Día de la Raza”, surge la pregunta: ¿qué raza? ¿La española, la indígena, la mestiza o la americana?

Lo llaman también Día de la Hispanidad y hasta se ha instaurado en el norte, orgullosamente, el Mes de la Herencia Hispana. Por estos lados del mundo no tenemos, por cierto, que hablar de hispanidad como si se tratara de cosa aparte pues todos lo somos. Hispanos y a mucha honra. Cultivamos el buen español, compartimos costumbres y gustos, no tenemos problema con los que llegan, nos sentimos cómodos con la que nos enseñan a querer como la “Madre Patria” desde las aulas escolares y nos parece que las nuestras son las tradiciones más ricas.

No somos, pues, una raza sino un grupo étnico, descendientes genéticos y culturales de una mezcla entre españoles e indígenas. Somos, simplemente, americanos. Pero, en estas costas, también hay un tufillo discriminatorio cuando se rebautiza la fecha como “Día de la Resistencia Indígena”, como ha ocurrido en Venezuela. Podríamos, igualmente, preguntar: cuál resistencia? Aquella que se produjo durante la conquista por parte de forasteros que llegaron cruzando el océano hace más de 500 anos o la que nuestros indígenas hoy, abandonados y paupérrimos, sin la menor asistencia por parte del Estado, deben mantener para sobrevivir?

Probablemente, en cualquier país de América hay más indígenas que en Venezuela. Debe haber unos 37 pueblos y 500 mil personas pertenecientes a esas étnias. No obstante, no parecen tener para el Estado dignidad alguna aunque invariablemente se les utiliza en campañas electorales y son víctimas de promesas incumplidas porque su fuerza social y política no es significativa. Han llegado a tener algún representante en el parlamento pero eso no ha mejorado para nada las penurias que los pueblos indígenas deben soportar. Cada “Día de la Resistencia Indígena”, por sus mentes debe pasar la misma pregunta: cuál resistencia?

Sus problemas son ancestrales, los mismos: carecen de tierras y de preparación para sacarles provecho; mantienen una economía de subsistencia; su escasa preparación cultural les impide optar a empleos bien remunerados en caso de ingresar en la comunidad nacional; fuera de sus comunidades autóctonas y viven aislados y alejados, en regiones selváticas e inaccesibles.

No es extraño, entonces, que se les vea deambular apesadumbrados y harapientos por calles y avenidas de las ciudades pidiendo limosna o algo para comer. Las madres con sus hijos, generalmente de aspecto enfermizo, cargados a la espalda. Es el espectáculo que debemos presenciar continuamente, una estampa dolorosa que formula, de nuevo, la gran pregunta: contra qué o contra quiénes resisten nuestros indígenas? Qué sentido tienen cambiar el nombre al Día de la Raza ante este panorama? Más valdría atender las necesidades sociales de estas sufridas étnias. Ellos transparentan toda la demagogia, el descuido y la indiferencia en que transcurren las vidas de estos seres humanos.

La Iglesia Católica a través de sus vicarías y órdenes religiosas diseminadas por todo el intricado territorio indígena es desde siempre, bien lejos de cualquier otra asistencia, la que se ha ocupado de llevar atención y un poco de dignidad a esos pueblos. Conviven y resisten con ellos. Les dan salud, educación, acompañamiento y cariño. Con razón, el destacado columnista venezolano Juan Antonio Muller, escribió ayer en la prensa local: “La Hispanidad, legítimo orgullo…ninguna locura política o ideológica podrá restar grandeza al 12 de octubre de 1492… Hernán Cortés, Francisco Pizarro y Diego de Almagro con sus victorias militares, la Iglesia evangelizadora y humanizadora en defensa de los indígenas y la acción de Virreyes y Capitanes Generales sentando las bases de una perdurable convivencia social, fueron los ejecutores de esta magna obra que hoy se llama Hispanoamérica extendida desde el Río Bravo hasta la Patagonia”…”

Y es que la Hispanidad nos muestra cuan importantes son la unidad en la diversidad, la fraternidad sobre la esclavitud, el mestizaje sobre el racismo y la trasmisión de lenguas y culturas por generaciones gracias al trabajo paciente de escribidores, relatores e historiadores del bando colonizador.

Es así como hoy, siglos después, el aporte de los hispanos a los “anglos” es de antología. Desde el símbolo del dólar, pasando por el pavo que engalana las mesas el sagrado “Día de Acción de Gracias”, los caballos y los cow boys que les llegaron de México hasta el béisbol, son algunas de las herencias hispanas que hoy los norteamericanos han hecho suyas.

Lo cierto es que cuando Cristóbal Colón llegó a América el 12 de octubre de 1492, comenzó una aventura que fusionó el alma del Nuevo Continente con el espíritu del Viejo que dio origen a una robusta y poderosa amalgama conocida como Hispanidad.-

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