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Dios y Las Vegas

David Becker | GettyImages North America | AFP
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Reflexión sobre el mal recordando la última de las masacres multitudinarias en Estados Unidos

“Como muchos de ustedes, me desperté la semana pasada en la fiesta de los Ángeles Guardianes con la noticia de otro tiroteo en masa en Estados Unidos, esta vez en Las Vegas”.

Así comienza la reflexión que hace en la plataforma Ángelus el arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez sobre la última de las masacres multitudinarias en Estados Unidos, con 58 muertos y medio millar largo de heridos.

Según señala el arzobispo de Los Ángeles, “Las Vegas nos recuerda de nuevo que el mal es real y que nuestras vidas son vulnerables. Apreciamos otra vez lo que San Pablo quiso decir: Cuando uno de nosotros sufre, todos sufrimos”.

La Iglesia católica de Estados Unidos ha orado por las víctimas, por todos aquellos que están atrapados por la violencia; se comprometió a sanar las heridas emocionales de la gente, a construir la paz y a generar una cultura de protección a la dignidad humana…

“Pero escuchando nuestra conversación nacional en los días desde Las Vegas, me parece que, cada vez más, todo lo que acabo de decir tiene menos y menos sentido. Ya no tenemos el vocabulario para pensar y responder a los eventos de esta manera”, dice el purpurado estadounidense.

Más adelante señala que en los medios de comunicación han proliferado los debates sobre la posibilidad o no de hablar del “mal” en Las Vegas, y la idea de orar, que propone la Iglesia católica, por esta tragedia “provoca escepticismo y, de nuevo, ira”.

El mundo secular

En varios ensayos periodísticos y chats de Internet se puede leer esta frase que cada día se va volviendo más popular después de los eventos terribles como el del 1 de octubre en Las Vegas: “Por favor, no más pensamientos y oraciones. En su lugar, haz algo”. La sociedad secular actual ha sacado a Dios y a la religión de cualquier referencia o explicación de los actos como el de Stephen Paddock.

En una sociedad secular, el único lenguaje que tiene sentido es el lenguaje político y tecnológico. Queremos establecer causas y encontrar soluciones. ¿Quién es responsable y por qué sucedió esto? ¿Qué necesitamos arreglar para que este tipo de cosas no suceda en el futuro?”, ironiza en su reflexión monseñor Gómez.

Desde luego –apunta en su reflexión el también vicepresidente de los obispos estadounidenses—hay que tomar medidas para evitar este tipo de acontecimientos y sanar la enfermedad que lleva a muchos a entretenerse, en su casa, mirando matar y destruir a otras personas.

Pero, por lo demás, insiste el arzobispo Gómez en la parte central de su reflexión en Ángelus, “los desafíos de nuestra sociedad no son sólo técnicos y políticos: también son espirituales”. Hay que enfrentar la mentalidad secular que permite que la conciencia de Dios se desvanezca y que todo sea fruto del azar.

“Como cristianos, necesitamos dar testimonio de la realidad de la Providencia divina: que nuestro Dios es el Señor de la historia, que en su presencia amorosa está trabajando en los acontecimientos de nuestro mundo y en los acontecimientos de nuestras vidas y que no hay nada que está más allá de sus planes y propósitos amorosos”, escribe monseñor Gómez.

Finalmente subraya que Dios permite el mal, pero no lo causa y no lo quiere. “Él es nuestro Padre y su amor es más fuerte que la muerte. Sacará el bien de todo mal”, recuerda el arzobispo Gómez.

“Nunca sabremos por qué Dios permite que se ahorren algunas vidas y se tomen otras. Sólo sabemos que tiene un plan de amor para cada persona”, termina diciendo en su editorial de Ángelus.

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