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Venezuela y la salud: Última prioridad

Federico Parra - AFP
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En el país sudamericano hay que posponer enfermarse hasta el año 2018

El sector farmacéutico venezolano anuncia una caída del 90% en la asignación de divisas para medicinas. Recordemos que en Venezuela hay control de cambio y las divisas no circulan libres sino otorgadas por el gobierno de manera discrecional. Hemos perdido la cuenta de las personas fallecidas.

Cada quien tiene un familiar, amigo cercano o conocido que ya no está con nosotros por no haber dispuesto del medicamento que requirió por no existir la dotación necesaria de medicinas en el país. Sin importar a qué sector social pertenezcan, como se trata de insumos de los que depende la vida y no pueden esperar por encargos al exterior, su falta está llenando las listas de muertes por no tener al alcance el fármaco a la hora de necesitarlo.

En el año 2014, el sistema que controla la entrega de divisas dispuso de 575 millones de dólares para la industria farmacéutica; este año sólo ha recibido 6,68 millones de dólares para adquirir los insumos y materia prima que la industria privada utiliza para fabricar los fármacos, los cuales deben ser adquiridos en el exterior. La Cámara Venezolana de la Industria Farmacéutica detalla que este año las empresas no han recibido ni el 10% de lo que les fue adjudicado en 2016.

Y hay que “posponer” enfermarse hasta el 2018, pues han anunciado que no se proveerá de reactivos a los laboratorios hasta entonces.

Las cifras son impresionantes: una persona que deba consumir diariamente pastillas para la tensión debe pagar 56 mil bolívares por una caja de apenas 14 pastillas. Es propicio recordar aquí, que el sueldo regular apenas pasa de 300 mil bolívares.  Quienes sufren de diabetes, la caja de 60 pastillas llega a 94 mil bolívares. Los pensionados de Seguro Social, que reciben poco más de 100 mil bolívares al mes se preguntan: “quién puede pagar eso? “.

En cuanto a las pastillas para la próstata, de consumo diario, se debe pagar Bs 150 mil por sólo 8 pastillas. La razón está en que los laboratorios deben adquirir los insumos a dólar libre y los pacientes tienen que pagar cada vez más dinero para comprar los medicamentos.

Los niños llevan la peor parte. Hoy se da cuenta de cómo la inflación “arropa” a los bebés.  Traer un niño al mundo se ha convertido en un acto de amor insigne y mantenerlo, una proeza. El costo de un tetero –leche- se estima en Bs 110.000.Llevar en una pañalera los elementos básicos para salir con el pequeño implica gastar 285.267 bolívares, casi el monto del sueldo integral de 325.544 bolívares. Los expectorantes, que hace apenas un mes se conseguían en Bs 8 mil, hoy hay que desembolsar Bs 17 mil.

Es cierto que eso es menos que un dólar, pero ocurre que el ingreso mensual de esa persona es de Bs 177.507 entre la pensión de vejez y el famoso “bono de guerra económica”, que el gobierno asigna para sortear la emergencia de una supuesta agresión contra Venezuela. El resultado es que esa persona tendría que destinar más del 60% de lo que recibe al mes solo para adquirir medicinas para la tensión, la diabetes, la próstata y otras urgencias cotidianas.

No se consiguen, ni por casualidad, antidepresivos, psicotrópicos, antialérgicos o protectores gástricos. Ni siquiera lágrimas artificiales. Eso ofrece una idea del dramatismo de la situación que se vive en Venezuela.

Cuando sabemos que el petróleo venezolano subió a 50 dólares por barril y conocemos los exorbitantes gastos en armamento y pertrechos policiales, uno se pregunta si no podemos hacer nuestra la sentencia lapidaria del papa Francisco este fin de semana en la Piazza Maggiore de Bolonia :  “Robamos-a los más débiles que tanta necesidad tienen…en la raíz de la crisis hay una traición al bien común”.

En Cesena celebró un encuentro con los ciudadanos en la Piazza del Popolo donde, aprovechando el simbolismo de encontrarse en una plaza pública y su papel social en las comunidades, produjo una reflexión sobre la política y el gobierno. Justamente allí proclamó “la necesidad, para la vida de la comunidad, de la buena política; no de la que sirve a las ambiciones individuales o a la prepotencia de facciones o centros de interés”.

Aleccionador para todos quienes ejercen funciones públicas de liderazgo y toma de decisiones.

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