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Holanda vence al nacionalismo populista y xenófobo

DANIEL REINHARDT - DPA
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Estas elecciones eran como un test europeo

El pueblo holandés ha sido el primer pueblo europeo importante en tener unas elecciones generales legislativas que tenían y tienen una notable repercusión en toda Europa. Eran como un test europeo: ¿los países europeos son capaces de vencer al nacionalismo populista y xenófobo? Esta era la cuestión.

Holanda, los Países Bajos, ha votado a favor de los partidos democráticos y ha dado la llave del gobierno, por tercera vez consecutiva, al actual presidente Mark Rutte, del partido liberal (VVD). El partido de Rutte ha conseguido 31 escaños de los 150 que tiene el parlamento holandés, si bien ha perdido 10 escaños a causa de los recortes económicos que hizo durante la crisis.  Esta victoria ha sido posible gracias a la masiva participación de los electores (82 por 100, 8 puntos más que en 2012) y al voto útil.

El gran derrotado ha sido el partido antimusulmán y xenófobo o Partido de la Libertad, liderado por Geert Wilders, que a pesar de ganar cinco escaños –unos cuantos menos de lo que decían las encuestas–se quedó en 20 diputados y segundo partido. El objetivo era quedar primero y ganar a Rutte. No lo ha conseguido.

Por ello las cancillerías europeas se han visto aliviadas sobre todo pensando en las elecciones siguientes de Francia (abril y mayo, dos vueltas, donde la ultranacionalista Marine Le Pen va por delante en las encuestas) y Alemania (septiembre) donde preocupa el ascenso de la extrema derecha neo-nazi.

Dos partidos fuertemente ganadores en Holanda han sido la Democracia Cristiana (CDA) que ha conseguido 19 diputados (seis más) y el liberal progresista y europeísta Demócratas’66 que pasa a tener 19 diputados también (siete más).

El gran perdedor ha sido el partido socialdemócrata que gobernaba con el liberal que ha pasado de 38 a 9 diputados, perdiendo 19. Después quedan otros diez partidos menores en este variopinto parlamento holandés, producto del sistema electoral que es completamente proporcional. Ha quedado fuera del parlamento el Partido de los Piratas.

¿Quién puede formar gobierno? Para formar gobierno se necesitan sumar 76 escaños, y requerirá una negociación amplia, que Mark Rutte deberá abrir a cinco o seis partidos. En efecto el presidente con 31 escaños está lejos de alcanzar los 76, y necesitará del partido Democristiano (19), el liberal progresista D’66 (19) más algún partido menor. Este gobierno tiene dos objetivos prioritarios: la crisis con Turquía y cerrar definitivamente la puerta al nacionalismo xenófobo.

De todas formas es evidente que el cuadro que presenta el parlamento holandés es  decididamente europeísta.

Muchos se preguntan por qué ha anidado el populismo entre los holandeses cuando es un país con una renta per cápita de 40.000 euros, con unos servicios sociales que están en la elite de países más desarrollados del mundo, y cuando una tolerancia general preside –o presidía– el comportamiento social de los ciudadanos.

Por el otro lado, es un gran país exportador, la quinta economía de Europa a pesar de tener solo 16 millones de habitantes, y abierto al mundo por mar y aire, con un superávit comercial del orden del 10 por ciento de su PIB. Además alberga en su territorio numerosas e importantes compañías multinacionales, así como el mayor puerto europeo, Rotterdam. Holanda es también un país con una historia y una cultura riquísimas. Hasta fue un imperio extendido en África, Asia y América.

A pesar de ser un país cristiano en una buena parte de su población, Holanda es el país que tiene las leyes de la familia y de la moral personal más tolerantes -aunque no sin problemas- como las de la eutanasia, los matrimonios homosexuales, la liberalización del consumo de determinadas drogas, etc.

Con todo esto, ¿cómo es que proliferan los populismos? Los holandeses siempre han estado orgullosos de su país y nación, aunque su pragmatismo le ha llevado a buscar alianzas con otros países vecinos y más grandes para alcanzar una masa crítica en aras a su seguridad y a su economía.

La globalización general registrada en los últimos decenios ha hecho perder parte de las esencias nacionales, lo que sumado a la inmigración, especialmente de los países árabes, ha causado malestar. El terrorismo yihadista europeo ha hecho que algunos de los habitantes de estos  países se encerraran en sí mismos, al tiempo que la globalización no ha afectado de modo positivo a todo el mundo perjudicando a las clases medias y a los jóvenes. Al existir una moneda única, el euro, en muchos países de la Unión Europea, la crisis económica solo ha sido posible a través de una “devaluación” directa de los salarios y de las prestaciones sociales públicas. Todo esto ha sido un caldo de cultivo del populismo en los países europeos.

En estos momentos se vive la mayor crisis de la Unión Europea desde su fundación. Los estados no han sido capaces de ceder soberanía en las épocas de abundancia –como llegar a una armonización fiscal, la seguridad, la política exterior, la unión bancaria, etc. — y el euro en lugar de ser la solución ha sido un problema al encorsetar las economías nacionales de la eurozona.

La alegría por el resultado de las elecciones holandesas en Europa es porque se ha demostrado que el populismo y la xenofobia pueden derrotarse en las urnas. Pero esa alegría no es total porque el virus sigue ahí. La Rusia de Putin apoya a los xenófobos y antieuropeístas, a la extrema derecha y la extrema izquierda. Igual que Trump. La Unión Europea molesta a sus planes. Por eso la victoria holandesa de Europa supone ganar una batalla, pero no la guerra.

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