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Por San Valentín, ¿cómo mostrarle que le amo?

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Festejar una relación amorosa es también una ocasión para renovarla

“Amar es más bien una oportunidad, un motivo sublime, que se ofrece a cada individuo para madurar y llegar a ser algo en sí mismo; para volverse mundo, todo un mundo, por amor a otro. Es una gran exigencia, un reto, una demanda ambiciosa, que se le presenta y le requiere; algo que lo elige y lo llama para cumplir con un amplio y trascendental cometido”. Debemos estas palabras a Rainer Maria Rilke, pero también a esta parte de nosotros que las entienden como verdaderas, esenciales y estimulantes.

Amar es descubrirse

La vida, con tus creencias, tus temores, tus dudas, tus fallos, no te permite siempre ser y mostrarte como eres realmente. Es algo que se consigue con el tiempo, y las posibilidades para hacerlo están siempre ahí para envolverte. Convertirse en uno mismo para la persona amada es una manera de amarla ofreciéndole un ser que se quiere entero, coherente y auténtico, y no una figura de circunstancia, una máscara o incluso aquello que el otro desearía que fueras.

Algunos pueden tener también dudas sobre su relación, sobre sus sentimientos, que cuestionan el impulso inicial hacia una persona. Quizás uno no se siente valorado o no se siente realmente natural en el seno de la relación. Estas emociones podrán pasar o no. En cualquier caso, sirven para poner fin a la relación o para replantearse cuestiones necesarias. Así que es bueno regresar al amor para ajustarnos a él y no pedirle que se ajuste a nosotros.

“Yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra” (Salmos 139:14-15). Esta visión de Dios en sí es una de las bases de la manera en la que se debe entender y considerar al otro, y también cómo debe mostrarse uno. Los dos sentidos de la palabra ‘descubrir’ tienen la misma importancia: quedar expuesto, mostrarse y buscar al otro y a uno mismo.

A imagen de una estatua de Auguste Rodin admirada por turistas japoneses que, para observarla, la rocían de destellos de cámaras durante unos segundos antes de marcharse a otro lugar; una persona amada tiene necesidad también de dedicar cierto tiempo para verla de verdad.

¿Lo mejor es el enemigo de lo bueno? ¡Sed sencillos!

A fuerza de preguntarse uno demasiado qué complacerá al otro, qué convertirá la noche prevista en algo único, se corre el riesgo de que los detalles cobren más importancia que la intención. Lo que da valor a los acontecimientos es la manera que tenemos de estar presentes y de vivirlos plenamente.

El auténtico amor es una elección y, así pues, no se limita al sentimiento y al deseo. El amor es lo que expreso cuando he comprendido el valor de una persona. De hecho, aquello que valoramos también lo amamos y sentimos necesidad de cuidarlo. ¿Cómo demostrarlo?

A nuestro juicio, el valor de una persona se mide por lo que somos capaces de invertir o de gastar en ella. El precio que estoy dispuesto a pagar para cuidar y conservar una persona en mi vida está en función del valor que le otorgo. Si un hombre o una mujer dicen amarse el uno al otro, él o ella han de ser capaces de abandonar a otras potenciales personas para dedicarse el uno al otro y ser fieles; capaces de entregarse mutuamente y de dar valor al otro.

Así pues, se trata de estar plenamente en el otro, con el cuerpo y con el corazón. ¡El bien de una única persona es algo tan grande! Ya seáis una pareja amorosa después de muchos años o después de poco tiempo, preocuparse y cuidar del otro es labor diaria.

No hay necesidad de ofrecer ni de prometer el oro y el moro, lo esencial es mucho más simple. Un lunar o un mechón de pelo cuyo encanto se te había escapado hasta ahora, una nueva sensación al tacto de la piel, una mirada sincera, un oído atento y paciente, un masaje esmerado, una palabra de aliento… La lista es larga cuando buscamos lo que los sentidos pueden ofrecer para exteriorizar el amor. Permiten reinventarse, invitar a la imaginación a sublimar lo real, ampliar la capacidad de amar y renovar una relación.

Sea cual sea vuestra elección para celebrar vuestra relación amorosa, la medida está en cuánto te cuesta, cuánto esfuerzo te supone, cuánto debes tomar de ti para entregarlo al otro, desde tu tiempo hasta tu presencia. No es difícil, es simple.

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