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Fuego o agua, ¿qué eliges?

Jonathan Emmanuel Flores Tarello-CC
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A veces sólo puedo escoger la forma de mirar cuando las circunstancias me vienen impuestas

Dios me habla de mi libertad para elegir: “Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida”. Y me invita a optar entre la vida o la muerte. Entre el fuego y el agua.

Elijo. Escojo. La libertad siempre toca cuerdas de mi alma. Son deseos muy hondos. Creo que está inscrita profundamente en mí. Dios me regaló esa libertad que me hace feliz. Aunque a veces me juegue malas pasadas.

Me hace tener la vida en mis manos y no dejar que la vida me viva. Yo hago. Aquí y ahora. Yo escojo una forma de vivir.

A veces sólo puedo escoger la forma de mirar cuando las circunstancias me vienen impuestas. Pero la elección de cómo lo vivo es mía. Eso no me lo quita nadie. No me lo impone nadie. Mi mundo interior es mío. En ese mundo Dios deja su huella. En mi roca.

Jesús me pide que escoja la vida. Yo escojo amar, no sólo cumplir. Elijo dejarme el alma en los caminos, no protegerme y guardarme. Elijo el mar, y dejo la orilla. Escojo vivir con Jesús, a su lado, ya no estoy solo. Y escojo dejar mis redes y confiar en Él. Elijo mirar las estrellas y no quedarme triste mirando el suelo. Quiero vivir, no sobrevivir.

Un día leí que para navegar no hace falta hombres que sepan construir naves, sino hombres que sueñen con el mar. ¿Cuáles son mis sueños? ¿Cuál es la elección que tengo ante mis ojos? De mí depende dejar grabada mi vida en la roca.

Puedo elegir un camino u otro. Puedo mirar de una forma o de otra. Escojo llevar la cruz que me toca con alegría, con esperanza. Soy libre.

¿Qué escojo hoy? Merece la pena vivir a fondo mi vida. Amar con todo lo que implica de miedo, de riesgo, de temblor. Con gratuidad, sin escatimar, sin guardarme. Así también es el amor de Dios. Un amor gratuito que se me da a cambio de nada. Un amor incondicional.

Tengo delante la vida y la muerte. El agua y el fuego. El suelo y las estrellas. Lo elijo a Él, a Cristo, libremente. Lo escojo de nuevo. Aquí y ahora. En su roca. En mi roca. Con las mismas palabras. Pase lo que pase. Escojo vivir según su vida. Escojo la luz y la vida.

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