Aleteia

Esta historia sobre el marido que “no ayuda a su esposa” es la mejor clase de compañerismo que leerás

Comparte
Comenta

El cambio real de nuestra sociedad comienza en nuestras casas, enseñemos a nuestros hijos e hijas

¿El marido tiene que ayudar a su esposa en las tareas de la casa?

Ya hemos publicado alguna vez sobre personas que están cambiando algunos tabús respecto a algunos temas considerados “cosas de mujer” o “cosas de hombres”.

Una vez, una mamá puso a su hijo a lavar los platos después de que él le dijera que eso “era cosa de mujeres” y que el hombre no tenía obligación de hacer trabajos domésticos.

Sí, este tema aún es debatido, pues desgraciadamente estas luchas aún no han sido ganadas y, por eso, millones de mujeres hacen doble jornada dividiendo su tiempo entre el trabajo y las tareas de la casa.

Aún son minoría los hombres que tienen conciencia de que tienen las mismas tareas de casa que las mujeres. Cuando eso sucede, no es poco común que sean considerados ‘excelentes maridos’ ya que ‘ayudan a sus mujeres en casa’.

Y un post de la página “Oi, eu sinto” trata precisamente de eso, al contar una conversación entre dos amigos, muestra la lección que uno de ellos da cuando el otro comenta sobre no ‘ayudar’ a su esposa porque ella no muestra gratitud por su esfuerzo.

Lee el texto completo:

“Yo no ayudo a mi esposa

Un amigo vino a mi casa a tomar café, nos sentamos y conversamos, hablamos sobre la vida. En un momento determinado de la charla, yo dije: “Voy a lavar los platos y vuelvo en un instante”.

Él me miró como si le hubiera dicho que iba a construir un cohete espacial. Entonces me dijo, con admiración pero un poco perplejo: “Qué bien que ayudes a tu mujer, yo no ayudo porque cuando lo hago mi mujer no lo elogia. Incluso la semana pasada lavé el piso y ni un gracias”.

Me volví a sentar y le expliqué que yo no “ayudo” a mi mujer. En realidad, mi mujer no necesita de ayuda, ella tiene necesidad de un compañero. Yo soy un socio en la casa y a causa de esa sociedad las tareas son divididas, pero no se trata ciertamente de una “ayuda” con las tareas domésticas.

Yo no ayudo a mi mujer a limpiar la casa porque yo también vivo aquí y es necesario que yo también la limpie.

Yo no ayudo a mi mujer a cocinar porque yo también quiero comer y es necesario que yo también cocine.

Yo no ayudo a mi mujer a lavar los platos después de comer porque yo también uso esos platos.

Yo no ayudo a mi mujer con los hijos porque ellos también son mis hijos y es mi papel ser padre.

Yo no ayudo a mi mujer a lavar, extender o doblar la ropa, porque la ropa también es mía y de mis hijos.

Yo no soy una gran ayuda en casa, yo soy parte de la casa. Y respecto a elogiar, le pregunté a mi amigo cuándo había sido la última vez que, después de que su mujer terminara de limpiar la casa, ocuparse de la ropa, cambiar sábanas, bañar a sus hijos, cocinar, organizar, etc., él le dijo, gracias. Pero un gracias del tipo: ¡Guau, querida! ¡Eres fantástica!

¿Esto te parece absurdo? ¿Te está pareciendo extraño? Cuando tú, una vez en la vida, limpiaste el piso, esperabas como mínimo un premio de excelencia con mucha gloria… ¿Por qué? ¿No has pensado en eso, amigo?

Tal vez porque para ti, la cultura machista te ha mostrado que todo es tarea de ella.

¿Tal vez porque te han enseñado que todo eso debe ser hecho sin que tengas que mover un dedo? Entonces elógiala como querías tú ser elogiado, de la misma forma, con la misma intensidad. Echa una mano, compórtate como un verdadero compañero, no como un huésped que sólo viene a comer, dormir, bañarse y satisfacer las necesidades sexuales… Siéntete en casa. En tu casa.

El cambio real de nuestra sociedad comienza en nuestras casas, enseñemos a nuestros hijos e hijas el sentido real del compañerismo”.

La publicación ya tiene más de 200 me gusta, 200 mil comparticiones y miles de comentarios.

Por Razões para Acreditar

Newsletter
Recibe Aleteia cada día